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Greenpeace condecora al Instituto Juan de Mariana

Gabriel Calzada

&quote&quoteViniendo de Greenpeace, todas las mentiras contra nosotros nos parece una verdadera condecoración. Aprovechando esta distinción, invito desde aquí a López Uralde y a Teresa Ribera a un debate público sobre estos interesantes e importantes asuntos.

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El pasado miércoles la asociación radical ecologista Greenpeace llevó a cabo una rueda de prensa dedicada al Instituto Juan de Mariana y a los autores de un estudio académico que tuve el placer de dirigir hace algo más de un año.

Nada más terminar la sesión desinformativa de Greenpeace, los medios más afines al ecolojetismo nos llamaron. Tenían un problema y querían ver si les podíamos ayudar a solucionarlo. Greenpeace les había presentado una teoría conspiranoica según la cual nuestro estudio estaba respaldado por las grandes multinacionales petroleras pero los periodistas, según nos comentaban, tenían la impresión de que Lopez Uralde y sus fieles guerreros no habían hecho otra cosa que buscar en Google posibles relaciones lejanas y tratar de ligar al Instituto Juan de Mariana con la industria petroleras.

A nosotros, claro, nos entró la risa. Hace un año Greenpeace aseguraba que tenía pruebas de que Exxon Mobil estaba detrás del estudio y del Instituto. En aquel entonces ya dijimos que mentía descaradamente y les invitábamos a probarlo (claro que para qué molestarse si ya me lo explicó en una ocasión el propio López Uralde al término de un debate en televisión: "¿a quién va a creer el público, a ti o al director de Greenpeace?). Pero además les aclarábamos que no nos importaría que Exxon nos ayudara en el futuro, siempre y cuando se tratara de una donación sin contrapartida. Es más, en otro debate en televisión con un alto representante de Greenpeace respondía a esas falsedades diciéndoles que si bien lo que decían era puro embuste, merecía la pena hacer un ejercicio mental imaginando que mi relación con Exxon fuese sumamente estrecha: supongamos que el presidente de Exxon fuera mi padre. ¿Y qué? ¿Es que ya no vamos a debatir argumentos si ese fuera el caso? ¿O es que los únicos estudios válidos son los que financian las administraciones públicas o algunas petroleras como BP?

No sé si BP ha financiado alguna vez a Greenpeace pero lo que sí sé es que la organización radical tuvo durante bastante tiempo en su página web del Reino Unido una solicitud para sus seguidores: comprar gasolina de BP, la petrolera que financia todo tipo de estudios, campañas y proyectos que supongan quitarle dinero al contribuyente para dárselo a las grandes multinacionales que, como la propia BP, desarrollan proyectos que los consumidores no quieren costear. Sí, ya lo sé. Huele que apesta, pero nosotros nos tapamos la nariz y tratamos de atender a los argumentos de los ecologistas y de otras partes con claros intereses en la materia

En esta ocasión Greenpeace vuelve a mentir a lo bestia y se inventa una trama de apoyo al Instituto por parte de una empresa llamada Koch, que en España parece vender papel higiénico y otros productos similares a través de Colhogar. Bueno, ya se pueden imaginar la risa que nos entró. Una vez más les invitamos a demostrar lo indemostrable y una vez más les repetimos que si así fuera lo importante seguiría siendo atender a los argumentos, algo que no suele gustar al ecolojetismo rojiverde.

Para suplir esa laguna argumental, López Uralde y sus mariachis lanzaron dos afirmaciones que suenan a chiste a todos aquellos que se tomen esto del ecologismo con buen humor, pero que resultan patéticas para quien no tenga la suerte de poder reírse del radicalismo, las contradicciones y el odio a las libertades individuales que desprenden las campañas de estos grupos.

La primera dice que tratamos de buscar apoyos en el PP, intentando incluso involucrar a Aznar en evitar un acuerdo global contra el cambio climático. Se ve que no nos conocen nada. No nos interesa involucrar a Aznar ni al PP. Lo que nos interesa es transmitir nuestros argumentos a la opinión pública y participar seriamente en el debate de las ideas. Eso fue lo que hicimos con nuestro estudio acerca del coste sobre el empleo de las subvenciones a las energías renovables. El estudio ha tenido una acogida espectacular a nivel mundial. Greenpeace intenta rebajar las más de mil noticias, reportajes y editoriales positivos en la prensa internacional con las opiniones de un bloguero ecologista en el Wall Street Journal. A "eso" Greenpeace le llama que el Wall Street Journal sea crítico con el estudio, cuando lo cierto es que este periódico ha dedicado tres (sí, tres) editoriales a alabar la metodología, el enfoque y la seriedad del estudio. Pero Greenpeace, fiel a su política de intoxicación, silencia esos tres editoriales laudatorios y trata de dar rango de editorial a lo que no es más que el blog producto de un acuerdo entre el Wall Street Journal y una institución ecologista.

Claro que tampoco habla de los editoriales que nos dedicaron The Economist y otros medios especializados, incluyendo la entrevista en la cadena medioambientalista estadounidense E&E. ¿Para qué iban a hacerlo si resulta que la verdad no encaja con su intento de distorsionar toda esta historia?

La segunda "refutación" de nuestro estudio es una empanada de cartas y un informe del Laboratorio Nacional de las Energías Renovables (NREL por sus siglas en inglés). Los autores del informe de NREL dicen que no les gusta nuestra metodología, que no somos transparentes y que no tenemos estadística que nos apoye. Para quienes conozcan la historia de este estudio, el tema tiene su gracia. NREL es una agencia estatal (Federal) llena de funcionarios dedicados a promocionar las energías renovables a través de investigaciones. Así que cabe esperar que sean críticos con un estudio que pone en duda los supuestos beneficios de las subvenciones que se otorgan a las energías que ellos defienden. Pero lo más curioso es el tipo de crítica que recibimos. En el informe al que se refiere Greenpeace critican la metodología que utilizamos que no es otra que la del coste de oportunidad de las ayudas concedidas a la producción eléctrica renovable y de los empleos creados. Ellos hubiesen preferido usar tablas input-output, el método que Leontief inventó para ser usado en la planificación centralizada soviética. Entiendo que a Greenpeace y a López Uralde le guste la metodología que propone el NREL pero no puede esperar que un grupo de profesores que entienden los beneficios de los mercados libres y de la libertad individual defiendan y usen una metodología pensada para suprimirlos. Además, el informe de NREL ha caído en el descrédito total en EEUU después de que esta agencia tuviera que hacer públicos unos emails en los que se prueba que el estudio fue realizado por unos activistas, que los evaluadores que lo habían aprobado fueron elegidos a dedo previa comprobación de que iban a estar de acuerdo fuera cual fuera su argumento y, sobre todo, que el informe fue ideado, supervisado y coordinado por un lobby de empresas renovables.

A nosotros no nos importa que el lobby renovable estuviera detrás de la contestación, pero a la opinión pública estadounidense le molestó bastante que le vendieran aquel informe crítico como un ejercicio académico contra un estudio pagado por las petroleras, cuando la realidad era casi la contraria: se trataba de un informe auspiciado por el lobby renovable contra un estudio académico de unos profesores de economía españoles sobre las consecuencias del sistema de ayudas español a la producción eléctrica renovable. A la luz del escándalo sobre la oscura línea y la oscura historia de este informe, resulta simpatiquísimo que los de Greenpeace afirmaran que nuestro estudio, aceptado para su publicación en una revista académica, no fuera transparente y acusara de una falta de apoyo estadístico cuando todas nuestras afirmaciones están respaldadas por notas en las que los referenciamos y cuando tenemos un apéndice estadístico dedicado a quienes quieran ver desmenuzada toda la batería de datos utilizados.

Y por último están las cartas que esgrime Greenpeace contra nuestro estudio. ¿Qué van a decir las cartas de las administraciones públicas que han puesto en marcha todo el tinglado de ayudas con el dinero del contribuyente? Pues lo que cabe esperar: que lo que decimos no es cierto y que ellos han visto tantos o cuantos trabajadores verdes por aquí o por allá. Una especie de charla de taberna puesta en una carta sin el más mínimo rigor académico y enviadas al Congreso de los EEUU. Allí se han debido quedar de piedra porque los remitentes no eran capaces ni siquiera de diferenciar entre personas contratadas y empleos equivalentes. Y allí puede que los políticos sean igual de peligrosos que aquí, pero están bastante más preparados.

La mejor de las cartas es la del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, firmada por la Secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera Rodríguez. En ella, aparte de repetir lo que venía diciendo el lobby renovable, la señora secretaria de Estado miente descaradamente al asegurar que la fuente de nuestro cálculo es desconocida. Si ella no conoce nuestras fuentes es porque no se lo leyó y si se lo leyó, miente cuando afirma que no tenemos unas fuentes que en realidad mostramos en todo momento. Quizá la falacia de Teresa Ribera la hagan una perfecta candidata para un puesto en Greenpeace cuando se le acabe el trabajo en el Ministerio y deje de vivir de nuestros impuestos.

Viniendo de Greenpeace, todo lo que dicen sobre nosotros nos parece una verdadera condecoración. Aprovechando esta distinción, invito desde aquí a López Uralde y a Teresa Ribera a un debate público sobre estos interesantes e importantes asuntos en los que nos jugamos el progreso económico y el verdadero cuidado del medio ambiente.

Gabriel Calzada Álvarez es doctor en Economía y presidente del Instituto Juan de Mariana

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