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PANORÁMICAS

¿Qué es esa cosa llamada 'arte'?

¿Qué es esa cosa llamada arte? Esa pregunta tenía una respuesta más o menos clara hasta que en 1917 un tal R. Mutt envió un urinario de porcelana blanca para ser expuesto a una exposición de artistas independientes en Nueva York. No se lo aceptaron porque aquello no parecía satisfacer los requisitos usuales para ser considerado una obra de arte. ¡Por Dios, era un váter! Sería como aceptar pulpo como animal de compañía.

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Casi cien años después, los pulpos no sólo son animales de compañía, sino que también son empleados como augures futbolísticos...

Mutt no era Mutt, sino la máscara tras las que se escondía el artista y filósofo Marcel Duchamp, que comenzaba así el giro intencional en la historia del arte:

Si el Sr. Mutt construyó o no con sus propias manos la Fuente no tiene ninguna importancia. Él la ELIGIÓ. Tomó un objeto de la vida diaria, lo reubicó de manera que se perdiera su sentido práctico, le dio un nuevo título y punto de vista y creó un nuevo significado para ese objeto.

O, como diría años después Wittgenstein en un contexto más amplio: el significado y el sentido residen en la función, en el uso. Es decir, preguntar por el significado de un objeto simbólico, sea una palabra o un hecho artístico, equivale a preguntar cómo se usa.

En el siglo XX, los artistas más influyentes en la deriva del arte no fueron los mejores artistas, sino aquellos que supieron interpretar mejor las condiciones sociales en que se movían. Duchamp, Warhol y Banksy ampliaron el concepto de lo artístico llevándolo a los urinarios, el supermercado y la calle. Vivimos en las sociedades capitalistas y democráticas occidentales una estetización creciente que llega a todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Por otra parte, vivimos una época de confusión epistemológica derivada de la fusión de la fiction con la faction. Conceptos clave en la labor emancipatoria de la Ilustración y la Modernidad filosófica y científica, como verdad, veracidad u objetividad, han sido denigrados, ridiculizados y finalmente declarados zombies por el relativismo postmoderno, que ha condenado a los artistas a vacilar entre una expresividad autocomplaciente y una politización básicamente impotente.

Duchampiano hasta la médula por su actitud iconoclasta, aunque al mismo tiempo rabiosamente antiduchampiano por su reivindicación del artesano frente al artista meramente conceptual, el grafittero Banksy ha realizado con su documental Exit through the gift shop ("Salida por la tienda de regalos") un monumento a la ambigüedad artística, tanto en cuanto al contenido –el lugar del arte grafittero en la órbita artística– como la forma –las convenciones que distinguen un documental de una obra de ficción.

El resultado es tan brillante como discutible. Del mismo modo que Duchamp se escondió tras la invención del señor Mutt, Banksy se oculta en un doble simulacro: el de su anonimato, ya que nadie sabe cómo se llama realmente ni cuál es su aspecto físico, y el del Terry Guetta, su marioneta en el documental, un tipo que realmente existe... aunque no está muy claro que el que aparece en el documental no sea realmente un personaje de ficción. Y es que Exit through the gift shop es un enigma dentro de un acertijo que esconde un rompecabezas.

Empezando por el título. Banksy hace una alusión a las dos instituciones que en la actualidad dominan, controlan y estructuran la creación artística. Por un lado, el mercado. Por otro, el museo. Y parece que no le gusta ninguno de los dos. Entroncaría de este modo con una tendencia académica dominante en la crítica artística, que podríamos denominar marxismo postmoderno, que aborrecería del concepto de propiedad privada, sobre todo en el ámbito cultural, a la vez que rechazaría cualquier intento de establecer una concepción fuerte y nítida de lo artístico. Desde esta perspectiva, tanto la institución museística, dominanda por los jerarcas del establishment estatal (profesores, curadores, políticos repartiendo becas y subvenciones), como el mercado (premios, galerías de arte) estarían corrompidos de raíz, teniendo su máxima expresión en la tienda de merchandising que cualquier museo que se precie tiene a la salida, y por la que obliga a pasar al turista del arte, el buen burgués que ha sustituido la misa dominical por la visita a la última exposición de moda.

¿Qué hay a la salida de la tienda de regalos del museo? Pues, según Banksy, el auténtico arte, el art street, democrático, espontáneo, libre, montaraz pero auténtico. Revolucionario como el V de Vendetta. Pero con el peligro de verse fosilizado por las dos instituciones que crítica, el ominoso mercado, el voraz museo.

Banksy muestra aquí una madurez y un conocimiento formal sorprendentes para un primerizo (hay quien apunta que no es hombre ni es mujer, quizás un colectivo, ¡a lo mejor una multinacional del grafito que ha comprendido que el mejor negocio capitalista es hacer pintadas anticapitalistas!). A un guión férreo, lleno de sorpresas ingeniosas, bromas descacharrantes e insospechados giros, se le unen unas interpretaciones extraordinarias, como la del auténtico Thierry Guetta haciendo de un falso Thierry Guetta (¿o es al revés?).

Banksy ha realizado una película como sus grafitis: bromas completamente en serio en las que la facilidad pop de las representaciones clásicas se combinan con una ironía crítica sobre algunas de las paradojas más estimulantes del capitalismo electrónico y virtual que nos rodea: el estatuto de las propiedades intelectual y física; lo borrosas que se han hecho las fronteras entre las manifestaciones artísticas; lo complicado que es, en definitiva, reconocer cuándo el Emperador viste las ropas más ricas y lujosas o es que simplemente está desnudo.

Nominado al Óscar al Mejor Documental, que finalmente ganó Inside job, la cinta de Banksy no podría haber ganado de ninguna de las maneras, porque Banksy tiene la costumbre de morder la mano que le da de comer, como pueden atestiguar los creadores de Los Simpson, que le encargaron hacer la entradilla de animación de uno de los capítulos. En una industria tan acostumbrada a los besamanos, Banksy puede darse con un canto en los dientes con la candidatura.

A medio camino entre Fraude de Orson Welles y Toma el dinero y corre de Woody Allen, Salida por la puerta de regalos se podría llamar también Pinta el grafito y sal corriendo antes de que descubran que eres un fraude.

 

Exit through the Gift Shop (Salida por la tienda de regalos). Producción: Paranoid Pictures, Jaimie D’Cruz. Intérpretes: Rhys Ifans, Banksy, Shepard Fairey, Space Invader, Joshua Levine. Documental. Reino Unido, Estados Unidos. 87 min. 2010. Nominado al Óscar al Mejor Documental 2010.

Pinche aquí para acceder al blog de SANTIAGO NAVAJAS.

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