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La serpiente sale del huevo

El huevo de la serpiente ha sido calentado cuando era lombriz por los medios de comunicación controlados por el PP.

Pablo Iglesias y Alberto Garzón celebrando el pacto | Flickr/Podemos/Dani Gago

El pasado 10 de Mayo se produjo en la política española un cambio tan radical, una desbandada tan súbita, una crisis institucional de un alcance que, en algunos aspectos, hacía recordar el 14 de Abril de 1931, cuando la huida del Rey, la inhibición de los partidos conservadores y el paso del PSOE a las turbulentas filas de la revolución consiguió que España, que se había acostado monárquica, se levantara republicana. Medio PSOE se ha pasado a Podemos. Y aún no ha vuelto.

Recordemos que aquellas elecciones municipales de 1931 ratificaron una mayoría monárquica aplastante en el conjunto de España, pero el golpe de mano de republicanos y socialistas en las grandes ciudades, la huída del rey, la desmoralización de la clase política conservadora y la inhibición de Sanjurjo al frente de la Guardia Civil, convirtieron una victoria municipal en un funeral de Estado. Fue el fin de la monarquía parlamentaria que en medio siglo –excepto los siete años de la dictadura de Primo de Rivera- llevó a España del abismo sangriento de las tres guerras civiles entre liberales y carlistas a la primacía del poder civil, a un sistema de partidos turnantes, a la democratización del voto -caciquil, como en toda Europa- y a ir asentando derechos como el de las mujeres a ser elegidas y luego a elegir, que, conviene recordarlo, se empezó a ejercer en la Dictadura de Primo.

Intelectuales y patriotas desnortados

Aquella dictadura, militar pero típicamente regeneracionista, que cancelaba frívolamente el régimen fundado por Cánovas en 1874, se entendía como un paréntesis para acabar con la guerra de África –hecho conseguido con el desembarco de Alhucemas-, con la corrupción de los partidos políticos –que abocó fatalmente a la creación del Partido Único de la Unión Patriótica-, y un plan de grandes obras públicas que rendía tributo a la moda socialista y fascista de la época, pero que sin duda supuso enormes avances modernizadores por vía estatal. Algo, por cierto, no muy distinto de lo que había pasado en todo el XIX.

La dictadura fue una herramienta populista que, a diferencia de los populismos actuales, encerraba una real voluntad patriótica de mejorar la vida de la nación, puesta en cuarentena mediáticamente tras la crisis del 98. Pero con la misma frivolidad que se decretó el fin de la Restauración y se aceptó la dictadura de Primo se acogió el golpe que trajo la II República. Y al frente de los tres movimientos vemos siempre al más brillante grupo de intelectuales que había producido España desde el Siglo de Oro. De hecho, se trata de tres movimientos de opinión pública contra la clase política que dirigen soberbios escritores, pero patriótica y minuciosamente equivocados.

Empecemos por el 98. ¿Acaso Unamuno y Maeztu en el ensayo y el periodismo de ideas, Azorín y Baroja en la novela, Valle Inclán en el teatro, los Machado y Juan Ramón Jiménez en la poesía o Menéndez Pidal en la ciencia no tenían un formidable talento y no les movía un sincero amor a España? Sin duda. Pero su análisis de España, los remedios para los males del régimen canovista, en el que habían nacido y florecido, eran equivocados, cuando no auténticos disparates.

Los europeístas de la generación siguiente, la de 1914 –los Ortega, Marañón, Pérez de Ayala, Azaña-, estaban dispuestos a corregir los errores líricos y las improvisaciones de los del 98. Basta ver los ensayos "¡Todavía el 98!" y el dedicado a Ganivet en "Plumas y palabras", de Azaña (ambos, en mi Antología de Ensayos en Alianza Editorial, 1983). Pero su proyecto político reformista, encarnado en la Liga de Educación Política y luego en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, fracasó y nuestros talentos se aburrieron enseguida. Así que pasaron de apoyar a Primo en 1923 a querer vengarse del Rey -como los políticos corruptos que echó la Dictadura- con la Asociación al servicio de la República improvisada en 1931, a remolque de la deserción de la clase política pero fingiendo que la encabezaba, y que nunca explicó qué república era la que querían implantar, ni cómo, ni con qué constitución; fue un elegante alarde de vanidad retórica que sólo sirvió para legitimar el desastre de 1931, infinitamente más grave que el de 1898.

De 'El Sol' a La Sexta pasando por 'El País'

Convendría que los historiadores que se han adentrado en cada uno de esos momentos del siglo XX español investigaran en conjunto y sin prejuicios –que no tienen sentido, nadie duda de la relativa buena fe de sus actores- esos tres momentos o movimientos de la opinión pública española -1898, 1914, 1931- que se forjan en los medios de comunicación, entonces esencialmente la prensa, ya en manos de la izquierda masónica o socialista. Probablemente será la única forma de entender cómo casi un siglo después un movimiento sin base social relevante pero con una poderosa presencia en los medios audiovisuales está a punto de llevar a España a lo que ya en distintos momentos del siglo XX -1917, 1931, 1934, 1936, 1939- fracasó de forma ruinosa y sangrienta: la implantación de una república socialista. Hay que averiguar cómo de El Sol de Ortega a La Sexta de Ferreras, pasando por El País de Cebrián, hemos acabado, sin comerlo ni beberlo y sin que lo haya pedido nadie, al borde mismo de una revolución comunista.

Porque esa es la serpiente que el viernes salió del enorme huevo incubado por PRISA en tiempos de González, por Roures en los de ZP y por los dos imperios, amén del ahora separatista de Godó, en estos tiempos de Rajoy y Soraya. Este viernes apareció o, mejor, se concretó, un movimiento político de signo totalitario comunista que con las siglas de Unidos Podemos está en condiciones de ganar las elecciones dentro de mes y medio. O, como poco, de abrir un período revolucionario, aliado a todos los partidos separatistas, que derroque el ya menguado a acoquinado régimen constitucional del 76.

¿Y para qué? Pues para embarcarnos en una era de turbulencias económicas, políticas, institucionales y sociales que pueden suponer la quiebra del Estado y dar jaque mate a la Nación. A aquella "Constitución Histórica" de la que se reclamaban herederos patriotas ilustrados como Jovellanos y sus herederos naturales, los liberales de Cádiz que en 1812, cercados por Napoleón y –reconozcámoslo- cegados por el sectarismo, dieron a luz nuestra primera Constitución, suerte de recibo de libertades que la Nación, en uso de su soberanía, extendía a todos los ciudadanos.

La lombriz se hizo serpiente en el PP

El huevo de la serpiente ha sido calentado cuando era lombriz por los medios de comunicación controlados por el PP. Su fin era rastreramente partidista: desgastar al PSOE y frenar a Ciudadanos, partidos que nacen por la crisis económica y los escándalos de corrupción política. Pero ni España es un país de convicciones comunistas –ninguno en la UE tiene tantas casas en propiedad-, ni la población aspira mayoritariamente a otra cosa que a un régimen en el que un Gobierno decente garantice la vida, la propiedad y la libertad de todos los españoles, sin excepción y sin discriminación. Sólo la vileza partidista y el maquiavelismo empresarial de los multimedia que el PP mantiene y la extrema izquierda dirige explica esta situación en que una sociedad amodorrada, acostumbrada a la mentira desde el 11M, contempla cómo la llevan al matadero sin saber muy bien qué hacer ni a quién votar.

Pero la cáscara del huevo ya se ha roto. Pronto las encuestas darán noticia de la excelente salud de la serpiente. Y veremos correr veloces en auxilio de la tiranía los que han hecho fortuna hablando de la Democracia. Es lógico que en una semana en la que hemos visto cómo Cebrián y García Ferreras eran elogiados por el Rey y agasajados por sus multimillonarias empresas, fámulas del Gobierno, mientras Fernando Múgica, el descubridor de la gran mentira del 11M, moría casi olvidado, víctima del cáncer de la verdad, veamos también cómo se yergue la serpiente gigantesca de la tiranía. Es la primera vez que, asistido por camaleones, nace un ofidio de un percebe y una nécora. pero ese ser contra natura sólo puede traernos desgracias.

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