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Cumbre de la OTAN

Zapatero, Andy Warhol y Estambul

Andy Warhol, el célebre artista pop, dijo una vez que “todo el mundo tiene derecho a 15 minutos de gloria”. José Luis Rodríguez Zapatero quería tenerlos en su primera cumbre de la OTAN. Su objetivo eran doble: por un lado, poder lucir una foto con George W. Bush y poder, así, regresar a casa diciendo que las relaciones hispano-americanas habían salido reforzadas. La Casa Blanca le negó la escena de una entrevista formal bilateral, pero las buenas artes de su equipo han sabido forzar un encuentro que ha durado la mitad de la gloria que le concedía Warhol: sólo 7 minutos. Habida cuenta que las normas de cortesía diplomática asignan un espacio igual a cada uno de los actores involucrados, eso quiere decir que Zapatero disfrutó de 3 minutos y 30 segundos aproximadamente para pasar su discurso. Si, además, tenemos en cuenta que se recurrió a la interpretación consecutiva, y que eso se come más o menos lo mismo de tiempo que el que emplea el interlocutor, Zapatero tuvo el privilegio de hablarle al Presidente Americano 1 minuto 45 segundos. Buen arranque para una relación “reforzada”.
 
Por otro, el jefe de gobierno actual quería dar el mensaje de reforzamiento de la Alianza, sólo que en los dos temas principales de esta Cumbre, cómo cumplir con los compromisos ya adquiridos hace meses de aumentar el esfuerzo y la presencia militar en Afganistán, y el papel de la OTAN en el Gran oriente Medio y, más en concreto, en Irak, Rodríguez Zapatero se mostró elusivo en lo primero y negativo en los segundos, eso sí, con palabras vagas y nada firmes. Según los medios que le protegen a toda costa, Zapatero exigió a la OTAN el respeto a los valores democráticos, aunque no fue capaz de señalar cuáles ni en dónde. También dijo que al terrorismo no se le vence únicamente por medios militares, sino a través de una mayor cooperación en inteligencia.
 
Antes de que hubiera la posibilidad de preguntarle por el significado de su intervención o cosas como qué haría si se repitiera un 11-M porque la inteligencia no lograra evitarlo, Zapatero, abrumado por la preparación de la aceptación, ya pública, de la candidatura de Durao Barroso como sucesor de Prodi al frente de la Comisión de la UE, hizo mutis por el foro y salió precipitada y prematuramente, como de Irak, de la reunión de la OTAN. ¿Cómo conciliar su presencia y su ausencia con la retórica de reforzamiento de la Alianza? ¿Cómo explicarle que los aliados se comportan de otra manera? ¿Será que el monstruo de La Moncloa se ha apoderado ya de él y nadie se atreve a contarle la realidad? Zapatero ha repetido en numerosas ocasiones que lo más valioso que tiene es su intuición: que intuyó que sería secretario general del PSOE cuando todas las apuestas decían lo contrario, que intuyó que sería jefe de gobierno en contra de todas las expectativas. En ambos casos acertó, pero también dijo que España ganaría la Eurocopa y ahí se equivocó. Y en Estambul se ha equivocado de cabo a rabo.