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Columna publicada el 19-03-2003
Una tradición cumplidamente secular del PSOE cuando está lejos o no advierte un acceso inminente al Poder es la de identificarse con la extrema izquierda, echarse al monte y convertirse en fuerza antisistema frente a los gobiernos de derechas. Frente a Maura como frente a Aznar, con Largo Caballero o con Zapatero, diríase que para el socialismo español no hay nunca diferencia entre Gobierno y régimen: si están en el Gobierno hacen suyo el régimen, hasta apropiárselo, pero si están fuera del poder se consideran fuera del régimen y no distinguen entre Gobierno y estado a la hora de atacarlo. Esa castiza tendencia extremista que, del brazo de Llamazares, reverdece ahora Rodríguez Zapatero tuvo su apogeo en lo que Besteiro bautizó como la “bolchevización del PSOE”, que llevó a su partido al golpe de Estado contra la República en 1934 y la deriva totalitaria del Frente Popular en 1936, tanto antes como después del 18 de Julio.
Besteiro y sus seguidores (como Gabriel Mario de Coca en “Anticaballero”) culpó a Largo y Prieto de buscar conscientemente la Guerra Civil en 1934 y en 1936 como vía para implantar una revolución de signo totalitario y bolchevique, corriendo el riesgo de perder la guerra y hundir a la nación después de haberse cargado la República. Los hechos dieron puntualmente la razón a Besteiro, pero una de las características del PSOE, compartida con los Borbones según el dicho popular, es que ni aprende ni olvida. El PSOE nunca ha pedido perdón a España por llevarla a la guerra civil y tampoco se ha arrepentido de su extremismo oportunista, que reitera una y otra vez cuando el poder parece escapársele o tardar en acercársele. La democracia que trajeron los franquistas (con la oposición de un PSOE rupturista) le ha brindado en el último cuarto de siglo ocasión sobrada de curarse de esa tentación totalitaria que parece anidar en su origen ideológico marxista. Ha estado más tiempo en el poder que en la oposición, pero nadie lo diría.
Hoy, el PSOE está en línea con las fuerzas de la extrema izquierda parlamentaria y el discurso de Zapatero ha pasado en sólo un año del consenso con el PP en la lucha contra el terrorismo y el separatismo, de la comprensión de la economía de mercado y del consenso occidental en materia de política exterior a las movilizaciones callejeras contra Bush y Aznar, así como al respaldo a Maragall y a Odón Elorza en su política de pacto incondicional con el nacionalismo y contra el PP. La “bolchevización” de Zapatero es un hecho. Que sea un episodio más en la historia de su partido o una tragedia más en la política española sólo el tiempo lo dirá. Pero, de momento, el tiempo no puede estar más revuelto.

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