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Pilar Elías no es Yoko Ono

El asesino de John Lennon, aunque lleva veinticinco años en la cárcel, no va a salir a la calle, porque es un psicópata reconocido y porque la viuda del “beatle” asesinado piensa que podría querer incrementar su criminal cosecha de cadáveres con alguno más de la familia Lennon, alguno de los hijos o ella misma. Y ha recurrido la posible liberación del asesino de su esposo, hasta ahora con éxito. Si bien los USA padecen la presencia de un abundante hato de cretinos dispuestos a creer en la capacidad infinita de reinserción del criminal, su número no supera el de la minoría izquierdista que ha convertido nuestro actual Código Penal y su criatura tonta, la Ley del Menor, en pasaportes para la impunidad criminal a corto plazo. Y hay otra diferencia esencial: la opinión pública norteamericana no admite con tanta idiocia abúlica como la española que los criminales salgan a la calle de permiso, a menudo para volver a violar y matar. Allí, el juez blandito no hace carrera. Los vecinos pueden llegar a increparle en la escalera y sus colegas lo miran con desprecio. Aquí, un juez que propicia la libertad de un criminal sin derecho a hacerlo o con un derecho harto discutible, puede mirar por encima del hombro a sus vecinos, hacer carrera y hasta llegar a ministro. De Justicia, por supuesto.
 
Pilar Elías no es Yoko Ono. El niño al que salvó la vida su marido, Ramón Baglietto, lo mató convertido etarra al cumplir 19 años. En la cárcel no cumplió muchos, porque en España matar es barato y porque toda su vida no sería suficiente para pagar tan vil comportamiento. Y la viuda ha tenido que ver cómo el asesino de su marido no sólo volvía al pueblo de Azcoitia, el de los Caballeritos, y se paseaba fanfarrón. Ha hecho más: ha alquilado un bajo en el edificio en que vive Pilar Elías con el evidente propósito de amedrentarla, mostrar cómo son esas ratas con las que quiere pactar el PSE de López y el PSOE de Zapatero y, por supuesto, demostrar mediante la exhibición brutal y cotidiana del terror el éxito político del terrorismo en el País Vasco. Un éxito que, pese a los gobiernos de PNV y PSOE, aún no es completo por la existencia de personas tan valerosas y admirables como Pilar Elías, concejal del PP, que se niega a dejar su casa.
 
Pero Pilar Elías, que como tantos representantes de la Derecha española es persona de orden y cree o quiere creer en las instituciones democráticas, ha criticado en la COPE al personaje cuya función debería ser que personas como ella no pasen por el calvario que ella debe pasar, el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, un tal Gregorio Peces Barba, cuya única función reconocida hasta ahora es la de atacar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo dirigida por José Alcaraz. Si no fuera él mismo un ejemplo de sectarismo, mañana mismo se iría a Azcoitia a respaldar con su presencia a Pilar Elías y a amedrentar, siquiera físicamente, al asesino fanfarrón que pretende echarla del pueblo. Podría actuar de forma —legales hay muchas— que ese local nunca pudiera ser usado por el etarra para seguir cometiendo el horrendo crimen de aterrorizar al prójimo. Podría. Sería su primer acto digno, ya que se niega a dimitir. Podría. Es casi  Navidad. Si otro fuera el personaje, podríamos esperar el milagro. Por ejemplo, el milagro de que las televisiones españolas le dedicaran a Pilar Elías una décima parte del tiempo que le han dedicado a Yoko Ono.