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RELIGIÓN

Las dimensiones de un pontificado

Son muchos los acontecimientos, las tensiones y los debates que merecerían ser anotados a la hora de repasar el año 2006 en la vida de la Iglesia. Pero, si debemos escoger una línea de fondo, yo diría que en estos doce meses hemos podido apreciar las verdaderas dimensiones del nuevo pontificado de Benedicto XVI. En España, la Iglesia ha buscado comprender mejor las raíces del laicismo cultural y político, para confrontarlo desde su identidad original, sin olvidar nunca que su prioridad absoluta es la evangelización.

Son muchos los acontecimientos, las tensiones y los debates que merecerían ser anotados a la hora de repasar el año 2006 en la vida de la Iglesia. Pero, si debemos escoger una línea de fondo, yo diría que en estos doce meses hemos podido apreciar las verdaderas dimensiones del nuevo pontificado de Benedicto XVI. En España, la Iglesia ha buscado comprender mejor las raíces del laicismo cultural y político, para confrontarlo desde su identidad original, sin olvidar nunca que su prioridad absoluta es la evangelización.
Benedicto XVI.
La fe, la razón y el amor
 
El año comenzaba con la publicación de la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus Caritas Est. Más de uno se llevó una sorpresa por que el Papa teólogo, identificado antes con las grandes controversias intelectuales en torno a la fe, hubiera escogido para su primer gran mensaje el tema del amor. Con esta elección señalaba a la Iglesia la necesidad de proponer de nuevo el núcleo de la experiencia cristiana a un mundo que, en buena medida, la ha descartado como fuente de esperanza y guía para su camino.
 
A los herederos del Nietzche, que abominó del cristianismo por haber envenenado el gusto de vivir, el Papa les puso delante la amarga frustración de la modernidad, el corazón roto y la razón dislocada del hombre de nuestra época. Sin recriminaciones ni condenas, Benedicto XVI se reveló como un agudo intérprete de la espera frustrada de nuestra humanidad, para ponerle de nuevo frente a los ojos la frescura original del cristianismo.
 
Detalle de LA CREACIÓN de Miguel Ángel.En más de una ocasión, el Papa Ratzinger nos ha introducido este año en la contemplación del "Dios de la razón, que es amor". Su viaje a Baviera ha sido uno de los grandes hitos de este recorrido pedagógico (hacia el interior de la Iglesia y hacia los horizontes de la cultura laica), que a buen seguro continuará en el próximo futuro. El discurso de Ratisbona significó la apertura de un diálogo con la razón moderna que ha excluido de su radio la dimensión religiosa del hombre y con la religiosidad musulmana, en cuyo seno pugna una poderosa tendencia hacia la irracionalidad y la justificación de la violencia.
 
El Papa ha propuesto al Occidente secularizado recuperar la amplitud de la razón, que no puede cerrarse a las preguntas esenciales sobre el significado de la vida humana, sobre el bien y la verdad y, en definitiva, sobre el Misterio que está en el origen de la realidad. Al mundo islámico, que, cuando se desvincula de la razón, la fe no responde a la necesidad profunda del hombre y corre el riesgo de verse atrapada en las redes de la violencia.
 
Si algo ha demostrado la tempestad provocada en el mundo islámico por la lección de Ratisbona ha sido, precisamente, lo pertinente de esa intervención. Pero, frente a lo que presumían muchos observadores, no ha cortado los puentes ni ha hecho retroceder el diálogo de la Iglesia con el Islam, sino que ha sentado unas bases nuevas, que ya se han podido ver durante el histórico viaje a Turquía.
 
Vinculados a esta "apertura de la razón" que postula el Papa encontramos dos núcleos de atención en sus intervenciones de 2006: la defensa de una sana laicidad, frente al laicismo que pretende expulsar la religión de la vida pública, y la advertencia sobre los riesgos de una ciencia endiosada que aboca al hombre a reproducir el mito de Ícaro, cuya pretensión de absoluta independencia le acarreó su propia destrucción.
 
Se perfila un nuevo Gobierno
 
Más despacio de lo que algunos apuntaban, el Papa va configurando su equipo en la Curia romana. La pieza clave ha sido el nombramiento del cardenal salesiano Tarcisio Bertone como secretario de Estado. Se trata de una persona de la máxima confianza de Benedicto XVI que aúna solidez teológica y sabiduría pastoral... y que rompe una cierta tradición, según la cual ese puesto solía ser ocupado por un diplomático. Ha sido un nombramiento querido por el Papa contra viento y marea, que se ha abierto paso no sin alguna dificultad.
 
También han sido llamados a Roma el cardenal indio Iván Dias, como prefecto de la Evangelización de los pueblos, y el brasileño Claudio Hummes, como prefecto del Clero. Ambos son pastores de fuerte personalidad y larga experiencia, con capacidad para comprender los desafíos de este momento histórico. Aún se esperan otros nombramientos que completen la renovación de la Curia, pero a la vista está que se trata de una cuestión muy importante, si bien el Papa no la considera la más urgente. Además, su estilo consiste en proceder con exquisita delicadeza, para tomar en consideración las diversas situaciones de las personas implicadas.
 
Ecumenismo y libertad religiosa  
 
En el repaso de este intenso 2006 de Benedicto XVI es preciso anotar la prioridad del ecumenismo, plasmada en la visita a Estambul y el abrazo con el patriarca Bartolomé I, pero también en la resurrección de la comisión mixta para el diálogo teológico y en la recepción, en Roma, del arzobispo Christodoulos de Atenas. Estos pasos son observados con atención por el Patriarcado de Moscú, desde donde llegan tímidas señales de deshielo.
 
En la franja occidental del diálogo ecuménico, ha sido relevante por su franqueza el encuentro con el primado de la Comunión Anglicana, Rowan Williams. Los discursos intercambiados señalan con claridad el riesgo de que las tensiones internas del anglicanismo desplacen su centro de gravedad del anclaje con la Tradición y bloqueen los prometedores avances que se han producido en el diálogo teológico durante los últimos años.
 
Benedicto XVI en Auschwitz.Asimismo se hace imperativo recordar los encuentros del Papa alemán con representantes del judaísmo, tendentes a estrechar los lazos que proceden de la común herencia bíblica. La visita al campo de exterminio de Auschwitz supuso un momento histórico de conciencia sobre lo que significó la Shoá como intento demoníaco de exterminar al pueblo de la Alianza, que ha portado en el mundo el testimonio de la fidelidad de Dios.
 
La pretensión de borrar de la faz de la tierra al pueblo judío, sostuvo el Papa, no podía sino desembocar en la consecuencia natural de erradicar el cristianismo. Una afirmación que resultó controvertida para algunos exponentes judíos pero que establece un vínculo profundísimo con "nuestros hermanos mayores".          
 
Un último comentario sobre la defensa de la libertad religiosa, uno de los pilares de la paz, junto a la defensa de la vida, según el mensaje para la Jornada Mundial del próximo 1 de enero. Ciertamente, éste fue uno de los ejes del viaje a Turquía, teniendo en cuenta la durísima situación de las comunidades cristianas en las áreas islámicas. Pero también han sido motivo de preocupación la oleada de agresiones contra los cristianos en un país tradicionalmente tolerante como la India y, por supuesto, la situación de la Iglesia en China.
 
El dossier chino está permanentemente abierto sobre la mesa del Papa, que desea extremar la comprensión hacia la difícil tesitura de los católicos en el Celeste Imperio y explorar todas las posibilidades que un sano realismo aconseje para facilitar la libertad y la comunión de una Iglesia cuyo martirio espera ser definitivamente contado.            
 
En España, oleada de laicismo y responsabilidad de la Iglesia
 
Las cuestiones relacionadas con la libertad de educación y la defensa tanto de la familia como de la vida han concentrado buena parte de la atención de la Iglesia en España, sobre un trasfondo en el que no cede el laicismo gubernamental, a pesar de los buenos oficios del embajador Francisco Vázquez y de la vicepresidenta Fernández de la Vega. La pretensión de modelar una nueva matriz cultural para la sociedad española ha tenido repercusiones en el campo educativo, familiar, sanitario y de la investigación biológica, y la Iglesia se ha visto, una vez más, en la soledad de quien se opone a una poderosa corriente impulsada desde el poder.
 
La Iglesia ha comprendido que no se trata tan sólo de defender algunos importantes valores agredidos, sino de sostener y alimentar un tejido de experiencia humana que se pretende desgarrar. Así lo denuncia la instrucción pastoral "Orientaciones morales ante la situación actual de España", poniendo este hecho en relación con el programa político de desmantelamiento de la Transición y del consenso constitucional del 78.
 
Los obispos señalan que esa gran obra fue posible porque existía un fondo común de valores compartidos, procedentes de la tradición cristiana; ahora, sin embargo, está en marcha una operación de ingeniería social que busca sustituir esa matriz cultural por otra que responde al relativismo y al laicismo, y eso está provocando una ruptura cultural profunda y un desarme moral en la sociedad.
 
Se había despertado gran expectación sobre el modo en que los obispos formularían el significado y el valor de la unidad de España. La instrucción reconoce como bienes la unidad y la convivencia de siglos entre los españoles, y advierte de que la actuación en este campo debe realizarse con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia y guiándose por criterios de solidaridad. También reconoce que la unidad histórica y cultural de España se puede manifestar y administrar de muy diferentes maneras, como de hecho ha sucedido a lo largo de la historia, pero rechaza tajantemente, desde un punto de vista moral, la posibilidad de la secesión.
 
Los obispos españoles han querido dejarse guiar muy especialmente por las intervenciones de Benedicto XVI, que en Valencia presentó la propuesta cristiana como un gran sí a la vida del hombre, a su amor, a su inteligencia y a su libertad. Frente a este modo de enfocar la misión (que afecta a todo: catequesis, predicación, presencia pública, obras sociales, etcétera), los obispos han hecho advertencia de tres posibles tentaciones: la "desesperanza", que olvida que la consistencia del cristiano radica en la verdad de la fe y en la promesa del Señor; el "enfrentamiento", como reacción dialéctica que olvida que el cristianismo es esencialmente la propuesta de una novedad de vida, y el "sometimiento" que implica la disolución de la propia identidad para acomodarse al contexto social.
 
En definitiva, crece la conciencia de que la tarea central de la Iglesia es atraer de nuevo a las gentes al reconocimiento del Dios que se ha revelado en Jesucristo, y eso pasa forzosamente por el fortalecimiento de la fe en las propias comunidades cristianas. Por eso, como ha dicho el arzobispo Fernando Sebastián, esta es la hora de la humildad, de la paciencia y de la esperanza.
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