
Los políticos, los gobernantes, los jueces, los responsables policiales y los dueños de muchos medios de comunicación podrán intentar engañarnos y burlarse de nuestro sufrimiento. Lo que no lograrán es que renunciemos al sentido común. 
Acabo de leer los resultados de una encuesta realizada por Libertad Digital. Antes leí los que sobre el mismo asunto arrojaba otra del diario El País. En las dos encontré el mismo resultado. Una clara mayoría de los encuestados compartían la opinión de que la hasta ahora última sentencia sobre la masacre de Madrid no ha explicado convenientemente quién pensó, decidió, planificó, ejecutó o mandó ejecutar, los atentados del 11-M. Tampoco quién explotó su éxito, quién impidió e impide que se investigue sin límites, quién la financió, o por qué se ha premiado a los que ni la impidieron ni la investigaron convenientemente.
Si según el Tribunal Supremo no se puede culpar ni a ETA ni a Al Qaeda, es lógico que si se pregunta a los ciudadanos, estos respondan que más de cuatro años después no saben quiénes son los responsables de la masacre que asesinó e hirió a mansalva el once de marzo de 2004. No obstante, por lo que se desprende de sus declaraciones, los políticos de uno y otro signo aseguran que sí lo saben. Lástima que no compartan con sus electores todo lo que dicen saber. Por lo que han podido leer, entenderán que tenga la sensación de vivir en un país distinto al de nuestros políticos y al de los medios de comunicación. Ninguno se toma en serio las cosas cuando estas se ponen serias.
Poco antes de que comenzara la vista pública que presidió, Javier Gómez Bermúdez aseguró que sería la primera de otras que le seguirían tras instruirse lo que quedaba por investigar y que aún no habían podido poner a su disposición. También nos informó de que el objetivo de esta primera determinaría el grado de implicación de los entonces imputados. Pues bien, sería conveniente que recordásemos que de los ciento dieciséis sujetos inculpados en la matanza en mayor o menor grado, sólo veintinueve fueron incluidos en el Auto de Procesamiento. Y lo que es peor, después de enredarnos en miles de folios, y tras tres años de investigaciones que han sido premiadas, de los ciento dieciséis detenidos inicialmente sólo a tres se les ha relacionado directamente con la barbarie.
Bien. Puesto que a pesar de todo lo leído y de todo lo escuchado, los gobernantes, los políticos y los medios que siempre corren en auxilio de los poderosos dicen saber quiénes asesinaron a mi hijo, les exijo, en la medida en la que puedo exigirles, que justifiquen su poder, su sueldo y sus informaciones respondiendo a lo que públicamente y a continuación les planteó.

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