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El papelón de los partidos españoles en el Golpe de Venezuela

La postura oficial de España, de la Zarzuela a la Moncloa pasando por las Cortes, ha sido la de ponerse de perfil.

Maduro, junto a la estatua del Che Guevara | EFE

No tiene precedentes en la diplomacia española un ridículo, vulgo papelón, como el que en el Golpe y Retrogolpe, tal vez sólo ensayo del Supergolpe de Estado en Venezuela, han protagonizado los tres grandes partidos del Parlamento español y la partida chavista teleprotegida por 'Soratresmedia' y 'Rajomediaset'. Unos no han perdido ocasión de quedar como Cagancho en Almagro. Los otros, tampoco. PP y Ciudadanos no dijeron nada contra el Golpe, salvo Dastis 'el Plastis', que dijo "eeeehhh" así que aparentemente aceptaron absolutamente todo. La Zarzuela quedó aún peor por orden del Gobierno, que a su vez, como confesó Eehh Dastis, está a las órdenes de Zapatero. Y en el PSOE, el repugnante empleado chavista, condenado por toda la oposición democrática, defendió lo que González condenó, o sea, que 1-1, 0-0 o Nada-Nada. ¡Bien empieza el Susanato!

El incomprensible silencio de Ciudadanos

El papel más absurdo fue el de Rivera, que pese a ser el único que ha ido a Caracas a defender a los presos políticos y ha participado con Aznar y González en el acto de apoyo a Leopoldo López, decidió pasar el día del Golpe convenciéndonos de que existe la pobreza infantil, no familiar, y de que la combaten unos Presupuestos que endeudan a los niños de hoy, que, salvados ya del hambre, serán adultos mañana. Mientras se fija la renta-per-cápita del bebé y el salario-base del potito, la brillantísima estrategia de comunicación naranjita deja para otro año la pobreza juvenil, la madura y la senil, de momento -como la maternidad- subrogadas en los Presupuestos del PP, modelo de despilfarro. Era más liberal cuando era socialdemócrata.

La banda podemita -antes Fundación CEPS, financiada por Chávez- defendió el golpe de sus padrinos, pero de la forma caótica propia de sus desportillados cerebros. Monedero, que tenía despacho en Miraflores junto a un etarra y que, protegido por Montoro, trincó medio millón de dólares por un informe que no hizo sobre una moneda que nunca existió, defendió que el Golpe lo había dado la Asamblea y lo había parado Maduro, así que hoy dirá que lo dio Maduro y lo paró la Asamblea. O pedirá que lo dé del todo, a saber. Pablontoro, que anda estupienamoriscado y estupitontorrón, dudó un estupimomento, así que los walking dead del finado Errejón, se dedicaron a comparar el Golpe con la condena de la Cassandra que vejó a las víctimas del terrorismo y pedía un piolet para Cifuentes y un tiro en la cabeza para Rajoy, el mismo humor de Zapata al burlarse de los judíos del Holocausto, las víctimas del terrorismo y la niñas de Alcasser. Nada tienen que ver los dos asuntos, pero salieron por ahí, o sea, por peteneras. Ahora dirá el finado que ha hecho muy bien Maduro en parar el golpe que no dio.

El Gobierno tardó 23 horas y media en emitir un mísero tuit de Rajoy condenando el golpe, cuando toda Iberoamérica, salvo Cuba, México y la Narcolombia de 'Santochenko', retiraba embajadores, cercaba al chavismo en la OEA y obligaba a los golpistas a perpetrar otro golpe para deshacer el Golpe, mostrando hasta qué punto la legalidad del gorilato es una tomadura de pelo para idiotas o una narcofuente de financiación para sinvergüenzas.

El corrupto origen de la complacencia con el gorilato

Para entender este bochornoso episodio de la política española hay que hacer memoria, o sea, recurrir a la memoria desmemoriada del siniestro Zapatero. En la tercera legislatura de ZP, formalmente presidida por Rajoy, el Jefe del Departamento de Recursos Humanos y Financieros del PP hizo que su ministro del Interior Fernández Díaz recibiera durante tres horas al guionista de la rendición ante la ETA y el separatismo catalán. El de Juana de Mariano se llamó Bolinaga. Y el golpismo catalán sigue ahí, tan fresco.

En esta cuarta o vicequinta legislatura 'zetaposa', presidida también por Rajoy, el brioso líder del PP ha decidido entregarle también las flojas riendas de la política exterior, identificándose con la catastrófica política internacional de 2004 a 2011 cuya única tarea fue la de desmontar todas las alianzas creadas por Aznar y sustituirlas por el invento iraní de la Alianza de Civilizaciones, que al final se redujo a aliarse con el islamismo por la vía turca de Erdogan y uncirse sórdidamente al comunismo caribeño por la narcovía del triángulo totalitario que forman Cuba, Venezuela y las FARC.

El primer escándalo de la alianza del Gobierno de ZP con el gorilato venezolano se produjo cuando Bono, su ministro de Defensa, se extravió dos días en Caracas volviendo el Perú, circunstancia que algunos trataron de justificar como una visita a Raúl Morodo, compañero suyo en el PSP de Tierno Galván y embajador de España en Caracas y de Chávez en Madrid. Fruto de esa visita y de los contactos que la fraternidad tiernista le brindó en Venezuela fue la venta al Gorila Rojo de varias fragatas con la más moderna tecnología militar, facilitada a España por los USA, pero no para armar al ejército chavista, entonces al borde de la guerra con Colombia.

El caso de las fragatas de Bono

La reacción de los USA fue de indignación pública y acusaciones de corrupción emitidas en esa zona gris entre lo privado y lo público que suele llamarse "fuentes oficiosas del Pentágono y el Departamento de Estado". Lo único que le faltaba a España para arruinar su imagen exterior era que, tras desertar de Irak, Zapatero y Zapabono le vendieran armas a Chávez. Aunque el Gobierno dio parcialmente marcha atrás en lo de las fragatas, España quedó como un país corrupto, entregado al cobro de comisiones por la venta de armas valiéndose de su condición de miembro de la OTAN y de aliado hasta entonces preferente de los USA, que nos daba valiosa ayuda en la vigilancia por satélite de la ETA. Esta ayuda era muy inconveniente para ZP, al que podían pillarle con la ETA a algún Faisán.

Pero tras el episodio de las fragatas, nadie en Washington ha vuelto a fiarse de Madrid. Tras ser despreciado durante toda una legislatura, ZP logró poner la nota gótica de sus enlutadas hijas en la Casa Blanca y, de paso, nos puso a todos en ridículo. Cuando con Pedro Jota y Carlos Herrera el tragacuras guerracivilista de la Ley de Venganza Histórica fue invitado al Desayuno de Oración del Presidente, el ridículo se hizo esperpento. Pero hay que insistir, para valorar la fechoría de Rajoy, que también con los USA, la política de ZP, con 'Desatinos' al aparato, fue destruir lo que hizo Aznar durante ocho años, mejorando a su vez lo que hizo González -que nos llevó a la I Guerra del Golfo-, con Fernández Ordóñez en Exteriores.

Ahora está consagrado a destruir no sólo el legado de Aznar sino el del mejor González, pero al llegar al Gobierno con mayoría absolutérrima, Rajoy dijo que aplicaría la doctrina que contra Zapatero había sostenido en las Cortes, tanto en política antiterrorista -"usted ha traicionado a los vivos y a los muertos"- como en política exterior, donde las opciones son más sencillas y baratas: conservar las alianzas antiguas y hacer alguna nueva. Don Promesas Quenofalten.

En la UE, Rajoy cumplió el guión político, obligado por el rescate de la mitad del sistema financiero español, las Cajas de Ahorros. Pero nunca cumplió los compromisos de rigor presupuestario pactado con Bruselas -se limitó a subir salvajemente los impuestos- ni recuperó la política de Aznar en Iberoamérica, que se supone es nuestro ámbito de influencia natural. De forma inexplicable, o sólo explicable por la corrupción, España se ha puesto a la cola de todas las fechorías del Obamato, desde la rendición ante la dictadura castrista al respaldo al siniestro acuerdo de Santochenko y Timochenko que entregaba Colombia a las FARC. ¡Cómo disfrutó el 'Gallo Margallo' haciendo de monaguillo de Obama y el Papa! ¡Cómo cantó, con Campechano renqueando a su vera, la victoria de La Habana y Bogotá, que acabó en humillante derrota para los socios y amigachos de Narcolombia!

Saldo de una diplomacia de saldo

Total, que la postura oficial de España, de la Zarzuela a la Moncloa pasando por las Cortes, ha sido la de ponerse de perfil cuando el respetable público iberoamericano, salvo tres tiranías o narcoestados, conseguía que el Presidente devolviera el toro golpista al corral. Se puede ser más cobarde, aunque no sé bien cómo, pero es absolutamente imposible ser más tonto.

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