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Polémico nombramiento

El Tribunal Constitucional se hace nacionalista

María Emilia Casas, catedrática laboralista acaba de ser nombrada presidenta del TC. En su nombramiento poco ha tenido que ver el feminismo de ZP y mucho la división del voto conservador.
 
La nueva presidenta del órgano garante de la Constitución se ha caracterizado por discutir la decisión del Tribunal Constitucional de ilegalizar la lista de HZ, heredera de Batasuna, a las elecciones Europeas y pedir en 1999 la excarcelación de los integrantes de la cúpula de HB que habían sido condenados por el Tribunal Supremo.
 
Como era de suponer, los nacionalistas han elogiado su sensibilidad nacionalista. Por ejemplo, el consejero de Justicia de Euskadi, Joseba Azkarraga ha dicho que “confía plenamente en que la nueva presidenta saque al Tribunal Constitucional del deterioro de los últimos tiempos” y el ex-consejero del Consejo General del Poder Judicial y diputado del PNV, Emilio Olabarría se alegró de que la presidenta haya mantenido “posiciones pro-autonomistas”.
 
Dentro de un año, cuando se convoque el referéndum para aprobar el Plan Ibarretxe, podremos apreciar su sensibilidad. Entonces el Gobierno planteará un recurso de inconstitucionalidad, eso si, siempre que el actual ministro del Interior no trate de impedirlo como hiciera con la ilegalización de Batasuna. Aún así, supongamos que se tramita el recurso y que hay un empate en la votación del Constitucional. En tal caso, la señora Casas sería quien dirimiera el resultado gracias a su voto cualificado como presidenta de Tribunal.
 
Entre tanto, el Gandhi Vasco, como llaman sus acólitos al lehendakari Ibarretxe, se estará frotando las manos. Quizá la Señora Casas demuestre su talante proclive al nacionalismo una vez más y haga sonreír a los airados nacionalistas, siempre obstinados con el imperialismo español y la falta de libertades de los pueblos con identidad propia.
 
Nos queda un largo camino por recorrer hasta que llegue ese día. Disfrutaremos hasta el año 2005 de múltiples logros nacionalistas como tener Tribunales Supremos propios, o selecciones deportivas nacionalistas. Hasta es posible que el Congreso acepte la formulación de las preguntas parlamentarias en vasco, valenciano, gallego o catalán.
 
Sobre alguno de estos logros el Constitucional tendrá ocasión de emitir su opinión. Sólo Dios sabe si el Constitucional seguirá tan deteriorado como alegan los nacionalistas o si por el contrario renacerá, cual ave Fénix, de sus cenizas. Los caminos del Constitucional, como los del Altísimo, son inescrutables. Felicidades presidenta.