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Y todo en este plan

La otra cara del Plan Ibarreche, es decir, la continuidad de la cara dura, pétrea del lendakari son las bombas de la ETA. Nunca ha habido diferencia moral, sino mero reparto de papeles o simple división del trabajo entre los que sacuden el árbol y los que recogen las nueces, pero esa diferencia es ahora menor que nunca. Nunca se ha parecido tanto el PNV a la ETA, nunca se ha acercado más a su insolencia y a su desprecio por la vida de los que no son de su tribu. Por eso mismo, nunca la ETA se ha parecido más al PNV, de donde salió adonde de una u otra forma está volviendo. Si Ibarreche encabeza un proceso revolucionario, ¿cómo va a dejar de apoyarlo la ETA? Si la ETA da al PNV la mayoría parlamentaria justita que necesita su plan, ¿cómo va el PNV a disolver Batasuna y a combatir a la ETA? Jamás lo ha hecho realmente en serio. Ahora, ni por equivocación.
 
Pero los éxitos del terrorismo y del separatismo se basan en la debilidad, la cobardía o la incompetencia de los gobiernos y los partidos políticos españoles, si es que todavía podemos usar el plural. El PP fue capaz de poner contra las cuerdas a la banda etarra, pero el PSOE le está regalando otra vez el centro del ring, es decir, el lugar decisivo de la política vasca precisamente por su política de alejarse todo lo posible del PP. Si además los ministros de ZP improvisan la primera obviedad que se les ocurre en términos de gansada, pasa lo de Jordi Sevilla. Anteayer decía que el Plan Ibarreche era la respuesta del pasado al Gobierno de Aznar. Ayer dijo que poniendo bombas no se seguirá negociando. ¿O sea, que las cuatro horas con Ibarreche lo fueron de negociación? Ya nos parecía mucho rato. Cuando el aparato mediático zapaterista, dispuesto siempre a creerse y hacernos creer lo que le conviene ya había proclamado prácticamente la tregua etarra, zas, bombazo. El Gobierno, en Babia, y todo en este plan. El de Ibarreche, que lo tiene con la ETA, y el de Zapatero, que no tiene ninguno.