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La investidura del esperpento

El único sostén del Gobierno va a ser un partido con el que el Ejecutivo no tiene nada que cumplir porque no ha llegado a ninguna clase de acuerdo.

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Erradicada la única posibilidad que se había abierto en España de desatascar de verdad la situación de interinidad que formalmente arrastra desde hace casi un año –la convocatoria de unas terceras elecciones en las que todos los sondeos ya auguraban una mayoría absoluta al PP y a Ciudadanos–, asistiremos este domingo a la investidura del esperpento. No otro calificativo merece un Gobierno que no va a estar en manos de quien lo preside sino en manos del principal partido de la oposición, que, para colmo, actualmente está descabezado y bajo la dirección de una gestora.

Por mucho que la desatada euforia de los partidarios del "Gobierno cuanto antes" nos lo oculte, recordemos que no estamos ante un Gobierno de coalición entre dos partidos incapaces de gobernar pos sí solos, ni siquiera ante un Gobierno fruto de un acuerdo de legislatura o de un simple pacto de estabilidad con algún partido de la oposición. Asistimos a la investidura de un presidente al que sólo apoya una minoría del Legislativo gracias a la abstención de un partido que no quiere llegar a ninguna clase de acuerdo con el Gobierno y que tan sólo ha evitado que exista en España un Gobierno que pueda verdaderamente gobernar.

Se equivoca de plano Albert Rivera cuando le dice a Rajoy: "Si usted no cumple [con Ciudadanos], esto puede durar muy poco". Con la abstención del PSOE a las iniciativas del Gobierno, Rajoy puede gobernar los cuatro años de legislatura aun teniendo en contra al resto de la oposición, incluido Ciudadanos. Pero sin la abstención del PSOE de nada le servirá a Rajoy cumplir a rajatabla todo lo pactado con Ciudadanos, ni el apoyo de esta formación, pues los resultados electorales del 26-J hacen, sencillamente, irrelevante el apoyo o la oposición de este partido al Gobierno.

El esperpento que va a constituir esta legislatura no depende, por tanto, de lo poco o de lo mucho que dure, sino del hecho de que el gran sostén del partido en el Gobierno –en realidad, su único sostén– va a ser un partido con el que el Ejecutivo no tiene nada que cumplir porque no ha llegado a ninguna clase de acuerdo.

No digo yo que el carácter acomodaticio de Rajoy, que algunos ahora quieren hacer pasar por habilidoso maquiavelismo, o que su falta de principios, que algunos presentan como inteligente elasticidad y apego a la realidad, vaya a ser un obstáculo para lograr una larga legislatura. Pero esta legislatura va depender en todo momento de lo que siempre dependió la investidura de Rajoy: de la abstención del PSOE.

Dicen que Dios escribe recto con renglones torcidos, y la misma realidad, ciertamente, está muchas veces plagada de paradojas. Dudo mucho, sin embargo, de que de este "Gobierno cuanto antes" surja algo más que una lamentable y decadente pérdida de tiempo.

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