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El Caso Rajoy: no gobernar nunca y estar siempre en el Gobierno

La vida política de Mariano y su biografía misma se caracterizan por preferir el estar al ser. Estar ahí siempre sin ser nunca nada.

Mariano Rajoy, este viernes, durante su visita a Valladolid. | EFE

Lo de Mariano Rajoy ya no es sólo un problema político sino un caso psicoanalítico. Este viernes en Valladolid, cinco semanas después de insistir en que iba a intentar ser investido a toda costa, para luego tomarle el pelo al Rey y decir que no, que pasaba pero se quedaba esperando que otro fracasara, se presentó ante su grey con un aspecto que daba grima: afónico, griposo y gripado, con la corbata ladeada, despelunchado, tan mal teñido como siempre. Parecía un homeless, un sintecho de la política, aunque en realidad es el único bajo techado -monclovita- en una España abandonada a la intemperie.

El auditorio, a juego con el orador, parecía un redil de la Mesta con un mastín siberiano a cargo del aplausómetro, que marcaba el momento de arrancar y parar. El presidente en funciones de seguir en funciones, por tiempo indefinido, dijo que sólo hay tres posibilidades de desbloquear la situación actual: un Gobierno presidido por él, que con sólo 122 diputados necesita el apoyo de Ciudadanos y el PSOE, que sabe que nunca tendrá, un Gobierno de PSODEMOS –gran hallazgo somaliano- o nuevas elecciones.

Pero hay una cuarta posibilidad que Rajoy, pese a proclamar con pomposa mendacidad que "democracia es aceptar lo que dice la gente", no acepta: un Gobierno con 130 escaños y dos millones de votos más que el suyo, formado por PSOE y Ciudadanos, al que el PP no debe ni apoyar, le basta abstenerse y adiós PSODEMOS. Lo que pasa es que Rajoy prefiere a Podemos como alternativa, esperando que Iglesias quiera también ir a las urnas para hundir al PSOE mientras él hunde -o eso cree- a Ciudadanos. Ese es el gran designio patriótico rajoyano: volar el centro político y forzarnos al guerracivilismo.

¿Qué está dispuesto a sacrificar Rajoy?

Ayer, María Dolores de Cospedal hacía este dramático llamamiento a los socialistas: "Están en juego millones de puestos de trabajo y el futuro de varias décadas y de varias generaciones de españoles". Es muy posible. Pero, siendo tan grave el peligro que acarrearía un Gobierno PSODEMOS, ¿qué está dispuesto a hacer el PP para evitarlo? ¿Sólo pedírselo al PSOE? ¿Esas llamadas de Cospedal a la "altura de miras", el "sentido del Estado" y la "responsabilidad institucional", valen para los demás y no para el PP, que se niega a sacrificar el liderazgo de un Rajoy incapaz de pactar nada?

Yo no dudo de la ceguera egoísta del PSOE ni del peligro que para la Libertad y España representaría un Gobierno con presencia de Podemos. Pero cuando en Madrid se planteó ese mismo problema, Esperanza Aguirre no dudó en ofrecer sus votos al PSOE para evitar que Carmena y la banda de antisemitas iraníes y asaltacapillas bolivarianos se hicieran con el Ayuntamiento de la capital de España. ¿No puede Rajoy hacer lo mismo, tras confesarse incapaz de lograr los apoyos necesarios para la investidura?

Un liderazgo distinto al suyo podría desbloquear la situación. No sabemos si podría conseguirse sin Rajoy lo que él mismo y Cospedal dicen que es absolutamente necesario para la prosperidad y supervivencia de la Nación, pero ¿no vale la pena intentarlo? ¿No hay en Ciudadanos y parte del PSOE predisposición favorable al pacto con un PP sin Rajoy? ¿Tan poco le importa al PP la ruina de varias generaciones de españoles? ¿Qué clase de político, ser humano o vicemonstruo es éste que pide a los demás que se sacrifiquen cuando es incapaz de sacrificar absolutamente nada?

Estar sin ser y flotar sin nadar

El lector me excusará si vuelvo al largo ensayo Los años perdidos de Rajoy, primera parte del libro que con ese título publiqué antes de las elecciones del 20D, porque mi tesis sobre la extraña personalidad del Presidente del Gobierno en funciones -y del PP en defunciones- se está confirmando de forma rigurosa; peor aún: corregida y aumentada. Lo que en él sostengo es que la vida política de Mariano y su biografía misma se caracterizan por preferir el estar al ser. Y que ese estar ahí siempre sin ser nunca nada le llevó a alcanzar el Poder en el PP y en el Gobierno. Aznar lo eligió porque su forma de vadear el agua política era la de flotar, no la de nadar, que aparentemente no molesta a nadie. Pero llegado el momento de dejar ese Poder logrado con tan poco esfuerzo, Rajoy se niega en redondo.

Insisto en que Rajoy tomó el pelo al Rey y a España entera al decir durante un mes que tenía todo el derecho a intentar la investidura, un mes en el que ni siquiera llamó a Rivera, y cuando llegó el momento, salió con que no tenía votos pero que seguiría intentándolo. El presidente se aseguró así seguir en el cargo por tiempo indefinido, ya que así no corre el plazo de dos meses para ir a nuevas elecciones, que exige al menos una votación de investidura. Y si Sánchez lo imita en su actitud desertora y le dice el miércoles al Rey que esperará a que Rajoy intente formar Gobierno, este vacío de Poder se eternizará.

¡Vacío y Poder! ¡Qué más quiere Rajoy! La máxima aspiración del percebe aferrado a la roca monclovita no es la de gobernar, que supondría ser y hacer algo, sino simplemente la de estar en la Presidencia, sin otra tarea que la de ver pasar el tiempo y volver a intentar, muy probablemente, seguir en las mismas y sin haber dejado el cargo. Lo que Rajoy quiere no es presidir un Gobierno sino estar en la Presidencia, en ese vacío de su no-ser que para él es el tao, el camino, la iluminación, la felicidad de sepultarnos a todos en una inmovilidad tontamente absoluta, en el aguachirle de la nada.

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