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La heladera de Sevilla

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En el juicio de la heladera de Sevilla, Maricarmen, de 44 años, el fiscal le pide ocho años y medio por homicidio con atenuantes de embriaguez y confesión. Los hechos sucedieron en enero de 2016, cuando la heladera, acompañada por su víctima, se dirigió al local que regentaba y en el que se produjo una pelea entre el hombre, mayor y pequeño, con la mujer joven, grande y fuerte.

El hombre recibió un fuerte golpe en la cabeza y una vez fuera de combate y vulnerable fue estrangulado con un cable. La calificación de homicidio le viene corta, puesto que una vez que lo deja KO con el porrazo lo estrangula aprovechando que no puede defenderse lo que podría considerarse un asesinato de libro presidido por la alevosía. Si los hechos hubieran sido al revés, considero que sería muy difícil que se le concediera al presunto criminal el estatus de homicida y que se le aplicara el atenuante de embriaguez. La pareja, al parecer, tenía cierta relación puesto que la víctima era un habitual de la zona. Lo más probable es que si se probara que había vínculo sentimental, siendo el varón autor, se considerara violencia de género y se le aplicara la ley con toda su contundencia.

Y el caso es que este crimen de la heladera es un crimen de violencia de género: del peor género. En España, como diría algún juez avezado, se nos está yendo la pinza con la distinción entre homicidas y discriminando al varón en hechos que a veces protagonizan mujeres con la consideración más suave. La heladera de Sevilla, del barrio de la Macarena, es una mujer atractiva de huesos grandes y rotundas curvas. Llevó a su víctima al negocio que regentaba y allí le mató escondiendo sus restos en un arcón frigorífico vertical. Luego limpió de forma minuciosa la escena del crimen y ocultó lo sucedido, sin que para ello fuera óbice o cortapisa la supuesta embriaguez. Podría decirse que borracha limpia mejor.

Cuando llegó la policía, que no pudo darse cuenta de nada de lo reluciente que estaba el local, negó saber dónde estaba el hombre y lo mismo hizo con los parientes que le buscaban. Más tarde, sintiéndose acosada, acabó confesando de forma tardía y el benévolo fiscal le reconoce los dos atenuantes, uno de ellos el de embriaguez, con lo que de cumplirse las peticiones de la acusación saldría muy bien librada de un crimen alevoso. Ella dice que es un monstruo y yo estoy de acuerdo.

El crimen de la heladera ya es un clásico en la historia española y hay un antecedente de hace muy poco sucedido en Viena (Austria) donde otra heladera española, Estíbaliz Carranza, una mujer más joven, dio muerte a su marido (2008) y a su novio (2010) descuartizando sus cadáveres y ocultándolos sucesivamente en el subterráneo de la heladería. Allí la llaman "la heladera cara de ángel" porque es una mujer hermosa que según la psiquiatra padece un profundo trastorno de la personalidad que se volvió mortal al intentar deshacerse de parejas que no satisfacen sus expectativas afectivas ni su necesidad de reconocimiento. "Era incapaz", concluye, "de romper de forma convencional": de forma que los puso en el estante de los helados. La perito advierte al tribunal de que podría ejercer de nuevo la violencia como ya lo hizo después de liquidar al marido. ¿Podría repetir también la de Sevilla? En el caso de Viena, el fiscal, que tal vez no come cosas frías, obtuvo para ella la perpetua.

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