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Columna publicada el 11-02-2004
Soy un Don Nadie en Internet: no tengo weblog. A estas alturas de la vida, carecer de una página personal en la Red es un sacrilegio imperdonable. No valen arrepentimientos, entre otros motivos porque, a no ser que mi mentalidad cambie mucho, continuaré condenado al ostracismo de los internautas-sin-weblog, de los Don Nadie de Internet. Es mi decisión.
Conste que tengo mis motivos. Desconozco si servirán de excusa. En cualquier caso, solicito la absolución de los magnánimos lectores.
1) Carezco de página personal porque me niego a fomentar el ego-blog. Es decir, esa tendencia a preocuparse por uno mismo, porque le lean, por desvelar cualquier intimidad con el fin de que miles de lectores anónimos sepan más de ti. No quiero llegar a creerme el centro de Internet.
2) Me niego en rotundo porque soy feliz con la vida que llevo y me aterra convertirme en uno de esos bloggers que manipulan su cotidianeidad para y por el blog. O lo que es igual: realizan todo tipo de actividades con la única finalidad de contarlo posteriormente en su página personal y dejar a todos sus lectores pasmados ante la fulgurante e interesante existencia que llevan.
3) Porque no quiero caer en la verborrea escrita, o lo que es igual, contar por contar cosas sin que a priori tengan el más mínimo interés sólo para mantener actualizada mi página. He llegado a leer blogs (porque negarse a publicar uno no impide consultarlos) en los que se detallan las dificultades para abrir una lata de sardinas o el autor suelta una perorata autoinculpatoria por los 100 gramos de más que ha cogido durante las fiestas navideñas.
4) Porque he conocido a muchos bloggers que son terriblemente tediosos en las conversaciones. Sólo hablan de su página, de la su amigo y de la de una chica de Oregón que es “genial” porque cuenta con todo lujo de detalles “cómo se ligó a su compañero de universidad”. Su mundo se ciñe a sus experiencias bloggianas.
5) Ya escucho los gritos de protesta de aquellos que publican un weblog a modo de periódico personal. Sin duda son los que más me atraen a la hora de realizar mis pesquisas por la Red. De hecho, si algún día me decidiera lanzarme a la piscina de los bloggers me decantaría por esta opción. Pero no lo haré. Simplemente porque me domina una pereza ingobernable.
Y es que éste es el principal escollo que encuentro en el momento de plantearme si me abro una página personal: la pereza. Soy vago por naturaleza y me cuesta horrores seguir escribiendo después de concluir mi jornada laboral con el único fin de saciar las ansias de curiosidad de lectores desconocidos.
A pesar de que mi actitud sea políticamente incorrecta entre los internautas, no significa que deje de admirar a las millones de personas que han hecho de Internet no sólo un lugar de diversión, sino sobre todo un canal de información alternativa donde todo puede aprenderse, cotejarse y cotillearse. Mi actitud indolente no implica que abomine de las páginas personales. Supongo que todo se resume en mi firme apoyo a la máxima tan cómoda de “que trabajen los demá”.

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