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CRÓNICA NEGRA

Estas cosas no pasaban

Empeñados en restarle importancia al incremento de la inseguridad, las grandes noticias que ponen en peligro la tranquilidad de los ciudadanos quedan esquinadas o disfrazadas. Algo muy corriente ahora es que las grandes informaciones de sucesos de una comunidad no tengan reflejo en los grandes periódicos nacionales. O al menos no el reflejo y la atención que merecen.

En el Levante, por ejemplo, sufren una oleada de robos en las casas con gente dentro que ha provocado una gran alarma. Pues ha merecido una difusión de perfil bajo. En Vinaroz, Castellón, dos ancianos fueron sorprendidos en el interior de su vivienda y golpeados brutalmente para que confesaran dónde habían guardado las cosas de valor, de las que por desgracia carecían. Fueron abandonados por los agresores en un estado lastimoso, con las caras abotargadas y enrojecidas por los hematomas.
 
El botín fue escaso, se dice que de unos 200 euros. Por lo que hace a los agresores, se informa de que uno de ellos podría haber sido detenido. Al parecer, son individuos de origen magrebí que además podrían haber actuado bajo una fuerte intoxicación etílica. Es decir, malos musulmanes –o renegados– que, además de agredir con extrema violencia, lo hacen borrachos y desalmados.
 
Una serie de chalés han sido asaltados en la misma comunidad autónoma. En este caso se trata de delincuentes silenciosos que burlaron la vigilancia de los perros y desvalijaron las casas con los habitantes dentro... y durmiendo. Las víctimas dicen haber sido narcotizadas, en lo que se trataría de un revival del mito de la Banda del Spray, que inducían al sueño a los propietarios de las viviendas antes de robar en ellas.
 
En los alrededores de Madrid, un grupo de maleantes roban de nuevo ordenadores en centros oficiales. En el barrio barcelonés del Raval se lleva a cabo una de las mayores redadas contra las mafias de trata de blancas, lo que viene a reforzar la idea de que en la actualidad la prostitución está en manos de delincuentes rumanos que se distinguen por su brutalidad en el trato a las chicas.
 
En Lérida, un joven que salía con su vehículo a la calle desde el párking resulta herido de muerte por un tipo cubierto con un pasamontañas que le descerrajó varios tiros. Es algo cada vez menos insólito pero que no deja de sorprendernos, pues se trata de una copia exacta de los métodos mafiosos sacados de las películas americanas, que a la vez sacan estas escenas de casos reales.
 
En Majadahonda, Madrid, un individuo de origen búlgaro recibe tres disparos en la cabeza mientras paseaba con su novia frente a su casa. Según informa la policía, está relacionado con investigaciones sobre actividades turbias realizadas un año antes. La fórmula de la agresión vuelve a coincidir con el inconfundible estilo de Crimen S. A.: una berlina de alta gama que conduce un experto en conducción evasiva, un acompañante con pistola que apunta a la cabeza... Probable intento de ejecución, un golpe más del vicariato.
 
En el caso del joven de Lérida las hipótesis incluyen la posibilidad de que el ejecutor se equivocara de víctima. Esto, aunque posible, resulta muy raro, dado que, por lo que sabemos, el criminal se acercó a la ventanilla del coche y disparó a muy corta distancia. Muy extraño que se equivoquen si son profesionales; mucho más, si se trata de algún asunto personal.
 
Lo nuevo es que, tanto en Lérida como en Majadahonda, los pistoleros no temen actuar a plena luz del día, van perfectamente provistos de armamento y tienen claro el objetivo.
 
De madrugada, en un local de copas de esos a los que ahora llaman after hours, unos indeseables, también desde un coche, disparan contra un cliente cuando salía del recinto. Consiguen dejarle una bala en el abdomen. El hecho puede estar relacionado con las bandas juveniles, probablemente bien provistas de armas de fuego. La circulación de pistolas en manos de delincuentes va en aumento. Su utilización y la intención letal de las acciones en que se emplean corren paralelas.
 
Lo que demuestra este catálogo de delitos es que los delincuentes se han endurecido. Ya no respetan la integridad ni la vida. Cualquier pequeño botín, incluso el robo a un cliente a la salida de un bingo, provoca una agresión salvaje que no mide los daños. Estos delincuentes no se parecen en nada a los que procuraban no agravar sus delitos y distinguían entre hurto y robo, entraban en las casas cuando estaban vacías y preferían huir antes que apretar el gatillo. El peligro ahora es casi siempre mortal.

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