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El representante especial para Kosovo del secretario general de Naciones Unidas, el ex presidente finlandés Ahtisaari, ha presentado su informe final, un documento de 61 páginas que el próximo 3 de abril deberá defender ante el Consejo de Seguridad. La conclusión más importante, sin duda de trascendencia histórica, es la propuesta de reconocimiento de la independencia de Kosovo.
Aunque Ahtisaari se ha cuidado de evitar una fundamentación jurídica semejante a la empleada tras la Primera Guerra Mundial para trasformar el Imperio Austríaco en un conjunto de naciones, con resultados catastróficos, la semejanza es inevitable. El Consejo de Seguridad se encuentra ante la tesitura de tener que decidir sobre las fronteras de un estado reconocido y miembro de la Organización.
Estados Unidos parece dispuesto a avalar la escisión del territorio de mayoría albanesa y cuenta para ello con el apoyo de los estados europeos. Rusia, por el contrario, ha rechazado la propuesta por establecer un precedente de gravísimas consecuencias. Si ante las dificultades de convivencia entre serbios y kosovares se opta porque Naciones Unidas intervenga reconociendo la independencia de una parte del territorio de soberanía, el presidente Putin ha preguntado, con buen criterio, ¿qué haremos a continuación con los territorios de mayoría rusa en Georgia, entre otros ejemplos?
Ahtisaari justifica la acción de Naciones Unidas por el rechazo de los kosovares a convivir con los serbios. Si establecemos este hecho como fundamento doctrinal, estamos proclamando al mundo que si un grupo secesionista consigue crear una situación de crisis hasta el punto que la convivencia resulte difícil, entonces sí se reconocerá su derecho a la independencia. Si, por el contrario, optara por una vía pacífica, Naciones Unidas le ignorará. No podemos olvidar que la suspensión de la autonomía kosovar y la inaceptable limpieza étnica llevada a cabo por Milosevic fue precedida por actos violentos del Ejército de Liberación Kosovar, una organización terrorista y mafiosa.
No siempre lo más fácil es lo mejor. Europa arrastró a Estados Unidos a una intervención complicada en los Balcanes. Se hizo ignorando al Consejo de Seguridad y sin resolución alguna que lo avalara, algo que han olvidado nuestros izquierdistas antiamericanos haciendo, una vez más, gala de su particular forma de entender el papel del Derecho en las relaciones internacionales. Ya entonces se repitió que la intervención no podría constituir un premio para los independentistas kosovares. Fuimos para ayudar a una población perseguida, no para hacer el juego a unos secesionistas violentos. Sin embargo, la expectativa de enfangarse por un tiempo indefinido en la región ha llevado a un intento de huida, que no otra cosa es la propuesta de Ahtisaari.
Si un veto ruso no lo evita, el reconocimiento de la independencia de Kosovo constituirá un grave precedente, que animará a todos aquellos grupos que buscan la secesión, en Europa o en otras partes del mundo, a seguir adelante. Desde luego será una excelente noticia para los nacionalistas vascos y catalanes que verán como se abre ante sus ojos la veda para reordenar el mapa político europeo.

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