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CIENCIA

El primer continente

Un equipo de científicos noruegos acaba de descubrir lo que podría ser el pedazo de corteza terrestre más antiguo. El hallazgo podría arrojar luz sobre los primeros momentos de la formación de nuestro planeta y sobre la aparición de la vida.

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En una zona árida y rocosa de Groenlandia, Harald Furnes y sus colegas de la Universidad de Bergen (Noruega) han encontrado un enorme pedrusco de corteza terrestre que, según las pruebas de datación, se formó hace la friolera de 3.800 millones de años. Aunque para el profano esto no pasa de ser una mera curiosidad, la realidad es que estamos ante un descubrimiento bastante importante, ya que el material con que se ha topado Furnes pertenece a una variedad rocosa conocida como ofiolita, la firma inconfundible de la tectónica de placas.
 
Sin ánimo de ser exhaustivos, ésta es la teoría que explica los movimientos que se producen en la litosfera, esto es, la corteza terrestre, a través del tiempo geológico. Como si fuera una cinta transportadora, la tectónica de placas impulsa los continentes a la deriva sobre el manto terrestre fluido, la astenosfera, haciéndolos chocar unos contra otros; mueve el suelo de los océanos y causa el ascenso de las montañas. Este baile continental también es el responsable de los terremotos, las erupciones volcánicas (especialmente en el cinturón de fuego del Pacífico), la creación de fosas oceánicas y los acontecimientos geológicos violentos.
 
Se sabe además que esta actividad frenética en que se halla inmersa la superficie telúrica ayuda a reciclar los elementos vitales para el mantenimiento físico y biológico de la vida, mientras que procesos aún no bien conocidos alteran la atmósfera y el clima del planeta azul.
 
Pero ¿en qué momento de la juventud de nuestro planeta se activó la tectónica de placas? Es un misterio. Obviamente, tuvo que suceder temprano, justo cuando la Tierra empezó a enfriarse, después de que amainara el bombardeo de rocas cósmicas que transformó sus entrañas en un auténtico horno que escupía hacia la superficie mares de lava. El calor achicharrante y los golpes celestiales hicieron de la Tierra el mismísimo Averno.
 
Hace entre 4.400 y 4.410 millones de años, la caída de meteoritos y cometas gigantes decreció de forma espectacular. La Tierra comenzó a enfriarse, las corrientes de convección se debilitaron y se diferenciaron el núcleo y el manto terrestre. La tectónica de placas comenzó probablemente inmediatamente después de que la primera "baldosa" de corteza terrestre alcanzara el tamaño y el peso suficientes como para poder hundirse en el manto fundido sobre el que flotaba. Las ofiolitas son los notarios de este proceso, ya que aparecen allí donde dos continentes chocan entre sí. La placa continental más delgada se hunde literalmente debajo de la otra, que normalmente es también más densa.
 
El lugar donde ocurre este engullimiento se conoce como zona de subducción, y es precisamente ahí donde aparecen unas formaciones rocosas, producto de las interacciones y mezclas entre diferentes elementos, que se conocen como secuencia de ofiolita.
 
Hasta ahora, las ofiolitas más arcaicas habían aparecido en China. Curiosamente, fueron descubiertas, en el año 2000, muy cerca de la Gran Muralla (por Timothy Kusky, profesor de geología en la Universidad de Saint Louis, en Misuri). Se trataba de una sección completa de suelo oceánico de 60 kilómetros de longitud que se formó hace unos 2.500 millones de años, según se pudo determinar con geocronología uranio-plomo en circonio, el método más exacto para datar rocas de estos tiempos. La roca hallada en Groenlandia ha batido dicho récord. Los análisis han revelado que tiene 3.800 millones de años; es decir, sólo 700 millones menos de los que tiene nuestro planeta.
 
Pero lo más curioso es que la primera costra continental, el primer ensayo de continente, pudo tener testigos, ya que por entonces la vida empezaba cobrar forma en los cálidos océanos. En efecto, los más antiguos microorganismos fósiles tienen una edad de 3.500 millones de años. Se trata de estromatolitos, unas estructuras calcáreas constituidas por organismos microscópicos semejantes a bacterias que han sido halladas en rocas de Australia y Sudáfrica.