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PANORÁMICAS

Ficción, o el cine inane

En 1909 Marcel Duchamp dibujó una gris y pesada pareja urbana arrastrando el cochecito de un bebé como si estuviera marcada por la maldición de Sísifo. "¡Esposas, tres hijos, una casa en el campo, tres coches! Yo evito las obligaciones materiales. Me paro. Hago lo que la vida me pide". Duchamp, como años más tarde Conchita Velasco, quería ser artista a toda costa, para lo que tenía que ser auténticamente él, sin lastres convencionales. Y a fe que lo consiguió.

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El protagonista de Ficción, Álex (Eduard Fernández), un director de cine casi cuarentón, se encuentra atrapado en el cepo que evitó Duchamp, no así la Velasco. Inmerso en una crisis creativa, se refugia en la casa que su amigo Santi (Javier Cámara) tiene en las inmediaciones de los Pirineos orientales. Retraído e introvertido, distante y disperso, en la soledad de su casa, rodeado de montañas y vacas, es incapaz de escribir una línea o mostrar síntomas de animación en compañía de su amigo Santi, la amiga más o menos íntima de éste y Mónica, una violinista que busca también un poco de paz y sosiego pueblerino.
 
Sin embargo, como les suele suceder a los urbanitas, de los que el director Gay se considera portavoz y representante ("He querido hacer una película sobre la renuncia. Muchas parejas de amigos míos se separan con uno o más niños y yo quería plantear la idea de la represión. Mi generación vive entre el divorcio, la separación y el caos, y yo me planteo en Ficción qué debemos hacer para que esto no ocurra"), el aire puro del campo les sienta fatal, la compañía de los cuadrúpedos los estupidiza aún más y, para colmo de males, en mitad de la montaña no hay señales que indiquen bares, ¡qué lugares!, acogedores. Tras una excursión de las dos parejas accidentales, el director de cine y la violinista se pierden y se resguardan en un refugio de montaña.
 
Pero tranquilos, no pasa nada, como en la hora de película anterior y los tres cuartos restantes. Porque la clave de la película es mostrar a unos ciudadanos dolientes y molientes, malolientes a veces –como le hace notar Mónica a su casto acompañante–, a los que les pasa que no les pasa nada. Gay retrata a unos estreñidos emocionales con impericia, superficialidad y falta de imaginación. Con frases del tipo: "Por enamorarse un poco no pasa nada, ¿no?".
 
Ficción es grande por lo que revela: la banalidad, superficialidad e incultura de la "clase artística" en este país, su bajura emocional y su falta de preparación y densidad intelectual. Que durante casi dos horas no haya un diálogo interesante, un palabra inteligente, un gesto original... El minimalismo expresivo del film se basa en miradas y silencios presunta y presuntuosamente cargados de significado, pero no hay que confundir lo simple con lo simplón. Un solo detalle de expresión o una ironía de Toby Ziegler, el malhumorado consejero áulico del presidente Bartlet en El ala oeste de la Casa Blanca, dice infinitamente más sobre la insoportable levedad del ser burgués que pretende diseccionar Gay.
 
Aburrida como sus protagonistas, la película carece de la gracia y la ironía con que Rohmer o Nicholas Ray han tratado temas similares. El sentido del humor de Rohmer, el fino desenmascaramiento que realiza a través de una puesta en escena basada en el subrayado del detalle y en diálogos en los que es revelador lo que no se dice, es sustituido por el encadenamiento de imágenes de postal de las montañas pirenaicas y de los rostros de los protagonistas, aún menos expresivos que las montañas. La intensidad y la variedad de ritmos de En un lugar solitario, en la que Humphrey Bogart y Gloria Grahame también "se enamoran un poco", encuentra ahora un espejo deformado que achica a unos personajes ya de por sí enanos, con los que los actores hacen lo que pueden (aunque la falta de sintonía entre Eduard Fernández y Montse Germán tampoco ayuda).
 
Por otra parte, es de lamentar, y condenar, que haya tenido que ser doblado al español el 100% de la película para su pase fuera de Cataluña, cuando en el original se habla la mitad en catalán. Si en general la versión doblada es un atentado a la integridad del cine, en el que la palabra es tan importante como la imagen, el hecho de que se suponga que el público español es incapaz de leer unos cuantos subtítulos es uno más de los insultos que los distribuidores españoles regalan a los sufridos espectadores.
 
Al final de El ángel exterminador un rebaño de ovejas asaltaba con terroríficos balidos la mansión embrujada de la que unos estupefactos burgueses de botellón glamouroso no conseguían salir. Mucho le preguntaron a Buñuel por el significado de la metáfora, y por lo que conozco don Luis se limitó siempre a encogerse de hombros. Y es que las metáforas, o se las aplasta como chinches, estrategia Flaubert, o se las trata como hechos transparentes. Al principio de Ficción nuestro tedioso, soso e inane director de cine se ve rodeado por un peligroso rebaño de ovejas, ante el que recula sobrepasado. Y me temo que Gay, ni tiene el rigor de Flaubert ni, mucho menos, la ironía de Buñuel.
 
 
FICCIÓN (España, 2006). Dirección: Cesc Gay. Guión: Cesc Gay y Tomás Aragay. Intérpretes: Eduard Fernández, Montse Germán, Javier Cámara, Carme Pla, Ágata Roca.. Calificación: Aburrida (5/10).
 
Pinche aquí para acceder al blog de SANTIAGO NAVAJAS.
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