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PANORÁMICAS

El réquiem de Clint Eastwood

A sus ochenta años, Clint Eastwood está solo para las cosas fundamentales, que algunos piensan que no son tales por el mero hecho de que nos pasan a todos: que nos enamoramos y nos morimos, vamos, no necesariamente en ese orden.

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En su última película estrenada, Más allá de la vida, nuestro hombre dibuja un paseo por el amor y la muerte en el que ambos se entrelazan inextricablemente.

Los griegos, con esa capacidad que tenían para ser sutiles, profundos y endiabladamente divertidos, distinguían entre thánatos, la muerte tranquila, y sus primas, las keres, sedientas de sangre e instigadoras de la muerte violenta. En cuanto al amor, les gustaba imaginar que Eros, hijo de Afrodita, se había enamorado de Psique, una hermosa mortal que había descendido al reino de los muertos pero que supo apañárselas para volver vivita y coleando a los brazos de su erótico amado. En griego, psycho significa soplar, y era precisamente ese hálito o soplo lo que se identificaba con la vida, que continuaba incluso tras la muerte corporal en el Hades, pero ya en modo espectro, fantasmal.

La película comienza como un tsunami: la muerte en forma de keres acuáticas se carga una bonita historia de amor. Los amantes de los efectos especiales tienen que ver los primeros diez minutos, un prodigio del cine de catástrofes. Luego deben salirse de la sala... porque termina el cine a lo James Cameron y comienza un melodrama sobrenatural a lo Night Shyamalan (más el de El protegido o El incidente que el de El sexto sentido).

La visión del amor y la muerte que nos ofrece Eastwood está llena de resonancias griegas, de soplos en la boca, que reaniman a los muertos, y en el corazón, que reviven a los zombis emocionales. Tres son los personajes principales, pero la esencia de todos ellos es la misma. George Lonegan (Matt Damon, el actor más eficiente del mundo) es un psicopompo, alguien con la facultad de conectar con el más allá y escuchar los espíritus que traspasaron la línea de sombra. La basta un roce, un apretón de manos, para invocar a tal o cual espíritu. Lo que podría ser considerado un don, él lo vive como una maldición: "La basada en la muerte no es una forma de vida", le dice a su hermano cuando éste le anima a montar un negocio online de espiritismo.

Los otros dos protagonistas, un niño londinense y una presentadora de la televisión francesa, tienen dos heridas mortales de necesidad en su anhelo de inmortalidad. Él ha perdido a su hermano gemelo en un accidente de tráfico. Ella se ha perdido a sí misma... tras haber bajado al Hades involuntaria y sorpresivamente. El niño, de palidez y delgadez dickensianas, confuso y desorientado, peregrina como alma en pena por su particular purgatorio: la vida sin el liderazgo y la complicidad de su hermano. La experiencia de la muerte lleva a la francesa a replantearse todo su sistema de valores. Ambos comienzan una trayectoria vital cuya meta es el descubrimiento del sentido de la vida en el desvelamiento del significado de la muerte.

Porque si la muerte no tiene sentido, ¿lo puede tener la vida? Este es uno de los grandes interrogantes a que se enfrenta Eastwood. El otro no es menos estremecedor : ¿por qué lo llamamos sexo cuando lo que estamos buscando, como un mutilado de guerra echa de menos ese brazo o esa pierna que le ha sido arrancado de cuajo, es una persona amada y amante que nos redima de la solitaria soledad?

Las tres historias se van entralazando con precisión no exenta de suspense. Como en los números de magia, sabemos y esperamos el final feliz, pero lo que nos atornilla a los asientos y nos hace contener la respiración es cómo el mago Eastwood va a resolver el truco, haciendo que el dickensiano niño, la guapa francesa y el americano impasible terminen mezclándose y resolviendo sus problemas comunes.

El guión lo resuelve con un par de varitazos maestros. Más allá de la vida es una película de índole sobrenatural y al mismo tiempo una feroz diatriba contra los sacadineros que pretenden tener una relación privilegiada con el otro mundo. Fans de Iker Jiménez, abstenerse. El viejo e irónico Eastwood hace que el poseedor de tan extraordinaria facultad se niegue a utilizarla con propósitos crematísticos, y por eso es premiado con el descubrimiento de la única mujer en la que la experiencia de la muerte le permitirá descubrir la esperanza de la vida.

Y luego está el tono de la película. Nada de optimismo buenista ni nihilismo pesimista. Una cadencia elegíaca atraviesa las tres historias, porque aunque el final feliz es balsámico, también queda un poso de resignada tristeza. Como en las películas de Capra, que igualmente escondían bajo una superficial cobertura edulcorada una lúcida y negra visión de la naturaleza humana, en Más allá de la vida se nos ofrece un instante de catarsis del dolor por la pérdida de seres queridos y de la utopía de una felicidad amorosa perfecta. Pero también nos advierte de que a la salida del cine nos espera un mundo dominado por la estafa y las relaciones imperfectas. Como la de esa chica con la que compartimos un curso de cocina en el que colocamos en su lengua una habichuela y que, tras conseguir llevárnosla al apartamento a una cena íntima, se nos revela propietaria de un horrible y espantoso secreto que nos aleja de ella para siempre.

Ese es el mundo verdadero, chicos y chicas. Y este es el cine auténtico, el que nos permite soñar con verosimilitud con que otro mundo sea posible. Un mundo en el que los muertos nos hablen y nos animen a vivir por nosotros mismos y las chicas francesas nos amen al primer roce de piel. Eastwood ha compuesto un hermoso réquiem. No como el de Mozart, no como el de Bruckner, sino como el de Faurè: optimista y doloroso, luminoso y apesadumbrado, ligero y profundo. El mensaje: mientras te vas muriendo, apúntate a un curso de cocina italiana, visita la casa de Dickens en Londres, escribe un libro sobre lo que te importe y no sobre el idiota de Mitterrand, llora a tus muertos y, sobre todo, acaricia a los vivos.

 

MÁS ALLÁ DE LA VIDA. Dirección: Clint Eastwood. Guión: Peter Morgan. Música: Clint Eastwood. Fotografía:Tom Stern. Reparto: Matt Damon, Cécile de France, George McLaren, Lyndsey Marshall, Bryce Dallas Howard, Jay Mohr, Derek Jacobi.

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