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En estas mismas páginas de Libertad Digital se han mostrado ya anteriormente algunas de las características de lo que podemos denominar izquierda neosoc. Ésta se caracteriza por haber dado un giro histórico muy particular, aunque de aberrante valor teórico.
A nadie se escapa ya que el PSOE ha pasado de defender la socialización de los medios de producción a llevar a cabo una socialización de las conciencias. Esta izquierda ya no asalta bancos: asalta corazones y mentes con gran violencia propagandística e ideológica. Es cierto que la izquierda siempre ha tenido como objetivo reeducar a las sociedades –en una gradación que va desde "Educación para la ciudadanía" a los campos de reeducación chinos y norcoreanos–, pero esta actitud venía encuadrada dentro de una estrategia global de acoso y derribo del sistema capitalista y de sus instituciones. La ideología era, a la vez que una religión, un instrumento de adoctrinamiento para cambiar el orden económico. Hoy, esto es distinto.
La izquierda neosocialista capitaneada por ZP no sólo no se enfrenta al gran capital: se ha fundido con él. Sus intereses se mezclan con los grandes multimedia españoles, con los de grupos de inversión, con los más importantes bancos, con ricas inmobiliarias. El trasiego de influencias millonarias entre Ferraz, La Moncloa, bancos, cajas, medios de comunicación es continuo. Altos cargos del Gobierno y responsables del PSOE hacen grandes negocios en caros restaurantes, funcionan de conseguidores y reciben a conseguidores. Esta izquierda ha creado a su alrededor un sistema económico y financiero endogámico, apoyado en las instituciones públicas, por un lado, y en la inanición social, por otro.
La inversión de términos es evidente. El control moral de la sociedad se pone al servicio del mantenimiento y consolidación de este establishment neosoc. Todo el andamiaje ideológico de "conceptos" políticos progres –paz, consenso, igualdad, democracia, talante– y enemigos habituales –la Iglesia, los neocon, Aznar, Federico– es el instrumento que legitima la cartera de negocios de políticos, empresarios, periodistas y banqueros que se funden con los intereses del PSOE. Forman una élite económica que cada vez acumula más riqueza y que está sustentada en un discurso progresista que ellos mismos mantienen para blindar el sistema.
Lo paradójico del asunto es que esto es una aberración tanto desde el punto de vista de la derecha liberal-conservadora como desde el punto de vista de la izquierda clásica. Para la primera, la agresión moral contra los españoles y su pluralismo político, así como el secuestro del libre mercado, son intolerables. Pero además, desde el punto de vista de la izquierda clásica, el PSOE encarna hoy el poder económico, representa a los propietarios de los medios de producción, cada vez menos productores, más ricos y más separados de los trabajadores, y hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
Los neosocs de Zapatero han logrado algo único; encarnar a la vez la pesadilla de Marx y Engels y la de Hayek y Popper. Y han logrado hacer esta síntesis de manera pública y publicitada, algo así como el fin de la historia hegeliano televisado en directo por La Cuatro y La Sexta, lo que aún tiene más mérito. ¡Qué más puede pedir un gobernante! Quien sabe. Quizá por eso el Partido Popular quiera sumarse al invento.

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