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Economía Digital

Hacia la información total

Nadie sensato puede presumir de estar medianamente informado tras ver un telediario. Ni siquiera es suficiente leer los periódicos, menos aún si sólo se ojea uno. Para conocer con ciertas garantías lo que sucede en el mundo se requiere de tiempo, además de aplicar las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad.
 
No son suficientes los telediarios. No es suficiente la prensa y no es suficiente la radio. Tomados de forma individualizada, ninguno de estos medios de comunicación colma las necesidades de conocimiento exigidas por cualquier persona con un mínimo de inquietud intelectual. Sólo Internet es capaz, a día de hoy, de satisfacer cualquier ansia por cultivarse. Entre otros motivos, porque es el único medio con poder aglutinador: a través de la Red se pueden ver telediarios, escuchar las noticias radiofónicas y leer la prensa de todo el mundo.
 
Por eso no extraña que los estadounidenses otorguen cada vez más relevancia a Internet como medio de comunicación para estar informados. Una encuesta realizada por el siempre fiable Pew Research Center for the People and the Press revela que Internet es el medio de comunicación que registra mayor incremento relativo entre los hábitos de consumo de los estadounidenses. El 13 por ciento de los encuestados afirma conectarse a la Red habitualmente para obtener información sobre la campaña electoral que se celebrará en noviembre (cuatro puntos por encima de la cifra registrada en 2000), mientras que un 20 por ciento reconoce que accede de forma esporádica.
 
Este cambio en los usos y costumbres de la sociedad estadounidense no es baladí. Encierra no sólo una transformación social, sino que afianza el poder de la Red como canal de información arropada por las armas de la fiabilidad. Esta transformación no ha llegado de motu proprio, sino que ha requerido de una conjunción de factores, una voluntad global, para que haya podido arraigar.
 
Voluntad demostrada por los periódicos online (muchos han demostrado que en su Libro de Estilo también se fija el rigor como premisa) ayudados por su inusitada multiplicación. Porque, a mayor variedad, más posibilidad de elegir. La segunda ha sido constatada por los propios internautas, que han sabido exprimir un medio tan basto como Internet, participando en muchos casos en su madurez mediante la creación de weblogs. También comienzan a desempeñar un papel fundamental algunos políticos, que más por necesidad que por convicción recurren a la Red. Ha sido el caso de los candidatos de las pasadas elecciones a la Generalitat de Catalunya, cuando ellos mismos o sus acólitos crearon su propio weblog para informar del día a día de la contienda. Pero el mayor ejemplo se encuentra más allá de nuestras fronteras: el más que probable candidato demócrata a las elecciones estadounidenses del próximo noviembre, Howard Dean, está exprimiendo la Red para atraer financiación a su campaña, apuntalar su nombre en la conciencia de la sociedad e informar de su programa electoral.
 
A pesar de que este tipo de ejemplos comienzan a ser habituales, el principal poder de Internet como medio de comunicación no recae sobre los apuntes personales de políticos o famosos de todo pelambre. La posibilidad de que la Red se convierta en el informador total proviene de la propagación de diarios libres de ataduras empresariales (que siempre acaban distorsionando la línea editorial y, por ende, la objetividad de lo escrito).
 
En este sentido, a los weblogs aún les queda mucho recorrido, aunque no está de más tomar ciertas precauciones: muchas páginas personales se quedan en el mero cotilleo, mientras que otras apenas van más allá de copiar y pegar noticias de otras fuentes que, a su vez, no ha contrastado lo publicado. Lo que lleva a leer un refrito de un refrito de un refrito. O sea, nada digno de tener en cuenta. Afortunadamente existen miles de weblogs cuya principal misión no es la de informar, sino la de formar cabezas ajenas con sus reflexiones, matices que a todo lector se le escapan, y desarrollando ideas poderosas que acaban moldeando el criterio personal.

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