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Política exterior

El flanco débil de Super ZP

ZP está decidido a convertirse de la noche a la mañana en Súper ZP: amando de boquilla la bandera española; aplaudiendo las encarcelaciones que realiza su juez favorito, Baltasar Garzón, sobre los dirigentes de HB; prometiendo el oro y el moro; y contratando una nueva campaña de imagen que logre presentarle como lo que no es, un estadista de altura.

Pero hay algo que ZP olvida y que merma mucho su proyecto de Super ZP: la política exterior y de seguridad. Y más en concreto, los compromisos militares que tiene contraídos España, como, por ejemplo, en Afganistán. Sería de suponer que este nuevo ZP reforzado se propondría ser más resolutivo frente a nuestros enemigos. Y no hablamos de enemigos en abstracto, sino de quienes un día sí y otro también disparan sobre las tropas españolas desplegadas en la ISAF, bajo mando de la OTAN, en Afganistán.

Dado que el actual JEMAD ha salido en ayuda de Super ZP y ha declarado que no es necesario el envío de más tropas para garantizar una mejor seguridad del contingente español allí desplegado, cabria esperar que lo cuantitativo fuera suplido, de alguna manera, por lo cualitativo. Pero hete aquí que los soldados españoles tampoco se van a beneficiar de este aspecto. Los cuatro –del todo insuficientes– aviones no tripulados no acaban de despegar y la sustitución de los BMR –viejos, mal acondicionados y claramente inapropiados para el grado de hostilidad sobre el terreno– ni siquiera ha sido planteada. No, Super ZP enseña el músculo donde no tiene adversarios, pero lo esconde donde estaría más que justificado.

Y no lo hace ni lo hará porque a ZP le sigue rondando por la cabeza la idea de sacar a nuestras tropas de Afganistán. Y tiene que hacerlo rápido. Nuevos atentados significan más muertos. Aún peor, con la actual política del Gobierno, significa irremisiblemente un reguero de muertos. Y, dado que la misión para la que les envió allí no puede cumplirse con los niveles de fuerzas actuales, crecería la estupefacción general así como la exigencia pública de que nuestras tropas se retiraran. Y ante el clamor popular ya podemos hacernos idea de que podría decir nuestro presidente: que a diferencia de Aznar, él si que escucha al pueblo español. Y nuestras tropas de vuelta a casa.

Super ZP, estadista para sus votantes, es incapaz de explicar por qué fuimos a Afganistán, qué es lo que allí está en juego y qué implicaciones tendría que España se retirara. Afganistán no es Irak. Y aunque el JEMAD no se lo diga –como no se lo recordó a su jefe el ministro Alonso durante su pasada comparecencia– una cosa es marcharse de una coalición de voluntarios y otra muy distinta dejar una Alianza. Pero claro, para este nuevo Super ZP que nos están queriendo fabricar, lo exterior no cuenta. Sólo cuenta lo que da votos, aunque eso signifique convertir todo lo exterior en doméstico. Justo lo que nunca haría un verdadero estadista.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.