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CRÓNICA NEGRA

Las medallas que el Gobierno niega y el Supremo da

El 7 de diciembre de 2007 el Gabinete Zapatero, en el que no hay víctimas del terrorismo pero sí viejos resabios de la Guerra Civil –recuerden la injusta muerte del abuelo de ZP–, denegó la Gran Cruz de la Real Orden del Reconocimiento Civil a María Concepción García Llorente, fallecida en el incendio del hotel Corona de Aragón, ocurrido el 12 de julio de 1979.

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La familia solicitaba la distinción para María Concepción sobre la base de que había sido una víctima del terrorismo. Ahora el Tribunal Supremo le ha dado la razón, y la medalla; incluso ha admitido que aquel pavoroso incendio no fue otra cosa que un ataque terrorista. Para rematar, al Alto Tribunal le ha faltado atribuírselo a la banda que tiene más papeletas.
 
El TS ha concedido, pues, el derecho a la medalla que el Gobierno niega, con lo que ha abierto una vía para que soliciten lo mismo los familiares de las otras 79 víctimas del mayor atentado político de la Transición, hasta ahora enmascarado y oculto como lo que es, el gran secreto de aquellos años.
 
Para memoria histórica, la de las víctimas de este formidable suceso, sobre el tanto han mentido los gobiernos; algunos incluso han sido cicateros, esquivos, desabridos. Pero ninguno como éste. Al menos el PP, con Mayor Oreja de ministro del Interior, reconoció a las víctimas el derecho a la indemnización solidaria, y otros les doraron la píldora. El primero de Suárez, en cambio, por medio de Francisco Laína, impuso la versión del fuego provocado por la máquina de hacer churros.
 
Una vez más, se demuestra que el poder es desagradecido e injusto con las víctimas del terrorismo. También, que es falso que lo que pretende la memoria histórica sea ampliar el conocimiento de la sociedad. 

En el incendio del Corona de Aragón hubo tres focos, participaron al menos tres pirómanos y se utilizó pirogen, napalm y magnesio. El napalm es esa sustancia que arrojan los helicópteros en Apocalypse Now y quema el bosque en un santiamén, con música de Wagner. Pues bien, estos misterios revelados de la memoria olvidada, y que al Gobierno se la refanflinflan, nos los ha venido a explicar un perito privado gracias al abogado Pedro Cerracín, de la AVT, que es el que ha ganado la demanda por lo contencioso-administrativo, es decir, la vía más lenta de la justicia.

El perito nos explica lo que ninguna fuerza política: que el fuego se debió a factores exógenos, que no tuvo nada que ver la máquina churrera, y que para churro, la mentira prolongada en el tiempo. Hasta ahora, cuando con gran sorpresa vemos el dictamen del Alto Tribunal en la prensa aragonesa y… en ningún sitio más. Los telenoticias se la envainan, los comentaristas se atragantan, los debates televisivos ignoran la nueva.
 
Señores: ¡se ha aclarado el gran secreto de la transición! ¡La banda terrorista dio muerte a 80 personas en el Corona de Aragón! Sepan ustedes la historia, el servicio al Gobierno del fino Laína, la cortina de humo que trata a los ciudadanos como si fueran menores de edad y a los menores de edad como si fueran sultanes, a condición de que delincan.
 
El Corona de Aragón, gran hotel en el centro de Zaragoza, albergaba aquel día a la familia de Franco: la viuda, Carmen Polo; la hija, Carmencita; su marido, el Marqués de Villaverde, la pequeña Arancha y una amiga de ésta. Iban a asistir a la ceremonia de entrega de despachos a los cadetes de la Academia; entre ellos estaba José Cristóbal, el único nieto del general que quería seguir la carrera militar. La banda ETA nunca atentó contra Franco, ni contra los Franco, excepto en esta ocasión, en la que hizo la reivindicación con la boca pequeña. Eran tiempos en que andaban a zurriagazos los milis y los poli-milis, es decir, la facciones irreconciliables del clan del terror. Pusieron los inflamables y llamaron al gran periódico Heraldo de Aragón para reivindicar el atentado. ¿Por qué no les creyeron?
 
Había ruido en los cuartos de banderas y muchos militares en el Corona de Aragón, así como familiares de éstos. España estrenaba democracia, y quizá había que amortiguar los riesgos, pero en ningún caso estaba justificada la gran mentira.
 
Los muertos del Corona de Aragón son víctimas del terrorismo criminal y merecen la medalla que el Consejo de Ministros les negó recientemente. Para que lo entiendan: la sala del Supremo compara a la banda que le pegó fuego al hotel con los GAL: "Una banda –dice– es una asociación que tiene por objeto cometer delitos como fue el GAL, que secuestró a Segundo Marey". Con todos los respetos, esta frase parece una pulla malintencionada, porque el GAL practicó el terrorismo de Estado con los gobiernos socialistas de González, y recordárselo a Zapatero empuja a éste a un nuevo acto de memoria histórica, aunque no en el sentido que él desea.
 
Los que quemaron el Corona de Aragón son como los del GAL, y los que ocultaron lo que pasó o no pusieron interés en aclarar lo sucedido no se merecen el privilegio de gobernar. No en vano el prestigioso Heraldo de Aragón habla de que la sentencia del Supremo supone "un mazazo a la posición del Gobierno". El fallo anula el acuerdo del Consejo de Ministros, reconoce como víctima del terrorismo a una mujer que murió en el siniestro y concede la Gran Cruz a su familia. Si en el Zapaterato hubiera señorío, el Gobierno ya habría anunciado a bombo y platillo la concesión de medalla a todos los que dieron su vida por su país en aquel fuego infame.

La extraordinaria noticia, que mueve a la satisfacción por lo que tiene de reivindicativo y de homenaje, no se ha difundido por España. Fuerzas no identificadas, la mano negra que pende sobre nosotros como la espada de Damocles, los modos cada vez más antidemocráticos de las redes informativas, el poder omnímodo, han logrado que muy pocos se enteren de lo ocurrido, y sólo en la comunidad de Aragón. En el resto, ni primeras páginas, ni tertulias de grandes espadas ni sumarios en el telenoticias. No conviene que se sepa de este nuevo batacazo.


FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.
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