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Real Madrid

Florentino o la formidable ambición madridista

La dimisión de Florentino Pérez, sin duda el mejor presidente que ha tenido el Real Madrid tras Bernabéu, era previsible y es comprensible tanto desde el punto de vista humano como deportivo. En lo que a fútbol se refiere, el Madrid está fuera de la Copa del Rey, prácticamente eliminado de la Copa de Europa y tan lejos de ganar la Liga como pueda estarlo a estas alturas. Sería la tercera temporada sin títulos. Pero este equipo capaz de rozar lo sublime, como en el reciente 4-0 al Zaragoza, es también capaz de hundirse en el abismo y hozar en el más absoluto de los ridículos, como ocurrió en el comienzo de su Gotterdammerung tras otra derrota copera ante el Zaragoza, la del 2004. Estar en el palco durante los próximos meses, con un vestuario hecho pedazos, un entrenador espiritado, un público impaciente y una directiva con media docena de aspirantes a su sillón sería un calvario. Es natural que se lo evite. Si no ve una solución clara para enderezar el rumbo del equipo, o si la tiene pero ve difícil transmitirla a la hinchada y a los jugadores, lo mejor es irse antes de sufrir pañoladas cada quince días, como le pasó a otro gran presidente, el barcelonista Núñez, por no saber irse a tiempo.
 
No es fácil enderezar el rumbo del Madrid, que hace ya tres años –ese fue el error del Presidente– debió acometer una renovación radical; aunque, si lo hubiera hecho, los mismos que ahora aplaudirán la marcha de Florentino hubieran censurado el desmantelamiento del proyecto galáctico. En todo caso, es justo y puede ser benéfico para la entidad que alguien con nuevas ideas, nuevos proyectos, un nuevo equipo y una ilusión renovada se haga cargo del club más importante del mundo. Es curiosísimo el paralelismo de Aznar y Florentino, que tras un paso brillantísimo por la Presidencia de lo suyo quizás sólo han acertado dimitiendo. La crisis madridista coincide con la crisis del PP. Será casualidad, pero así ha sido. Hay que esperar que el sucesor de Florentino no lo persiga tan miserable y sañudamente como el de Aznar al Presidente anterior.
 
Florentino deja también una hacienda saneadísima después de una trayectoria en ese terreno que es la envidia de cualquier institución deportiva y no sólo deportiva. El Real Madrid es ahora el club más rico del mundo, y, sin embargo, como una consultora no puede sustituir a una delantera, el conseguidor de esta fortuna recobrada del Madrid debe irse y se va. Sic transit gloria mundi. Pero Florentino ha convertido de nuevo al Madrid en la referencia futbolística universal que había dejado de ser desde Bernabéu. Florentino ha tenido la ambición que debe siempre caracterizar a este club. Y si como Faetón o Ícaro ha perecido por volar demasiado cerca del Sol, la estrella de las estrellas, ¿quién podrá reprocharle el vuelo? Hemos visto en estos años el mejor fútbol del mundo en el Bernabéu. El Real Madrid se ha convertido en el equipo de medio mundo gracias a sus estrellas. Quizás sin tanto brillo mediático hubiera sido más fácil evitar la opacidad  deportiva. O tal vez no. Nunca lo sabremos. Lo que sí esperamos es que su sucesor en la Presidencia no sea otro Zapatero. Dos ruinas así en España no las soportaría la Nación.

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