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ENIGMAS HISTÓRICOS

¿Qué hay de histórico en el Quijote (y V)?

Otro de los fenómenos –especialmente violento, por otra parte– que tenía trascendencia si no nacional sí regional en la época en que transcurre la segunda parte del Quijote fueron las luchas civiles entre nyerros (puercos) y cadells (cachorros de perro). Estos dos bandos venían desgarrando Cataluña desde el siglo XIII, y no era distinta la situación en la época de Cervantes.

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Si el obispo Robuster de Vich era cadell, el diputado de la Generalidad Alexandre d'Alentorn era nyerro. Mientras los cadells defendían más bien a villas y pueblos, los nyerros tendían a sostener los privilegios de la nobleza feudal, aunque el matiz ideológico en muchos casos era muy tenue y primaban las cuestiones personales.
 
De hasta qué punto era preocupante la situación puede dar cuenta el que, al contemplar Sancho las piernas de decenas de ahorcados de los árboles, don Quijote deduzca que deben encontrarse cerca de Barcelona. Así lo indica, igualmente, un memorial dirigido a Felipe III en 1615 por fray Martín de Ferreira donde no sólo se narra el clima de guerra civil vivido por Cataluña, sino que además se afirma que "el daño está en que los que han de executar las prisiones y perseguir los bandoleros están también con la misma enfermedad de la pasión dicha". A partir de 1640 los nyerros adoptaron una postura de simpatía hacia la corona francesa, mientras los cadells abogaron por mantener la lealtad hacia España.
 
En relación con este enfrentamiento entre catalanes, Cervantes introduce el personaje de un bandido generoso, al que llama Roque Guinart en el Quijote y Roque Guinarde en La Cueva de Salamanca (II, 60), que no es sino un trasunto de Perot Roca Guinarda –o Rochaguinarda, como él firmaba–, un salteador de caminos perteneciente al partido de los niarros o nyerros.
 
Nacido en Oristá el 18 de diciembre de 1582, era el quinto hijo de unos campesinos acomodados. En 1602 el obispo Robuster, perteneciente a los cadells, fingió que los nyerros atacaban el palacio episcopal para desacreditarlos y a continuación ordenó abrir fuego sobre el palacio de Carles de Vilademany, un caballero cadell. En aquella acción los cadells tuvieron cuatro muertos y tres heridos graves, entre los que se encontraba Perot Roca Guinarda.
 
A partir de ese momento, con 20 años nada más, éste se convirtió en enemigo encarnizado de los cadells y en un bandolero emboscado en las montañas. Como señala claramente el Quijote, si Roque Guinart se había convertido en bandolero era simplemente por deseo de venganza, y ciertamente (II, 60) tenía unos 34 años aproximadamente.
 
En 1607 la Real Audiencia de Barcelona lo declaró "gitat de pau y treva" y enemigo del rey. Esta declaración tenía como consecuencia directa el quedarse sin ningún tipo de apoyos, porque el que se atreviera a prestárselos corría el riesgo de sufrir penas que llegaban hasta la capital. En 1609 el virrey de Cataluña, duque de Monteleón, ofreció 1.000 libras de recompensa por la entrega de Guinarda, así como el perdón de los delitos del denunciante y de otras tres personas que éste eligiera. A esta situación progresivamente grave se unió, al año siguiente, que Guinarda fue excomulgado por el obispo de Vich, por robar los vasos sagrados de la iglesia de Balenyà. La carrera del bandolero había comenzado por culpa de un clérigo, y ahora se veía sometida a mayores presiones por lo mismo.
 
Consciente de lo desesperado de su situación, en aquel mismo año de 1610 escribió al virrey de Cataluña una carta en la que le ofreció abandonar no más de diez años el Principado a cambio de su perdón y el de algunos de sus secuaces. La oferta fue rechazada, y al año siguiente Guinarda hubo de refugiarse en Francia. Con todo, en julio de 1611, y atendiendo a las súplicas de "personas notables y religiosas", el virrey le indultó a cambio de servir diez años en una compañía, en Italia o Flandes. El texto, conservado por don Eudaldo Mirapeix, escribano de la villa de Ripoll, decía:
 
"Any 1611. A 21 de juliol del dit any de 1611 se embarcá lo famós Rocha-Guinart, cap de quadrilla de bandolers, á Mataró, ab molta gente de la sua quadrilla. Lo Rey li perdoná en tal que havie de prender un desterro per Napols per 10 anys ell y sa quadrilla. Lo Rey li provehí la barca de manteniments ils pagá los nolits. Arribats a Napols, lo Virrey le feu Capitá de campaña".
 
Efectivamente, Roca Guinarda salió para Nápoles, a inicios de octubre de aquel año, donde se le otorgó el grado de capitán de los Tercios. Allí permaneció al menos 20 años, aunque desconocemos los detalles de esta etapa última de su existencia.
 
Una vez más, ignoramos la manera en que Cervantes llegó a conocer a este personaje, pero, en este caso, la conjetura resulta fácil y verosímil. La persona que cuando Guinart llegó a Nápoles le perdonó el destierro y le convirtió en capitán no fue otra que el conde de Lemos, el mecenas de Cervantes al que está dedicada la segunda parte del Quijote. No resulta, por lo tanto, aventurado pensar que por el conde de Lemos o por alguien cercano a él conoció Cervantes la historia de Perot Roca Guinarda, su futuro Roque Guinart.
 
Miguel de Cervantes.El último ejemplo del entrelazamiento magistral entre lo histórico y lo imaginario logrado por Cervantes en el Quijote hace también referencia a un episodio transcurrido en tierras catalanas. Nos referimos al combate naval contemplado por don Quijote y Sancho en las cercanías de Barcelona, en el curso del cual es capturado un bajel pirata a bordo del cual va la morisca Ana Félix. Las cuatro galeras a que hace referencia Cervantes están claramente documentadas, ya que su construcción y mantenimiento habían sido autorizados por la Generalidad catalana en 1599.
 
Aquel proyecto tardó, sin embargo, algunos años en traducirse en realidad. De hecho, las dos primeras –la Sant Jordi y la Sant Maurici– no fueron botadas hasta el 3 de julio de 1607. En cuanto a las otras dos –la Sant Sebastiá y la Sant Ramon–, aún debieron esperar hasta el 15 de julio de 1608 para estar en activo.
 
Estas cuatro galeras se utilizaron en la expulsión de los moriscos, pero estuvieron dedicadas, principalmente, a defender Barcelona de los piratas norteafricanos. De hecho, el relato de su combate en el Quijote es muy similar a alguna de las hazañas realizadas por esta flotilla, que en 1623 –ya después de la muerte de Cervantes– perdió la mitad de sus efectivos en un enfrentamiento con los turcos en San Rafael de Provenza.
 
También es exacto Cervantes en la referencia a un "caballero principal valenciano" al mando de las galeras de Barcelona (II, 63). No menciona su nombre –"Dióle la mano el General, que con este nombre le llamaremos"–, pero parece que es un trasunto de Ramón d'Oms y de Calders. El novelista pudo conocerlo de tiempo atrás, ya que d'Oms había combatido en Lepanto. La única diferencia con su modelo real es que el "caballero principal" no era valenciano.
 
Los ejemplos mencionados durante las semanas anteriores ponen de manifiesto que Cervantes distó mucho de caer en la fantasía al escribir su novela más famosa. El Quijote no es una novela histórica. Sin embargo, en ella aparecen entrelazados de manera magistral lo real y lo imaginario, lo auténtico y lo ficticio. De esta manera, inserta la acción en la realidad histórica y geográfica de su época, contribuyó decisivamente a convertir su obra en modelo de la novela total.
 
 
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