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Allá por enero de 2007, Bush decidió un incremento de soldados en Irak para resolver la grave situación, ayudar a la pacificación y conseguir la democratización del país. Casi nadie le apoyó. Prensas y cancillerías no sabían si llamarle loco, asesino, o ambas cosas a la vez. Propugnaban la retirada. Hoy, sin embargo, se ve quien tenía razón. El acierto de otrora es el que permite la transición democrática de hoy; elecciones provinciales en enero y regreso gradual de tropas. De haber prevalecido las tesis de los iluminados bienpensantes y biencalientes, aquí y en Estados Unidos, Al-Qaeda dominaría Irak tras una ola de violencia creciente, y el islamismo radical se dispondría a dar su siguiente batalla. Gracias a la guerra de Bush y a su incremento de tropas el enemigo está hoy contenido. Obama debiera ser agradecido.
Hay otra razón por la cual Obama debería estar repleto de gratitud hacia Bush y esta estrategia tan exitosamente desarrollada por el general Petraeus. Sin ella, la seguridad nacional hubiera sido el tema de las elecciones y McCain podría haberle derrotado. El senador republicano ya dijo, cuando apoyó el plan, que prefería perder unas elecciones y ganar una guerra. Ha visto como estas honorables palabras han sido ratificadas por los hechos. No todos pueden decir lo mismo, especialmente en España.
En otras zonas, en cambio, prevalece el pesimismo. Por una parte está la "buena guerra", la de Afganistán. En ella, bajo misión de la ONU, opera la OTAN tratando de impedir que los talibanes se rehagan con un Estado desde el que planear sus crímenes. Es el Primer Pilar de la Doctrina Bush y, evidentemente, exige una guerra. Guerra para poder liberar a los habitantes de la opresión del islamismo radical, que se completa con la protección a los afganos a través de otras medidas policiales, sanitarias, de desarrollo e implantación de Estado de derecho. Es decir, exactamente lo mismo que en Irak, pero con menos éxito. Lo recordamos con tanto detalle porque parece que no es sabido por nuestra clase política si atendemos a lo que oímos en el Parlamento. Tanta insistencia en la paz allá hace temer que se esté a punto de negociar con los talibanes un fin dialogado a la violencia de esos que tan bien conocemos por estos pagos.
El 20 de enero de 2009 se entregará a Obama la responsabilidad sobre la base del extraordinario logro de Bush en Irak. Como reconoció el propio presidente electo: "el incremento de tropas ha tenido éxito más allá de nuestros mejores sueños". Entonces, de cara a la realidad, quizá habrá que aplicar con más firmeza el ejemplo de Irak en Afganistán y responder con la misma seriedad a las autocracias emergentes. ¿Sabrán los nuevos responsables proteger a sus pueblos y extender la democracia, o seguirán insultando a los demás por acertar? Ya veremos, pero por ahora les toca, empezando por Obama, disfrutar del regalo de Bush.
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