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CUBA

Zoé Valdés: "Los cuatro primeros años de Zapatero fueron vergonzosos"

Antonio Golmar y Rafael López i Rueda

Zoé Valdés (La Habana, 1959), autora de trece novelas y cinco poemarios y una de las activistas contra la dictadura castrista más conocidas y respetadas –y, por ende, odiadas–, publicó recientemente La ficción Fidel (Planeta), un ensayo novelado sobre Fidel Castro y su régimen en el que analiza de forma amena y didáctica las claves de la perpetuación del castrismo y denuncia el apoyo internacional, para nada escaso, que aún recibe.

¿Qué aporta tu libro que no se hubiera dicho antes sobre el castrismo?
Aporta mi visión personal, algunos datos nuevos a partir de lo que vivió mi generación, la nacida en el 1959, año del nefasto triunfo castrista, y claro, también, por ejemplo, mi experiencia personal como escritora que, desde antes del año 1995, antes de mi exilio definitivo, ha estado siempre en perenne estado de rebeldía; hablo de rebeldía como escritora. Quiero subrayar que no muchos me han acompañado diciendo lo que digo en mi libro, aun estando fuera.
 
Y lo haces con una gran intensidad, de la que sin embargo no parece te hayas dejado llevar. El "Yo acuso" con que comienza el libro llama la atención no tanto por su virulencia como por su concisión.
Es un yo acuso a modo de prefacio, a modo de homenaje a algunos amigos desaparecidos. Es un documento sintético. No es una caricia, es un puñetazo, es un fustazo.
 
¿Cuál es la idea central que recorre el libro? ¿Podría ser la impostura, ese "nada es lo que parece" que parece caracterizar a Castro y los suyos?
Exacto. La idea central es descuartizar la impostura, poner la mentira en evidencia, recorrer la figura de Castro no sólo a través de mi visión, sino de lo que han dicho otros especialistas. Principalmente, mi idea era mostrar que no hubo Revolución Cubana. Hubo una guerrita revoltosa y luego un producto de marketing. Y claro, esa mentira fue apoyada por muchos otros.
 
Tu teoría de la Revolución Cubana es muy interesante: una trama urdida, o al menos consentida, por sectores de la burguesía cubana; incluso por un sector de los servicios de inteligencia de los EEUU.
Sí, sé que es una teoría que molesta a muchos, pero no hice este libro para dorarle la píldora a nadie. Hubo mucha ignorancia de un lado, indolencia y frivolidad. Del otro lado, el de Estados Unidos, hubo incomodidad con Fulgencio Batista.
 
No estoy diciendo que Batista fuera un infante del coro, como dirían los franceses; estoy diciendo que no fue tampoco el ogro que nos vendieron. Y que en esta desgraciada historia de los últimos cincuenta años de Cuba hay, en el origen, muchos culpables, no uno sólo. Y que la dictadura castrista ha sido muchísimo más cruel que los dos años de real dictadura de Batista.
 
¿Por qué prestaron tanto apoyo a Fidel Castro sectores que luego serían los primeros en figurar en su lista de víctimas?
De hecho, esos sectores sociales, los obreros, las mujeres, los negros, fueron los primeros en sufrir la mano dura del castrismo. No olvidemos las imágenes que existen de los fusilamientos (entre ellas, la terrible de un negro ejecutado), como ejemplo, podríamos decir, nefasto.
 
La revolución castrista se estrenó instaurando el terror, con ejecuciones masivas. La gente apoyó al inicio por simpatía, después por miedo. Por otro lado, a la burguesía, que tanto la sostuvo, le quitó todo: sus mansiones... todo. La revolución puso a los burgueses el hisopo en la mano, les condenó a limpiar letrinas y enseguida los mandó al exilio.
 
Fidel Castro y Ernesto Guevara.Admirador de Hitler y Napoleón, misógino, racista, homófobo, y marcado por una infancia trágica que también ha sido falsificada por el régimen. ¿Es Castro lo que hoy en día llamaríamos un psicópata, o quizá algo todavía peor?
Castro es un dictador con todos las patologías de los dictadores. Un hombre que se creyó y se cree mejor que cualquier ser humano, prepotente, megalómano, psicópata, como ustedes dicen. Pero su hermano, que no es el mismo caso, forma parte de ese cuerpo dictatorial en el que consiguió convertir a la sociedad cubana.
 
En estas páginas relatas tus primeros encuentros con Fidel y con Raúl. Se ha hablado largo y tendido de la parálisis que provoca a muchos estar ante los Castro. ¿Tanto miedo producen?
Parece que sí. En mi caso fue exactamente como lo cuento. Pero otras personas me han contado la misma experiencia, o sea, esa sensación de sentirse atrapado por un animal superior en fuerza, por una bestia que hipnotiza, seduce y controla. A mí no me sedujeron, pero sí me paralizaron.
 
¿Pensaste alguna vez en olvidarte de Castro y de Cuba, como han intentado hacer otros?
No se trata solamente de que lo haya pensado: he querido incluso imponérmelo. Pero no lo he conseguido. Mi mejor amiga me lo pregunta siempre, me lo aconseja. Bueno, por suerte tengo otros pensamientos muchos más poderosos.
 
Volvamos a La ficción Fidel. En sus páginas haces referencia al aliento que presta el castrismo a varios grupos terroristas, empezando por ETA. También hablas de la conexión entre Cuba y el terrorismo islámico, algo que numerosos especialistas han negado. ¿Qué pistas debemos seguir?
Las de sus palabras y las de su actitud. Recomiendo ver el documental Fiel Castro, de Ricardo Vega, publicado en edición limitada con el libro. Ahí se ve a Castro reivindicando su derecho a ser terrorista.
 
En lo relacionado con el terrorismo ninguna pista es suficiente, y las que proporciona Castro no hay que situarlas en un segundo plano; es mi humilde opinión. A los especialistas los respeto, yo en mi libro no doy por sentado nada; pero sí me pregunto, y pregunto a esos especialistas en qué lugar dejaron las respuestas a ciertas cosas que se dijeron y que sucedieron antes del 11 de Septiembre. ¿Dónde están las respuestas?
 
Una buena parte del libro está dedicada a los que apoyan a la dictadura desde el exterior. Hablas de la izquierdona y de la gauche caviar. Algunas de las anécdotas que relatas son estremecedoras.
Sí, son experiencias increíbles para la época en que vivimos. Y bueno, no ha sido sólo la izquierdona y la gauche caviar. Ha habido de todo, como en botica. También en la izquierda hay gente anticastrista, gente que nos ha apoyado siempre y que se siente dañada, herida. Siempre doy las gracias a escritores como Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina y Javier Marías.
 
No podemos resistirnos a pedirte el nombre de la escritora catalana que te acusó de usar tu cuerpo para promocionarte como escritora.
No lo dije en el libro, no lo diré ahora. Tuvo un cargo muy importante en el Gobierno de Zapatero y salió bastante mal parada. Ella sabe que es ella; con eso me basta.
 
Entre los capítulos que dedicas a la historia de Cuba hay uno sobre las realizaciones de Batista. ¿Tan poderosas son las mentiras del régimen castrista para que haya que seguir recordando que la Isla tenía hospitales antes de que los barbudos se hicieran con el poder?
Sí, las mentiras son muchas, y además tienen la intención de denigrar no sólo a Batista, también a los médicos, a los profesionales y al pueblo cubano. Afirmar que antes de la revolución Cuba era el burdel de los Estados Unidos es querer decir que una buena parte de las mujeres cubanas eran prostitutas. Eso es un insulto insoportable que nuestras madres y abuelas han tenido que aguantar durante cincuenta años. ¡Basta ya!
 
También desmitificas el mal llamado bloqueo (o embargo). ¿Cómo es la relación económica entre Cuba y los EEUU?
Los escritores Jean-François Fogel y Bertrand Rosenthal lo definieron mejor que nadie: es un boicot comercial, no un embargo, y mucho menos un bloqueo. Pero es que además los Estados Unidos compran y venden a Cuba por debajo del tapete, es sabido. Sin contar lo que pasa como ayuda humanitaria.
 
¿En qué consiste el realismo político que los americanos aplican a sus relaciones con la Isla?
El realismo político de los americanos ha consistido, hasta ahora, en evitar que haya un conflicto mayor. Eso es algo que los americanos han sabido controlar, porque los Castro, durante cincuenta años, no han hecho más que provocar a los americanos, pero éstos no se han dejado provocar. Por esta razón, los americanos –hablo del Gobierno estadounidense– han tenido que danzar al ritmo de los hermanos Castro en más de una ocasión; por impedir lo peor.
 
Tu interpretación del llamado raulismo es bastante pesimista.
El raulismo no cambiará nada. Ahora se anuncian con bombo y platillo ciertas medidas que dan vergüenza. Todo es puro maquillaje. Por ejemplo, los cambios de sexo para los transexuales: se trata de treinta casos, pero en todo este tiempo lo que ha existido en Cuba ha sido una violenta represión de los homosexuales. 
 
¿Cabe una alternativa a esta situación?
La alternativa está, por el momento, en manos del régimen. Sólo ellos pueden abrir el país a la democracia, sólo ellos pueden decidir si dan el poder a otros, si liberan a los presos políticos, si dan participación democrática a los disidentes, si se vuelve a la Constitución del 40. Pero no lo harán. La otra alternativa es que el pueblo se lance a la calle, pero lo dudo: es un pueblo cómplice, aun sin quererlo. Es un pueblo exhausto.
 
Eres especialmente crítica con la política de Rodríguez Zapatero. ¿Por qué te parece que su línea de diálogo con el régimen es contraproducente?
No es totalmente contraproducente: ha conseguido liberar presos políticos, en lo que la dictadura ha llamado licencias extrapenales, que ya constituyen liberaciones humillantes para los inocentes encarcelados; pero sobre todo es la actitud de aceptar las condiciones de esas liberaciones, cuando el castrismo no está en sus mejores momentos para condicionar nada –de hecho, nunca lo estuvo–. Me parece espantoso.
 
En lo relacionado con Cuba, los cuatro primeros años de Zapatero fueron vergonzosos: no puso nada en tela de juicio, no condenó el castrismo, negoció con él. Antes de ganar de nuevo las elecciones volvió a jugar el numerito de la liberación de presos cubanos con condiciones. Esto es doloroso para los cubanos; aunque, claro, no hay nada más preciado que la libertad de un hombre.
 
 
NOTA: Este texto es una versión resumida de la entrevista de GOLMAR y LÓPEZ I RUEDA a ZOÉ VALDÉS que publica en su número de verano LA ILUSTRACIÓN LIBERAL.

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