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PANORÁMICAS

'X-Men': ¡muerte a los humanos!

Situémonos. Todo comenzó en el 2000 con X-Men, la película basada en el grupo de superhéores de la Marvel que en España hace siglos, yo era joven, se llamaba La Patrulla X. Posteriormente hubo dos secuelas, X2 (2003) y X-Men: La decisión final (2006), y dos precuelas, X-Men Origins: Wolverine (2009) y la que ahora nos entretiene, X-Men: Primera Generación, en las que se nos relata el inicio absoluto de esta pandilla de mutantes.

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Dirigida con un ritmo firme y vertiginoso por Matthew Vaughn, esta aproximación superpop al mito fundacional del mutante como paso evolutivo del Homo sapiens mezcla con descaro el concepto marxista de lucha de clases, transmutada en lucha entre especies, con el divertimento palomitero, ingenuo y burbujeante de la factoría Marvel, la fábrica de sueños para adolescentes.

El gran acierto del guión ha sido dotar de realismo a las peripecias de los jóvenes mutantes, que van descubriendo entre el horror y la fascinación que son diferentes, que no son normales, que nunca van a poder ser aceptados dentro del estrecho concepto de lo humano que tiene el homo que de forma soberbia y sobrevalorada se ha atrevido a denominarse sapiens sapiens.

Un realismo que evoca el enfrentamiento con los nazis en la Segunda Guerra Mundial y el enfrentamiento con los comunistas durante la Guerra Fría. De ahí que la mejor caracterización de la película sea la que hace el mismísimo John F. Kennedy, en unas imágenes de archivo que se articulan perfectamente con el irrealismo de los titanes comiqueros, cuando anuncia a los norteamericanos que se enfrentan al Día del Juicio Final ante la amenaza soviética de instalar misiles nucleares en Cuba.

Esta imbricación entre el delirio realmente acaecido de un enfrentamiento entre humanos por motivos ideológicos y una nueva lucha entre especies en las que nosotros, los humanos, seríamos los malvados de la película es lo que hace a X-Men: Primera Generación tan inquietante y poética: como una reflexión surrealista en la que quisiéramos dejar de ser lo que somos para convertirnos en el Otro.

Matthew Vaughn, que también adaptó el cómic underground Kick ass de Mark Millar (del que reseñamos hace poco su estupendo Superman, el Hijo Rojo), ha creado un episodio de la mitología del cómic que automáticamente se sitúa en el top ten de las mejores adaptaciones comiqueras de todos los tiempos, junto al Sin City de Frank Miller y el Batman de Nolan, por citar algunos ejemplos incontestables.

Si algo es fundamental para una película de tipos con superpoderes vestidos de manera disparatada es dar con actores que den el tipo al vestirse con pijamas de colores. Y aquí es donde la presencia carismática, seductora y potente de Kevin Bacon, Michael Fassbender o la nueva Grace Kelly, January Jones, interviene para terminar de redondear un producto espectacular e íntimo a partes iguales. La magnificiencia de los efectos especiales está al servicio de una bella disputa moral sobre lo que nos hace ser dignos de respeto: ¿cuáles son los límites de la agresión?, ¿cuándo es razonable apelar a la violencia y a la destrucción del adversario? Charles Profesor X Xavier y Magneto darán respuestas diferentes a estas preguntas y comenzarán uno de los enfrentamientos éticos más intensos de toda la cultura del cómic.

Cuando salga del cine, estimado humano, usted también se preguntará si los mutantes, los diferentes, los freaks, los Otros en general no tienen manos, órganos, dimensiones, afecciones, pasiones como cualquier hijo de vecino. Y, lo más relevante y preocupante: si les hacemos mal, ¿no se vengarán... con todo el derecho del mundo?

 

X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN. Dirección: Matthew Vaughn. Intérpretes: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Kevin Bacon, Rose Byrne, January Jones.

Pinche aquí para acceder al blog de SANTIAGO NAVAJAS.

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