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CRÓNICA NEGRA

El Búho, un violador de altos vuelos

Con una diferencia de unos pocos años, Madrid ha padecido las villanías de dos violadores de la misma calaña: delincuentes sin delitos anteriores, con trabajo y pareja femenina, que llevaban una vida ordenada... hasta que salían a violar. El segundo de ellos, el más reciente, llamado el Búho, asaltaba a las mujeres cuando se bajaban del bus nocturno. De ahí el sobrenombre.

Se trata de Isaac, de 31 años, encofrador de Vallecas, un tipo tan peligroso que su forma de actuar interesó a los agentes del FBI (Federal Bureau of Investigation), quienes advirtieron a sus colegas madrileños de que cuando el avechucho fue capturado –por cierto, gracias al coraje de su última víctima– estaba a punto de transformarse en asesino.

Tanto el Búho como el Violador de Pirámides practicaban una especie de secuestro con incógnita final: las víctimas vivían con las angustia de no saber si las matarían. El de Pirámides utilizaba una navaja, un cuchillo o una púa de obra. Posaba el arma en el costado de la víctima y le decía: "No me mires". Lo mismo hacía el avechucho. Ambos disfrutaban sádicamente de la dominación sobre sus tiernas víctimas; finalmente, les perdonaban la vida... dejándolas para el arrastre en un descampado o lugar solitario. Los dos violadores, y esto es lo más grave, estuvieron actuando durante unos ocho años con total impunidad en la capital del Reino.

Los dos cayeron gracias al coraje de sus víctimas. Al de Pirámides lo denunció una joven a la que había acosado en un ascensor. El Búho, cazador finalmente cazado, solía quedarse con el DNI de sus víctimas, a las que amenazaba de muerte para que acudieran a la policía. Su última víctima, una joven de quince años, aconsejada por su padre contestó a la llamada del criminal, y hasta fue capaz de acordar una cita con el obsceno pájaro de la noche. Así que cuando se creyó dueño y señor de una esclava se encontró con una chica respondona que le apareció rodeada de policías.

Pese a ello, el avefría de Vallecas logró engañar a todos y hacerlos dudar de si no se trataba de un problema entre ex amantes, de modo que su señoría le dejó en libertad, a la espera de lo que hubieran de decir las pruebas biológicas. Pero cuando éstas dijeron, el avechucho, posible psicópata ingobernable, se cayó con todo el equipo. La policía llevaba casi ocho años recogiendo fluidos de las mujeres agredidas, y ahora tan ingrata tarea ha dado sus frutos: el Búho ha aceptado una pena de 240 años de cárcel por 18 agresiones; y eso que sale bien librado.

El Búho, pájaro malasombra, ave malandrín, volador nocturno de rapiña, buscador de tiernas crías desprevenidas, posiblemente autor de una cifra negra de asaltos y abusos que no ha sido revelada, pasará un largo tiempo a la sombra, porque una de las defensas ha pedido que se le aplique la Doctrina Parot, esto es, que cumpla las condenas una a una, no todas juntas, sumadas y reducidas.

Ahora queda que Madrid, que toda España sepa con quiénes se la está jugando. Con violadores múltiples que pueden devenir asesinos en serie.