- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Mariñas deberá indemnizar a Norma Duval tras afirmar que era lesbiana
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- ESCAÑOS VACÍOS PARA ROSA DÍEZ, por Mercedes R. Martín
- Juande Ramos deja fuera a Casillas de su primer once en el Real Madrid
- ¿Hacia un nuevo dólar? La Fed quiere emitir deuda propia al margen del Gobierno
- Detectives de la SGAE se infiltran en asociaciones anti canon para vigilarlas de cerca
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
- La menopausia, un fenómeno que sólo afecta a las mujeres y a las ballenas asesinas
- Otra vez los eufemismos: "Que el bisturí no roce el corazón del pluralismo"
- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- Moratinos dice que la ONU amparaba las escalas autorizadas por Aznar
- ¿Está todo el PP a favor del acercamiento al País Vasco del asesino de Goyo Ordóñez?
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- El etarra Aitzol Iriondo se orinó en los pantalones cuando estaba siendo detenido
- Chacón anuncia la supresión del límite de 3.000 soldados en el exterior
- Zapatero llama "radical" al PP por pedir la disolución de los ayuntamientos de ANV
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
Columna publicada el 06-06-2004
Ronald Reagan ha sido el político más importante del siglo XX, el que se abre con la revolución soviética y se cierra con la caída del Muro, el siglo de la ignominia, del totalitarismo, de Auschwitz y el Gulag, la centuria del asesinato en masa que abrió el infame Vladimir Ilitch Ulianov, el más lúgubre y grandioso de los criminales en serie, y cerró este viejo optimista, ese anciano que se desvaneció en la infancia descuidada de antes de la memoria, que sólo podía haber nacido en los Estados Unidos, que sólo desde la propia reflexión política y vital norteamericana podía llegar a las conclusiones ideológicas que le permitieron cambiar el panorama internacional y que sólo desde el Poder y el poder de los USA pudo efectivamente imponer ese cambio en todo el mundo.
Reagan no fue sólo el hombre que supo ver lo que había que hacer, sino cómo hacerlo. Reagan no fue sólo el político que supo captar la esencia del gran combate del siglo XX, el de la libertad individual contra la tiranía colectivista, sino cómo utilizar el poder del Estado, del más poderoso de los Estados contemporáneos, al servicio de la sociedad, de todas las sociedades libres, empezando por la suya propia. Reagan fue el político liberal que, con su pequeña hermana británica Margaret Thatcher, entendió la obligación moral que tiene todo líder democrático contemporáneo de librar la batalla de las ideas y de la propaganda contra la hegemonía izquierdista en los medios de comunicación. Para lo cual era preciso levantar acta de que la libertad estaba perdiendo y el comunismo estaba ganando la Guerra Fría, pero que era moralmente necesario y por tanto políticamente obligado darle la vuelta a la situación y derrotar al Imperio del Mal, el creado por Lenin.
Lo admirable de Reagan no fue sólo su determinación política, su sentido de las obligaciones antes que de las contemplaciones, su convicción de que no hay razón de Estado que justifique la dimisión moral, sino la coherencia intelectual de su política nacional e internacional: América no podía liberar al mundo del colectivismo si antes no se liberaba a sí misma; el mundo no podía liberarse a sí mismo si no contaba con América. Por eso, Reagan financió la guerra más costosa de la Historia con la más colosal rebaja fiscal que ninguna gran potencia haya emprendido nunca. Reagan bajó el límite de la presión fiscal del 75% al 50% y luego, mediante pacto con los demócratas, al 27 %. De sesenta tramos y escalas las redujo a cinco y a dos. En cuanto a las infinitas deducciones, desaparecieron, con buena parte de las asesorías en triquiñuelas fiscales.
Y la economía norteamericana, contra la opinión de los expertos, despegó como un Pershing 2, símbolo de la determinación militar de los USA y de la Alemania Occidental de Helmut Schmidt, y se desplegó como un inmenso cartel de cine frente al polvoriento Imperio soviético y sus flamantes SS-20. Lo formidable de Reagan era que la libertad predicaba con el ejemplo: los norteamericanos vivían mejor defendiendo el modelo de sociedad abierta, liberal y democrática, que imitando o rindiéndose ante el socialismo. Los años 80 del pasado siglo, los años de Reagan, los vivimos en blanco y negro porque, dígase lo que se diga, las grandes opciones morales y políticas no son cuestión de matices sino de la capacidad y la voluntad de elegir. Y Reagan eligió por sí mismo, por su país y por todos nosotros. Y eligió bien, porque sabía bien lo que quería.

Otros artículos
- (2008-09-20) La lenta reconstrucción del Muro de Berlín y la triple derrota liberal
- (2008-09-01) El Informe Recarte, un extraordinario desafío intelectual
- (2008-07-30) La indefensión absoluta o la dictadura mediático-judicial que se nos viene encima
- (2008-07-19) El régimen del 11-M y los escombros de la nación española
- (2008-05-28) España está madura para la dictadura gallardonita
- Todos los artículos de Federico Jiménez Losantos
La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
