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CEROS Y UNOS

Con el Altair 8080 llegó el escándalo: Bill Gates

A lo largo de los 70, los componentes electrónicos de los ordenadores bajaron de precio lo suficiente como para que surgiera toda una hornada de individuos cuyo hobby consistía en montar calculadoras o incluso ordenadores con ellos. Eran personas que si hubieran nacido unas décadas antes se hubieran dedicado a montar y equipos de radioaficionado.

Lo que permitió el cultivo de esta afición fue la aparición, en 1971, del primer microprocesador, el Intel 404. Con él y sus sucesores, cualquier empresa hubiera podido construir un ordenador personal por alrededor de 2.000 dólares de la época; pero a nadie se le ocurrió que ahí podría haber un mercado suculento. De modo que fueron los frikis de la época, la gente que disfrutaba entre cables y circuitos impresos, los que se pusieron a ello: construyeron en sus casas sus propias computadoras. En general, no hacían nada útil, pues sus orgullosos propietarios eran más aficionados al cacharreo que a la programación, pero fueron la base sobre la que crecería luego la industria del ordenador personal.

Altair 8080

De hecho, fue a ese pequeño grupo de entusiastas de la tecnología al que estaba dirigido el Altair 8080, el primer ordenador personal. Fue portada de la revista Popular Electronics en enero de 1975, y se vendía en forma de kit por 397 dólares (498 si se quería ya ensamblado). Era raro que una vez montado funcionara; y cuando, tras varios intentos, funcionaba, no hacía nada que pudiera considerarse útil. Tampoco era el objetivo: lo que quería el cliente era tener una computadora, no que funcionara...

Por dentro, el Altair consistía en un bus donde se conectaban las tarjetas con los componentes. Las tarjetas eran cinco, incluyendo una para el procesador y otra para la memoria, que alcanzaba la extraordinaria cifra de... 256 bytes. La entrada de datos se hacía por medio de interruptores. Con ellos se programaba el código máquina del Intel 8080, corazón de la computadora y antecesor del 8086 que llevaría el primer PC de IBM. La respuesta la daban una serie de luces rojas.

Ed Roberts.Sus creadores pertenecían a una muy pequeña empresa llamada MITS (Micro Instrumentation and Telemetry Systems), fundada a comienzos de la década con el objeto de comercializar pequeños productos de telemetría para cohetes caseros. Poco después centró el negocio en las calculadoras, un mercado que estaba en alza en aquella época; pero fue víctima de la competencia, que hizo bajar los precios muy por debajo del coste que suponía para MITS la fabricación de sus aparatejos. Así que Ed Roberts, uno de los dos fundadores de la compañía, pensó que, como las calculadoras comenzaron vendiéndose como kits que el cliente montaba en su casa, igual podría hacerse lo mismo de forma barata con un ordenador.

En sus planes entraba vender unas 800 unidades durante el primer año. Pues bien: en agosto ya había enviado 5.000 ordenadores a sus clientes. Y los 20 empleados de la casa habían pasado a ser 90 a finales de año. Además del ordenador, MITS ofrecía todo tipo de productos para expandirlo y, así, pudiera ser utilizado de algún modo práctico: desde tarjetas de memoria de 1 o 4 Kbytes hasta un interfaz para enchufarle un teletipo con el que poder programarlo... y abandonar los incómodos interruptores. No obstante, la lentitud de la compañía a la hora de proveer esos periféricos permitió a un montón de aficionados y pequeñas empresas ofrecer alternativas compatibles, como sucedió con Processor Technology, que llegó incluso a crear una tarjeta gráfica que permitía al Altair mostrar caracteres en una pantalla.

Altair Basic

Sin duda, el Altair 8080 dejó un legado duradero por sí mismo: en los dos años que siguieron a su lanzamiento una miríada de empresas nuevas, de las que a estas alturas sólo Apple sigue en el machito, atacaron el mercado de los ordenadores personales, inundándolo de ofertas más atractivas incluso para el usuario corriente. Pero también se le recuerda por haber comercializado el primer producto de una compañía recién fundada. Quizá les suene de algo. Se llamaba Micro-Soft.

Sus fundadores fueron Bill Gates y Paul Allen, veinteañeros y amigos desde el instituto, donde descubrieron su pasión común por la programación. Ambos afirman que cuando leyeron el ya famoso número de enero de 1975 de Popular Electronics concluyeron que el precio de los ordenadores seguiría cayendo y cayendo, y que el verdadero negocio estaba en vender software para los susodichos. Así que se pusieron manos a la obra con la táctica de asegurar que ya disponían de un producto para generar interés mientras se dedicaban a programarlo.

Paul Allen y Bill Gates.Su primer movimiento fue enviar una carta a Ed Roberts en la que afirmaban tener un intérprete para su ordenador del popular lenguaje Basic. Calcularon que tenían unos 30 días para ponerlo en marcha si querían que nadie les pisara la idea. Al creador del Altair le entusiasmó la propuesta, especialmente porque le daba la oportunidad de vender más ampliaciones de memoria con un jugoso margen de beneficio, de modo que llamó al número de teléfono que aparecía en la carta, que resultó ser de una casa en California... en la que no tenían ni idea de qué era eso de un ordenador, no digamos ya el Basic. En realidad, Gates y Allen estaban en Boston, y tuvieron que llamar ellos para recibir una respuesta, claro. Quedaron en que en un par de semanas le harían una demostración.

En realidad, les llevó seis semanas de trabajo intenso. No tenían ningún Altair, pero Allen había desarrollado un emulador de un procesador de Intel previo al 8080 que funcionaba en un modelo de ordenador que podían utilizar en Harvard, donde Gates estudiaba; de modo que lo modificó para que emulara correctamente el procesador que usaba el ordenador personal y así poder probar el intérprete de Basic. Mientras, Gates se esforzó en usar todos los trucos de que disponía para programar uno que entrara en unos escasos 4K de memoria. En cuanto lo tuvieron terminado lo grabaron en una cinta perforada, y Allen voló a Albuquerque para hacer la demostración. En el avión se dio cuenta de que no habían escrito ninguna rutina de arranque que cargara el intérprete en la memoria del Altair, así que se puso a ello en pleno vuelo.

Bueno, la cosa arrancó. Fue casi un milagro. Además, la nueva empresa tuvo el acierto de pedir una cantidad en royalties por cada copia vendida en lugar de recibir una única suma. Esto, y las subsiguientes versiones del Microsoft Basic para otros ordenadores personales, permitió a la entonces pequeña empresa sobrevivir... hasta que llegó IBM con el MS-DOS. Pero, como diría el gran Michael Ende, eso es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

En cuanto a Ed Roberts, cansado de gestionar el negocio, terminó vendiendo la empresa en 1976 por 6 millones de dólares, de los cuales recibió dos, y se retiró al campo. Más tarde estudió medicina y, cual doctor Fleischman, acabó en un pueblo de Georgia de unos 5.000 habitantes ejerciendo de galeno. Curioso destino para quien creó la ahora gigantesca industria de los ordenadores personales, ¿no?


CEROS Y UNOS: De los autómatas jugones a la primera computadora como Dios manda – Los orígenes censores de IBM  Wikipedia: del porno al conocimiento.

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