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SEGUNDA REPÚBLICA

1933: las derechas no pueden gobernar

Azaña era un tipo que no podía soportar que las derechas llegaran al poder. Por eso, en 1933, en cuanto se sabe que las elecciones las han ganado las derechas –y, por añadidura, de manera absolutamente clamorosa–, propone al presidente de la República, Alcalá-Zamora, que disuelva las Cámaras y se vuelva a repetir la votación, lo cual, como variedad de golpe estado, no está mal.

Cuando Alcalá-Zamora pregunta a Azaña por qué tendría que hacerlo, éste le insiste en que esa gente no tiene legitimidad republicana. Aquí volvemos a toparnos con el gran problema de la hiperlegitimidad de la que se ha investido la izquierda española desde hace dos siglos: realmente se cree que sólo ella tiene legitimidad para gobernar.

Alcalá-Zamora no consiente en ello, porque hubiera sido un claro ejemplo de golpe de estado, pero en cambio consiente una situación intolerable desde el punto de vista democrático, y que Azaña acepta como un mal menor y muy a regañadientes: que no gobierne la CEDA, que había sido el partido más votado. Así, el jefe del Estado se niega a hablar con Gil-Robles y llama a Lerroux a formar Gobierno. Si eso no fue un golpe, fue un golpecito; una maniobra, en todo caso, nada democrática.

Gil-Robles.El mensaje que se transmitía a la derecha era algo así como: "Ustedes han ganado las elecciones, son la minoría mayoritaria de la Cámara, pero no pueden gobernar porque las izquierdas, que han perdido las elecciones, consideran que ustedes carecen de legitimidad democrática. Es verdad que ustedes insisten mucho en que son accidentalistas, en que creen en el régimen republicano, como dicen Herrera Oria y Gil-Robles un día sí y el otro también, pero ustedes no pueden gobernar".

Así las cosas, el Gobierno quedará en manos del Partido Radical, que contará con el respaldo del partido que no podía entrar en el Gobierno: la CEDA.

Para la República, las implicaciones de todo ello representaban un campo minado: para empezar, estaba por ver lo que la CEDA iba a aguantar en ese papel secundario después de haber ganado las elecciones. Pues aguantó. ¿Y por qué lo hizo? Pues, fundamentalmente, porque no tuvo valor para exigir la entrada en el Gobierno: pasarán muchos meses antes de que dé ese paso; y porque como tenía que demostrar que lo suyo era accidentalismo del bueno, estaba dispuesta a aguantar con medidas como ésa. Y es que el maricomplejinismo no es nuevo en la historia de la derecha española.

En uno de sus libros, Ricardo de la Cierva hablaba de "la derecha sin remedio", y seguramente no le faltaba parte de razón.


Pinche aquí para escuchar la versión radiada de este capítulo de la BREVE HISTORIA DE ESPAÑA PARA INMIGRANTES, NUEVOS ESPAÑOLES Y VÍCTIMAS DE LA LOGSE.