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Ya sólo nos faltaba esto: que un Gobierno antiliberal, antidemocrático y antinacional censurase la utilización del himno nacional por la mayor concentración de españoles que se ha visto nunca en la capital de España. Ni cabe mayor envilecimiento ni era imaginable hace apenas dos años que un representante del partido en el Gobierno pudiera llegar tan lejos en la afrenta y caer tan bajo en el ejercicio del Poder. Diego López Garrido, cuya única razón verosímil para ocupar el cargo de portavoz o portacoz parlamentario socialista es que echemos en falta a Rubalcaba, ha tenido la cara dura de decir que el PP "ha querido quedarse con la lucha contra el terrorismo, luego con la bandera y ahora con el himno". Por desgracia, no tanto como debería en los tres casos.
Pero que un partido y un Gobierno que se arrastran ante la ETA desde hace un año, sin muertos y con muertos, en lo parlamentario, en lo fiscal, en lo político y en lo judicial pretenda una especie de primogenitura sin hermanos, es decir, un monopolio vacante en la lucha antiterrorista es algo más que un sarcasmo. En la jerga retroprogre podríamos decir que una sarcasma.
Que un partido que en una reciente manifestación de apoyo a la política de claudicación del Gobierno ante la ETA no sacó una sola bandera nacional a la calle –salvo que se considere tal a la tricolor de la Segunda República, que cualquier tonticrófono (o sea, tonto con micrófono) debería llamar "preconstitucional"– se atreva a censurar que en una manifestación convocada por el Foro Ermua, dirigido por socialistas de toda la vida, no como el veterocomunista López Garrido, y a la que acudió millón y medio de personas, decenas de miles de ellas lo hicieran portando la bandera nacional, va más allá del sarcasmo y la sarcasma para hundirse en la injuria a los ciudadanos que le pagamos el sueldo a este distinguido diputado inútil, que estaba mejor de culiparlante que de portavoz de nada.
Que un partido y un Gobierno, en fin, que se negaron a ir a esa manifestación en defensa de la nación española y sus libertades, que han insultado a sus convocantes y a sus manifestantes, que han manipulado en sus televisiones lo que allí pasó y cómo pasó, se atrevan a censurar que se toque el himno nacional al terminar la más emotiva y masiva concentración que hayan tenido lugar contra el terrorismo y la negociación con la ETA es una auténtica provocación, un insulto, una injuria, una befa y una mofa a todos los que física o moralmente estuvimos allí. Contra el terrorismo, con nuestra bandera y con nuestro himno, abandonados por un Gobierno, este, cada vez más abonado a la Traición.
Pues no, López Garrido, no. Los políticos que en tus tiempos comunistas hubieras llamado "vendepatrias" no tienen legitimidad para criticar que la gente oiga con respeto y emoción el himno nacional. Y si tuvieran algún argumento legal, que no lo creo, habría que arrumbarlo, derogarlo y aplastarlo por ofender al pueblo español. El himno es de la Nación, no de la Traición. Los que tan cobardemente han renunciado a defender la Nación y la Constitución no tienen derecho a criticar a quienes las rescatan del fango y les rinden el culto cívico que merecen. Desde ahora, todos los actos públicos en defensa de las libertades y contra el terrorismo deberían concluir con el himno nacional. ¿Qué les molesta a los malos? Señal de que es buenísimo para los buenos. "¿Quién puso el himno?", pregunta la Traición. "Fuenteovejuna", responde la Nación.

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