Menú
CRÓNICA NEGRA

La monja del 'benladen'

En el convento de Santa Lucía de Zaragoza han robado, supuestamente, un millón y medio de euros. Lo estremecedor es que, al parecer, el dinero estaba en bolsas de plástico y en billetes benladen.


	En el convento de Santa Lucía de Zaragoza han robado, supuestamente, un millón y medio de euros. Lo estremecedor es que, al parecer, el dinero estaba en bolsas de plástico y en billetes benladen.

Un benladen es un billete de quinientos euros, y se le llama así porque, al igual que al icono yihadista, muchos hablan de él pero nadie lo ve. Creo que es de color morado, y tiene un valor que pone el vello de punta.

El convento de Santa Lucía es de monjas cistercienses de clausura, con sus albas tocas y sus modales refinados. La madre superiora, al parecer, pagaba con algún que otro billete de estos gruesos trabajos y encargos para la comunidad, pero ¿qué hacía ahí ese tesoro, más valioso que el El nombre de la rosa y más peligroso que una secta satánica?

Resulta que en la historia de España tenemos la hija noble que se mete a monja, la monja de las llagas, y también la monja alférez, la monja que se queda embarazada y se hace monja, la monja que se retira del mundo, la que renuncia a la vida mundana, la que se refugia en brazos del señor, la que huye de una familia exigente, la que esconde una tragedia personal, la que se entrega a don Juan Tenorio y la monja pintora, que es una de las madres del convento del tesoro zaragozano.

Esta monja artista logra obras hiperrealistas que estremecen, y hace exposiciones en las que vende los cuadros más caros que el oro. No creo que los billetes los haya pintado ella, porque seguro que doblaría su valor; más bien podría ser que el dinero viniera de alguna venta legal de su industria. Pero no es la cantidad de dinero lo que llama la atención, sino el hecho de que estuviera en un armario, en bolsas de plástico, como las que dicen se llevaba Luis Roldán de su despacho de director de la Guardia Civil. Por cierto que Roldán, el primer bandido director general del Instituto Armado, es de Zaragoza, y, por la familiaridad que tiene con los billetes grandes, se supone que ya le habrán interrogado. "Don Luis, ¿es usted de las monjitas cistercienses? ¿Tiene usted tentaciones? ¿Sabe lo que es un benladen? Con uno de quinientos se hace don Luis un sombrero de Napoleón.

El caso es que, pasado el primer minuto de desconcierto, se produce un baile de cifras: ya no era un millón y medio lo que faltaba, sino menos de medio millón, cantidad más acorde a lo que puede reunirse con la liquidación de unos cuadros de buen precio. ¿Y cómo es que pagaron todo con billetes de quinientos y en bolsas de plástico? Es una casualidad, claro, pero de esta misma forma llevan sus dineros los delincuentes. ¿Es que se trata de una donación? Pues si lo fuera, tendrían que haberlo comunicado a las autoridades. O sea, que las monjitas están nerviosas y tal, pero se dicen en paz con el fisco, porque ellas, que todo lo lavan y todo lo limpian, solo en apariencia, que conste, parecen lavanderas en un renuncio.

Las hermanas tenían el dinero agrupado, semiabandonado en un armario, del que extraían migajas para pagar servicios, hasta que un vivo lo pilló, o una traición las delató. Entraron sin romper nada, como en una casa católica y respetable, se fueron al sitio de los billetes y lo dejaron más limpio que colmillo blanco bajo láser. La madre superiora tuvo que llamar a la fuerza pública, que buscó dinero blanco, dinero negro, indicios y pruebas, entre la conmoción de tocas y la histeria de la paz: "El señor nos da, el señor nos quita".

Yo voto por que les devuelvan el dinero a las monjitas cistercienses de clausura, que, venga de donde venga, le darán buen uso. Buenos estamos si no podemos ni fiarnos de las monjas, ¿pero qué país es este? Ojo ahí, que ese dinero es sagrado.

0
comentarios