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por Jay Bryant

Ratas: Mark Felt y otras más

Fundación Heritage
Mark FeltMi nieta de 5 años, Madelyn, se está relacionando este verano con niños mayores que ella por primera vez y a veces se queda sorprendida de su comportamiento.
 
Cuando una niña de 7 años le sacó la lengua con premeditada malicia anti-Madelyn, mi angelito, que ha sido educada primorosamente, estaba tan escandalizada que fue y se lo dijo a la profesora. Como modelo de relaciones públicas, este hecho demostró ser un desastre para la sorpresa de Madelyn ya que los otros niños comenzaron a llamarla acusica. Esa noche en casa, ella le preguntó a su madre qué significado tendría tal palabra.
 
Lo que representa un problema de niños en un campamento de verano es un problema también para los adultos en su mundo. Si los filósofos han respondido definitivamente a la pregunta de cuándo es éticamente correcto delatar a alguien y cuándo no, no me he enterado. Me parece que es una de esas cosas en la que la persona simplemente debe tomar una decisión y vivir con las consecuencias.
 
En los medios de comunicación, sin embargo, esa pregunta ya ha sido contestada con precisión y la respuesta es ésta. Si usted delata a un republicano, es usted una honrada y fidedigna fuente de información. Si usted delata a un demócrata, es usted un rastrero canalla de los bajos fondos.
 
Mark Felt. Linda Tripp. 2 soplones de verdades cuyas revelaciones contribuyeron a la renuncia o el impeachment de presidentes. A uno, le cantan alabanzas en las salas de redacción de noticias del mundo mientras que la otra es desdeñada como una cotilla sin corazón.
 
Hace unos días, debatí a un famoso periodista, ahora retirado, pero que alguna vez fue el jefe de noticias en Washington de una cadena de televisión, un hombre que conozco bien y que me cae fabulosamente bien.
 
“¡No puedes comparar a Mark Felt con Linda Tripp!” me espetó cuando puse los 2 nombres en la misma oración y luego procedió a hacer exactamente eso, para mayor desgracia de Tripp.
 
Entonces le pregunté:”¿Me puedes dar un nombre, sólo uno, de algún soplón honrado en toda nuestra historia cuyo blanco haya sido un demócrata?” No pudo. La gente de los medios, hasta los mejores, no pueden siquiera imaginar que sus ideas presentan una forma de sesgo político, pero cuando ellos dicen que las transgresiones de Bill Clinton relacionadas con Lewinsky, como las destapó Tripp, eran insignificantes porque “sólo se trataba de sexo”, eso mismo es una afirmación sesgada.
 
A ellos nunca les pasa por la cabeza que la gente responsable pueda no estar de acuerdo con ellos, que pueda ver el sexo promiscuo como un tema serio de interés público. Dejando la simple moralidad de lado, uno puede culpar al sexo promiscuo del problema de salud más importante en el mundo de los últimos 25 años (el SIDA) así como por ser la causa más grande de pobreza en Estados Unidos; porque para las familias monoparentales, cuya amplia mayoría existe como resultado de gente que no quiere poner un límite a su actividad sexual o hacerse responsable de ella, la pobreza americana prácticamente desaparecería.
 
No hay posibilidad que semejante punto de vista se vea representado con justicia en los medios y Tripp no tiene la posibilidad que le den crédito por haberse atrevido a dar un paso adelante con la verdad.
 
En cambio, lo que vemos es la glorificación de Felt; ese Felt que estaba autorizando personalmente registros ilegales y detenciones de americanos en flagrante subversión de la Constitución, al mismo tiempo que estaba delatando a Nixon por hacer lo mismo; la mismísima acusación que yo escuché a 2 reporteros haciendo, cada uno por su lado, contra Nixon la semana pasada, con muchísimos menos agravantes que los que se podrían levantar contra Felt o, ya que estamos, contra Clinton. (¿Se acuerdan ustedes de lo de Clinton y los archivos del FBI?)
 
Se dice que Felt representa el mejor caso a favor de la protección de fuentes de información para el periodismo. Yo no lo creo así. Pienso que Felt podría haber hecho algo mucho más honroso si hubiese dado esa información de manera pública, por ejemplo, pidiendo testificar ante el Comité de Watergate en el Senado retransmitido en directo por televisión. Bob Woodward y todos los otros periodistas habrían tenido acceso a la historia y mucho más importante, la defensa de Nixon también, así Felt podría haber sido sometido a un careo. ¿Por qué no hubiera sido eso lo justo? Pero en su lugar, Felt dio su información exclusiva y secretamente a Woodward, quien aceptó mantener la identidad en secreto por todo el tiempo que Felt viviese.
 
¡Qué gran negocio hizo Woodward! Sin duda, él nunca imaginó que Felt fuese a vivir hasta bien entrados los 90 años. Y Woodward siempre supo que una vez que Felt muriera, tenía un bombazo en forma de libro, con nadie vivo que pudiese contradecir nada que de lo que escribiese sobre esa relación clandestina. Pero cuando la familia del senil Felt descubrió el secreto de Garganta Profunda y, en efecto, hablaron con Woodward para pedirle una parte de las ganancias, Woodward los mandó a paseo. Así es que la sordidez de Watergate continúa todavía en nuestros días.
 
Mi pequeña Madelyn aprenderá mucho sobre los acusicas a medida que vaya creciendo. Pero cuando sea lo suficientemente mayor para estudiar historia y tenga que aprender sobre un antiguo escándalo llamado Watergate, dudo muchísimo que le enseñen la verdad.
 
©2005 Jay Bryant
©2005 Traducción por Miryam Lindberg
 
Jay Bryant es un famoso escritor y experto en Medios de Comunicación. Actualmente es moderador de los Seminarios del Capitolio. Sus comentarios también pueden oírse en la Radio Nacional Pública Americana (NPR) en el programa “All Things Considered”.

Libertad Digital agradece a la Fundación Heritage y al Sr. Bryant el permiso para publicar este artículo.