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ETA y la banda del punzón

La reacción de nuestra clase política y mediática ante el anuncio de la ETA de que va a hacer "entrega definitiva" de sus armas ha sido vergonzosa.

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Imagínense que un grupo de malhechores responsable de casi un millar de violaciones a mujeres a punta de punzón a lo largo de más de 40 años, tras colar a sus representantes en las instituciones y celebrar públicamente haber "ganado la batalla de la ilegalización", hubiera anunciado el "cese definitivo" de su actividad criminal y, pocos años después, la "entrega definitiva" de los punzones con los que cometieron sus crímenes, muchos de los cuales –300 aproximadamente- todavía no habían sido juzgados por no haber sido detenidos sus autores.

Imagínense que ante semejante numerito circense, la clase política y mediática de nuestro país se dividiera entre los que consideraran el anuncio "una buena noticia" y los que, menos cómplices pero más idiotas, recelaran del mismo con esperpénticos argumentos tales como que "la banda todavía conserva punzones en su poder", o que los punzones entregados están "desgastados, son viejos o están oxidados". Imagínense también que entre este último grupo de estúpidos hubiera quienes, con no menos infundadas pretensiones de perspicacia, reclamaran a los criminales prófugos de la Justicia un nuevo numerito, no menos circense, como sería el anuncio de su propia "disolución".

Pues bien, esta ha sido exactamente la vergonzosa reacción de la práctica totalidad de nuestra clase política y mediática ante el anuncio de la ETA de que va a hacer "entrega definitiva" de sus armas. La reacción menos indecorosa ha sido la de un presidente del Gobierno que, tras haber protagonizado la mayor excarcelación de violadores del punzón de nuestra historia, tras avenirse a la vulneración de la Ley de Partidos que supuestamente proscribe la representación parlamentaria a quienes jamás han condenado dichas violaciones, o tras no haber podido o querido detener a violadores del punzón en paradero bien conocido, como Iñaki de Juana Chaos o Josu Ternera, ha prometido pomposamente que "no habrá nada a cambio de nada" y se ha limitado a apelar a "la aplicación de la ley".

No sabemos si Rajoy con lo de la aplicación de la ley se referirá a la inobservada ley que considera delito la omisión del deber de detener delincuentes, o a la ley, no menos ignorada, que proscribe tener representación parlamentaria y subvención de dinero público a quienes jamás han condenado las violaciones por considerarlas consecuencias de un "conflicto político" no resuelto.

Lo que está claro es que a los que no queremos que el fin de la ETA pase por la entrega del punzón ni tampoco por la autodisolución de la banda, sino por la detención y condena de todos sus miembros, así como por la exclusión de sus voceros de las instituciones, se nos descalifica poco menos que como unos "enemigos de la paz" que se resisten a "pasar página" y que "no quieren justicia sino venganza". Pero, claro, ¿qué se puede esperar de una envilecida clase política y mediática que, tanto en el Pacto de Ajuria Enea como en clandestinas reuniones con los cabecillas de la banda, reclamaron siempre la desaparición de los violadores del punzón mediante "el fin dialogado de la violencia"?

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