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Las Cortes proclaman el derecho a profanar tumbas por motivos políticos

Si la Ley de Memoria Histórica de Zapatero fue un delito de lesa patria, su ampliación arbitraria, siniestra, sin paralelo en Europa, es un delito de lesa humanidad.

Valle de los Caídos | C.Jordá

Ni uno sólo de los 350 diputados del Congreso votó 'no' a la moción para desenterrar a Franco del Valle de los Caídos. Ni uno. Aunque no había ninguna posibilidad de que la moción fuera derrotada, nadie se atrevió a desafiar al partido, nadie rompió la disciplina de voto, nadie se atrevió a expresar con su voto lo que piensan e incluso dicen en privado, nadie, ni uno solo de esos 350 representantes de la Soberanía nacional, de todos los españoles, tiene la menor objeción a desenterrar, como forma de infamarlo, un cadáver, que lleva enterrado cuarenta y dos años, que fue el jefe militar y político del bando nacional y que si media España ha temido mientras estuvo en el poder, la otra media ha adorado durante casi cuatro décadas.

El anterior Jefe del Estado fue enterrado en el Valle de los Caídos por decisión de su "sucesor a título de rey" Juan Carlos I de Borbón y del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, último secretario general de FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), el partido único creado por Franco y más conocido como Movimiento Nacional o 'el Movimiento'. El Rey y Suárez fueron los principales artífices de la transición a la Democracia, en primer lugar mediante la votación en Cortes y posterior referéndum de la Ley para la reforma política que permitió la legalización de los partidos políticos, el Comunista incluido; después, con la celebración de elecciones libres en junio de 1977 y, por último y fundamental, con el debate, votación en Cortes y aprobación mediante referéndum nacional de la Constitución de 1978, redactada por consenso de los principales partidos y que, con sus 39 años de vigencia, es ya la más duradera de nuestra asendereada Historia.

Ni una sola oveja abandonó el rebaño

Nadie, ni uno solo de los 350 diputados, quiso recordar lo que Franco ha significado y todavía significa para buena parte de los españoles desde hace ochenta o cuarenta años, según se valore su vida o su herencia. Nadie se atrevió a decir que fueron los franquistas los que dejaron pacíficamente el Poder para compartirlo con otras fuerzas políticas, previa aprobación de una amnistía general para todos los delitos cometidos por cualquiera de los bandos durante la Guerra y la Dictadura posterior. Nadie puntualizó que el desenterramiento de Franco significará el entierro del prestigio exterior de España, basado en la pacífica Transición de la Dictadura a la Democracia.

Tampoco nadie llamó la atención sobre el hecho de que ningún país europeo se dedica a sacar a los muertos de sus fosas por razones políticas. El regicida y dictador Cromwell tiene una estatua frente al Parlamento que asaltó con su tropa y cerró. Macron, liberal modelo para Rivera, que quiere, el muy cateto, hacer de Cuelgamuros otro Árlington, no tiene proyecto alguno para desenterrar al genocida Napoleón, ni a Pétain, ni a De Gaulle. Ningún país civilizado se plantea en el Parlamento profanar tumbas por motivos políticos. Eso supondría cambiar la política por el canibalismo.

Por cierto, que el diccionario define así canibalismo: 1/ "acción o costumbre humana de comer carne de seres de su misma especie, generalmente de forma colectiva y siguiendo un ritual". 2/ "Crueldad o ferocidad extrema de una persona con sus semejantes, en especial en el ámbito político". ¡Perfecta definición para la necrofagia antifranquista!

Otra vuelta de tuerca a la Desmemoria Histórica

En fin, nadie se atrevió a salir de la ovina obediencia a unos jefes políticos que, salvo en un caso, han demostrado una vileza sólo superada por la estupidez. La excepción es Pablo Manuel Iglesias, que es el único que ha actuado de acuerdo con su canto a la Guerra Civil y su plan para que España sea una dictadura como la de sus criminales padrinos de Venezuela. Los tres que dicen que defienden el orden constitucional -PP, PSOE y Cs- se han comportado como golpistas históricos, asaltatumbas y matadifuntos. Si la Ley de Memoria Histórica de Zapatero, firmada por Juan Carlos I para hacerse perdonar su corrupción, fue un delito de lesa patria, su ampliación arbitraria, siniestra, sin paralelo en Europa, es un delito de lesa humanidad.

Porque el Parlamento -no sé si los 350 lobos, cabras y, sobre todo, ovejas eran conscientes de ello- ha proclamado su derecho a imponer qué tumbas pueden ser vaciadas y profanadas por razones políticas. Esta vez, por consenso o consensuada abstención, es decir, por lealtad perruna al que pastorea el sueldo de sus necrófagas señorías. Mañana, igual que ha votado desenterrar a Franco, votará asaltar otra tumba; y podrá decidirlo un voto.

Si las Cortes se han atrevido a votar algo sobre lo que no habían avisado en sus programas electorales, ni tienen derecho moral alguno a hacerlo, mañana o pasado volveremos a la terrible costumbre leninista de sacar a los generales y soldados "blancos" de sus tumbas y quemarlos muertos, ya que no les fue suficiente derrotarlos vivos, para sembrar el terror entre el pueblo llano, atónito ante el sacrilegio. Franco fue el general "blanco" que, a diferencia de los Kolchak y Denikin, consiguió derrotar a los comunistas. Cuarenta años después de muerto, los hijos de Largo Caballero, el "Lenin español", han acaudillado heroicamente el asalto a su tumba. Les faltó aplaudirse unos a otros para darse ánimos, porque eso de provocar a los difuntos es actividad, no diré deporte, de muchísimo riesgo.

El Terror político al rojo vivo

En realidad, la votación y la unanimidad de los votantes obedecen a lo que Lenin instauró hace cien años desde su llegada al Poder: el Terror Rojo. En la España actual, el temor al 'Qué-dirán-en-la-Sexta'es superior a cualquier consideración ideológica o moral. De ahí la incomprensible, pero inolvidable, votación a favor de la profanación de la tumba de Franco, de Rivera y los ex-respetables diputados de Ciudadanos. De ahí la abstención del PP -incluido Pablo Casado- porque le da igual lo que aprueba o no, o sí, depende, según. A Rajoy pueden llamarle ladrón, pero franquista, jamás. ¡Soraya, dile a Mauricio que le diga a Ferreras que eso no lo toleramos!

De los 350 matamuertos de las Cortes, no sé cuántos antifranquistas lo eran en vida de Franco. Muerto, ya se ve que todos. Los que lo fuimos antes de que Franco fuera enterrado, con el mismo derecho a que respeten sus huesos que todos los españoles, podemos recordar el peligro y el miedo que pasamos en compañía de casi nadie. Por eso, aquella mínima mayoría, que aún nos felicitamos por la democracia y la reconciliación nacional, sólo podemos sentir el más absoluto de los desprecios viendo gruñir al unísono, cuarenta años tarde, a tanto cerdito con tantísima nostalgia de jabalí.

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