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La autoría intelectual del terrorismo

No puede sorprender a nadie el intento de asesinato de los dos periodistas de El País y Antena 3 TV, contra los que ETA había colocado una bomba que debía estallar al abrir la puerta para llevar a su hijo a la guardería. Desde el asesinato de José Luis López de la Calle, pasando por todos los periodistas que viven de milagro tras haber recibido cartas bomba, más los que aparecen en las listas de la "Oveja Negra" de Pepe Rei, contra cuyo rebaño no ha actuado que sepamos el Fiscal General del Estado, amén de los que han aparecido en diversas listas de los comandos de la banda detenidos, está claro que los periodistas españoles se han convertido en practicantes de uno de los deportes de riesgo más peligrosos del mundo: contar lo que hace el nacionalismo terrorista y cómo lo respalda el resto del nacionalismo.

También en Colombia, en Argelia y en muchos países del Africa Negra padecen una situación semejante pero aún peor. No hay, con todo, un país europeo u occidental, ni siquiera la Rusia de Putin, donde ser periodista decente conlleve tan grave peligro de muerte.

Entre los cómplices de esa situación ocupan un lugar de honor los izquierdistas profesionales de medios supuestamente prestigiosos como la BBC que tratan como héroes a los etarras y otros como el "Financial Times" que con sus informaciones tendenciosas asumen como propias las justificaciones del terrorismo del PNV para fastidiar al Gobierno del PP y probablemente para chantajearlo en busca de alguna prebenda audiovisiual.

Pero si el señalamiento de las víctimas está en las publicaciones que aprovisionan informativamente a la banda, la autoría intelectual del terrorismo contra los periodistas está muy repartida: por lo menos los tres partidos que en su día eligieron al Gobierno de Ibarreche, hoy ilegítimo, tienen el mismo derecho a reclamarla. Y en especial el PNV. Arzallus lleva años hablando de la "Brunete mediática" contra el nacionalismo, amén de denunciar en sus homilías satánicas del Deia, con nombres y apellidos, a los periodistas "enemigos del pueblo vasco", que son, naturalmente, todos los que critican a Arzallus.

Garaicoechea no se queda atrás y habla de "linchamiento y de cruzada mediática contra el nacionalismo". Oliveri incluye en el saco de la "cruzada" a quienes critican que no se cumpla la Ley en las Ikastolas y Anasagasti en el Congreso declaró anteayer que se ha declarado contra todo el nacionalismo vasco "una cruzada casi de exterminio". Todos ellos utilizan la táctica nazi de anunciar "Polonia invade Alemania" para, basados en esa mentira, proceder de verdad el asesinato masivo de polacos.

El único exterminio, sin "casi", es el de los periodistas que se atreven a criticar el todo o la parte del nacionalismo vasco en general y del etarra en particular, tanto a los nacionalistas más terroristas como a los menos terroristas pero acaso más nacionalistas que los jalean. Mucho hablar de Pepe Rei pero seguramente no hay ni uno de los periodistas asesinados o que han corrido y corren ese peligro que no haya sido antes denunciado, satanizado, estigmatizado, por usar fórmulas que les son caras, por Arzallus, Garaicoechea y sus secuaces.

Que Balza, presunto defensor de la vida y hacienda de todos los vascos, proteste contra este doble asesinato milagrosamente fallido sólo se explica por un motivo: éste domingo Arzallus denunciará a otros periodistas enemigos del "pueblo vasco" y Balza sólo tiene ante eso dos caminos: detenerlo o disimular. Como él -al igual que todos los nacionalistas que dedican su vida a satanizar todo lo español, desde el idioma a las personas pasando por la Historia- participa a menudo de ese linchamiento mediático, no va a tirar piedras sobre su tejado. Pero que nos ahorre sus atipladas condenas. Sabemos que son hipócritas y por eso mismo resultan nauseabundas.

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