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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Frikielecciones europeas, y 3: ¡viva la abstención!

Finalizamos esta breve entrega sobre las propuestas de los partidos más interesantes que concurren a las elecciones europeas de este domingo, que hemos realizado en beneficio de los esforzados votantes que hayan decidido sacrificar el vermú del domingo a la orilla de la playa para validar con su voto el engendro europeo.

Uno de los partidos marginales que forzosamente llaman la atención es Por Un Mundo Más Justo (PUM+J), aunque sólo sea por lo onomatopéyico de sus siglas. El PUM+J incluye en su programa una propuesta muy interesante para luchar contra la pobreza (liberalizar por completo el mercado internacional para facilitar la comercialización de los productos de los países subdesarrollados), aunque después estropee ese buen efecto inicial incorporando otras más bien folclóricas, como la implantación de la famosa tasa Tobin, o directamente delirantes, como la eliminación de las patentes farmacéuticas para que los países pobres tengan medicinas más baratas.

El día que se paren a pensar un poquito esto último llegarán a la conclusión de que, si se quita a las empresas dedicadas a fabricar medicamentos ese incentivo, ni fabricarán medicinas ni dedicarán recursos a la investigación, con lo cual tendríamos que curarnos con vapores de eucalipto y remedios de la abuela. A no ser que sea eso lo que pretenden en última instancia, en cuyo caso no tenemos nada más que decir, salvo alabar su coherencia doctrinal.

Y antes de que un miembro de este partido me envíe un electrograma (© Aquilino Duque) poniéndome a parir, diré que, por supuesto, soy partidario de que haya mayor justicia en el mundo, faltaría más. El problema es que la receta del PUM+J no resultará en un mundo más justo, sino más pobre e igualitario, algo completamente distinto al ideal de justicia planetaria que los pumjoteros pretenden defender. En otras palabras, iríamos del PUM al KATAPUM, y para ese viaje ya llevamos a Zapatero en las alforjas.

Zapatero.Otra formación muy curiosa entre las que concurren a estas elecciones es el Partido Regionalista del País Leonés (Prepal), que persigue que Salamanca, Zamora y León constituyan una autonomía propia, suponemos que como paso previo a la autodeterminación, en la mejor tradición constitucional española desde que Zapatero llegó al poder. Ignoro la intensidad del sentimiento nacionalista entre los ciudadanos de esas provincias, pero, a juzgar por los datos de las últimas elecciones generales (el Prepal obtuvo su mejor resultado en Zamora: 491 votos), no parece que sea una cosa exacerbada. En todo caso, la construcción nacional no es un proceso que pueda llevarse a cabo de un día para otro, como demuestra el caso catalán, aunque a mí particularmente el botillo y el cocido maragato me parecen dos hechos diferenciales tan dignos como otro cualquiera y, con seguridad, bastante más nutritivos.

El Prepal se presenta a las elecciones europeas para defender lo leonés, el leonesismo y la leoneseidad (sic). Por alguna oscura razón que se nos escapa, sus dirigentes entienden que tales reivindicaciones histórico-territoriales van a encontrar mejor acogida entre la marea funcionarial de Bruselas y Estrasburgo que en el ministerio de administraciones públicas del gobierno de Zapatero, leonés también, por cierto, si bien poco leonista y escasamente leonesitario, dicho sea para su oprobio personal.

El PP y el PSOE, mientras tanto, han hecho una campaña muy ajustada a la realidad, aclarando a los votantes la importancia de la Unión Europea para nuestras vidas. En efecto, la UE es tan trascendente para nuestro bienestar, que no han dedicado un solo minuto a explicar qué aspiran a defender en el parlamento europeo, conscientes de que se trata de un lugar absurdo cuya única utilidad es albergar a los políticos amortizados en sus países para que se hagan ricos en los cinco años de su mandato (a razón de 13.000 euros mensuales, gracias al trinque de dietas fraudulentas), y enchufen a un puñado de familiares y conocidos con su sueldazo correspondiente. Por eso, el motivo central del debate electoral ha sido la utilización de un avión oficial por parte del presidente del gobierno para asistir a actos de su partido, como si el hecho de que Zapatero hiciera autostop con los escoltas fuera a repercutir en el bienestar de los ciudadanos europeos.

Los dos grandes partidos han hecho de esta forma un favor impagable a los que hemos optado por la abstención, pues difícilmente se podrán dar más argumentos para irse a la playa el domingo que los desgranados por Zapatero, Rajoy, el hermano de Sorrocloco y Mayor Oreja a lo largo de estos quince días de campaña. En las últimas europeas la abstención sobrepasó el cincuenta y cinco por ciento, que se dice pronto. Sin embargo, creemos que el próximo domingo podemos pulverizar esta plusmarca y conseguir un setenta por ciento muy apañadito, que es exactamente lo que merece el engendro político y burocrático de la UE y los dos grandes partidos españoles. Yes, we can.

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