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Columna publicada el 11-11-2003
Mariano Rajoy ha elegido el momento que ha considerado más oportuno para demostrar su autoridad como líder del PP, un partido al que se dice que pertenece Gallardón, aunque sólo su presencia en las listas cerradas y bloqueadas permite suponerlo: su política de perpetuo rechazo a la derecha y continua sumisión a la izquierda acredita lo contrario.
Pero el reto de Gallardón a Rajoy y al PP en La Mañana de la COPE era algo que el candidato a la Moncloa y Secretario general del PP no podía permitir sin sufrir un deterioro gravísimo de su imagen y de su magnitud política. Claro que tampoco el alcalde podía echarle un pulso permanente a su partido. La obscena manipulación de Ana Botella en la entrevista dominical de El País, dos páginas insulsas para conseguir una línea y un titular de apoyo a Gallardón, demuestran que también éste se ha dado cuenta de que tenía tanto o más que perder que Rajoy. Y que jugar a Tamayo a estas alturas era hacerse el sepuku para solaz de sus enemigos, que en el PP son legión.
El compromiso de imagen que supone la retirada del único impuesto que no podía cobrar, como ya demostró Alberto Recarte y reconoció el propio Gallardón en la radio, es un reconocimiento de la autoridad de Rajoy, pero mantiene íntegra la desviación, desautorización o desnaturalización de un aspecto sustancial del programa del PP. Ya dijimos hace una semana que había margen para una retirada ordenada de ese atraco fiscal que, además de lesivo para los bolsillos de los madrileños, parece innecesario para el desarrollo de la ciudad. Otra cosa es el desarrollo de una neoburocracia adicta, empezando por los ciento veintisiete estadistas con sueldos presidenciales que se ha inventado el Faraón de Cibeles, algo que repugna a cualquiera, sobre todo si vota al PP.
Si Gallardón, además de apaciguar a Rajoy está dispuesto a rectificar ese dislate ante los madrileños, puede salvar una situación objetivamente insostenible para él y sin necesidad de perder demasiado la cara. Como no estamos acostumbrados a ver rectificar a los políticos, y a él todavía menos, siempre se agradece el gesto. Pero no se puede aumentar el gasto un 26% en una ciudad que no ha cambiado de mayoría en el Ayuntamiento. No se puede decir que se pretende abaratar la vivienda y favorecer el alquiler cuando se encarecen las licencias de obra, que lógicamente repercuten en el precio de los pisos o de los alquileres. Y no se puede subir un 25% el IBI de las viviendas "llenas" mediante la supresión de bonificaciones pensando que los madrileños no se van a dar cuenta de la subida. Si de sabios es rectificar y Gallardón no quiere pasarse de listo, forma politiculta de hacer el tonto, ¿por qué no abre un período de información, reflexión y debate sobre la presión fiscal en Madrid? Mariano Rajoy quedaría aún mejor y él podría empezar a quedar bien. Tiene tiempo. Úselo.

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