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El tercer puesto es el mejor

Primero está Bill Gates, por supuesto, y después Warren Buffett, pero ¿podría usted mencionar el nombre del tercer estadounidense más rico?

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Primero está Bill Gates, por supuesto, y después Warren Buffett, pero ¿podría usted mencionar el nombre del tercer estadounidense más rico? Es Sheldon Adelson, de 74 años de edad, cuya fortuna neta asciende, según Forbes, a 28.000 millones de dólares. Su primer éxito fue crear y después vender la feria de ordenadores COMDEX, que se celebraba en Las Vegas. Hoy sus negocios florecen en parte gracias a los asiáticos que vienen a jugar a esta ciudad y a Macao, un minúsculo apéndice de China. Su empresa, Las Vegas Sands Corporation, es el mayor inversor en China de la historia.

Menudo y combativo como un gallo de pelea, Adelson, hijo de un taxista de Boston, se gastó 128 millones de dólares en la compra del viejo hotel Sands, en su día refugio habitual de un grupo de artistas en el que estaban Frank Sinatra o Humphrey Bogart. Adelson lo demolió y construyó el Venetian, de 4.000 habitaciones y valorado en 1.500 millones de dólares. Hace dos meses se convirtió en el hotel más grande del mundo cuando se abrió el Palazzo, conectado físicamente al Venetian y que posee 3000 suites y vale 1.900 millones de dólares. En Macao, Adelson posee dos complejos turísticos, incluyendo un Venetian con un casino 3 veces mayor que el más grande de Las Vegas.

En estos momentos se está gastando 9.000 millones de dólares más para construir 13 hoteles casino adicionales en Macao y alrededor de 4.000 millones para otro en Singapur. ¿Y después? Quizá la India, Japón, Corea, Tailandia, y ciertamente Belén (el de Pensilvania, claro).

Los ingresos de Macao provenientes del juego, que en 2006 superaron a los de Las Vegas, se dispararon en 2007 hasta los 10.400 millones de dólares. Los ingresos registrados el pasado mes de febrero superaban en un 46,6% los del mismo mes del año anterior. En Las Vegas, inmune en gran medida a los ciclos económicos de los Estados Unidos, los ingresos cayeron en enero un 1,3%, aunque unas cuantas "ballenas" podrían compensar ese margen en tan sólo un fin de semana.

En el lenguaje de Las Vegas, las "ballenas", según explica Adelson, son aquellos que pueden ganar o perder 3 millones de dólares en una sola estancia. Solamente existen unas cuantas en el mundo, pero en China se están multiplicando rápidamente (gracias, República Popular). Adelson dice que cuando 60.000 personas al día están jugando en el Venetian de Macao, el 40% de los ingresos del casino proviene de 59.700 de ellas y el 60% de los 300 restantes, incluyendo probablemente entre tres y ocho ballenas. En el Venetian de Las Vegas, el 20% de los jugadores proporciona el 80% de los ingresos. Los ciclos económicos no hacen mella en la confianza de Adelson en que los ricos no nos dejen nunca: "La cima nunca es vulnerable."

Adelson muestra ostentosamente a un visitante el número del 20 de junio de 1955 de la revista Life, cuya portada se preguntaba si Las Vegas estaba "sobrevalorada". La ciudad disponía entonces de menos de 3.000 habitaciones. Hoy cuenta con 178.000 y hay 45.000 más en construcción o en proyecto. Aunque Adelson piensa que el juego seguirá siendo el motor de esta ciudad y hace mofa de la noción de que Las Vegas se esté convirtiendo principalmente en "un destino familiar", cree que será para el sur de California lo que ha sido el sur de Florida para el noreste del país. Lo que los inviernos del norte hicieron por Florida, el Gobierno del estado de California (impuestos altos, servicios malos) lo hará por Las Vegas.

Lejos de suponer una amenaza para Las Vegas, los gobiernos de los estados, principales promotores del juego en Estados Unidos, han "expandido el mercado", dice Adelson. Las loterías del estado y los casinos (28 estados cuentan con ellos) aumentan las ansias de la gente por hacerle una visita a La Meca del juego.

Un veterano espectáculo del Hilton de aquí es Menopausia: el musical. Mientras que el número de ancianos ha crecido un 20% desde 1990, en Nevada esta cifra ha aumentado en más de un 100%. El poeta Philip Larkin dijo una vez que le gustaría ir a China siempre que pudiera estar de vuelta en casa a la hora de la cena. Adelson y otros fabricantes de la moderna Las Vegas han trabajado para complacer a las personas como Larkin. O algo así.

El Venetian tiene góndolas que recorren unos canales internos que, al contrario que los de Venecia, no huelen mal: "Una ventaja de los norteamericanos cuando reconstruyen Europa – escribe Paul Cantor, de la Universidad de Virginia – es que la corrigen, la mejoran, la arreglan". Los hoteles casino de Las Vegas también incluyen París y la ciudad de Nueva York. Las Vegas, afirma Cantor, "satisface un sueño americano profundamente arraigado: poder meter a toda la familia en el coche y conducir hasta Europa".

La guía turística Frommer’s sugiere que deberían construir un Hoover Dam Hotel & Casino (¿por qué conducir 30 millas cuando puede ver una réplica en la misma ciudad?). En esto, dice Cantor, consiste la democracia, dar a las masas acceso al mundo, aunque se en versión radicalmente reducida.

Gracias a Adelson, Macao también tiene su Venetian (la réplica de una réplica de una ciudad). De esta forma, China entra en la corrección posmoderna de las distinciones entre la cultura del cielo y de la tierra, entre los originales y las réplicas, sin haber logrado aún la modernidad. Gates y Buffett serán aún más ricos, pero los logros de Adelson asombran. Y se multiplican.

© Washington Post Writers Group

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