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CUESTIONES DE HISTORIA DE ESPAÑA

La ayuda del PNV y la Esquerra a Franco en la guerra civil

Me refiero a los nacionalismos vasco y catalán. Los vencedores de la guerra son también llamados "nacionalistas" en muchos lugares, pero ellos preferían el término nacionales, por considerar que el de nacionalismo designaba doctrinas que divinizaban la nación y provocaban constantes guerras.

En un programa reciente de Veo 7 indiqué que la única cosa buena que habían hecho aquellos nacionalismos había sido contribuir a la derrota del Frente Popular en la guerra civil. Contribución involuntaria, cierto, pero no por ello menos eficaz.

La mayor parte de los nacionalistas, de izquierda los catalanes y de derecha los vascos, optaron por unirse al Frente Popular, calculando que este triunfaría, dada la desproporción de fuerzas a su favor, al empezar la contienda. Para atraerse al PNV, los revolucionarios le concedieron la autonomía, que solo pudo aplicarse en Vizcaya, al ser rápidamente ocupada Guipúzcoa por los navarros y no haberse podido impedir que Álava se decantase por los nacionales. De inmediato, el PNV conculcó sistemáticamente el estatuto, aprovechando la confusión para crear sus propias fuerzas armadas y orientar su guerra, entorpeciendo la dirección y acción conjunta hasta extremos cómicos, que traían medio loco a Largo Caballero, según he relatado en El derrumbe de la República. La imprevisión del PNV, hegemónico en el gobierno de Euzkadi, fue tal, que cuando Franco atacó el norte apenas disponía de aeródromos, con lo que el Frente Popular perdió gran número de aparatos allí enviados. Por otra parte, la producción industrial había bajado espectacularmente, y la economía funcionaba muy mal.

Al producirse el bombardeo de Guernica, con sus 120-126 muertos, el lendacari Aguirre hizo un llamamiento a combatir a ultranza, pero bajo cuerda intensificó sus tratos con los fascistas italianos. Cuando los de Franco llegaron a Bilbao, el PNV se aseguró, contra las órdenes del gobierno, de que toda la industria pesada y de armas cayera intacta en manos enemigas. Y estas sí supieron incrementar su producción con la mayor rapidez, al tiempo que aseguraban el abastecimiento a la población.

Al cabo de unas semanas tuvo lugar la rendición de Santoña, después de que el PNV indicase a los nacionales la mejor vía para envolver a las tropas izquierdistas y aparentar que las peneuvistas quedaban también copadas. Franco logró en Santander su primer éxito masivo, con decenas de miles de prisioneros y un ingente botín en armamento; muchos soldados peneuvistas pasaron a las filas nacionales. Sin duda esta victoria debió mucho al PNV, ante todo a Aguirre, cuyos manejos luego, en Cataluña, relata Azaña.

Pasó algo muy parecido en Cataluña. Desde el principio, Companys y los suyos estorbaron la acción unitaria del gobierno, montaron un pequeño estado separado de hecho, con su propia política militar, usurparon competencias y pretendieron hacerse con las reservas financieras, en medio de una colaboración-rivalidad con la CNT; hablaban de la "Gran Cataluña" y emprendían acciones bélicas desastrosas. Azaña no para de quejarse. A pesar de que el PSUC los metió bastante en vereda, pugnaron sin tregua por quitar autoridad al gobierno y ponerse en pie de igualdad política con él. Dice Azaña:

[Los nacionalistas] han indicado que, una vez el Gobierno en Barcelona, podría hacerse una modificación, reduciéndose el número de consejeros de la Generalidad y aumentándose el de los ministros catalanes en el Gobierno (...) "¿Lo ve usted? –le digo a Negrín–. Ya salen las combinaciones. Son como la yedra. Se le subirán a usted por las piernas, hasta envolverlo".

También en Cataluña cayó desastrosamente la producción industrial, y llegaron el hambre y el desabastecimiento. La Esquerra de Companys, pese a ser izquierdista y no racista-católica como el PNV, resultó en todo momento un factor de desorden y debilidad para el  Frente Popular. No extrañará que, cuando las tropas de Franco llegaron a Barcelona, fueran recibidas con enorme entusiasmo popular, y la gran mayoría de la masa que huyó por los Pirineos volvió durante el mismo año 1939.

No se limitaron a tales actos las políticas de los dos partidos nacionalistas, pues desde pronto intrigaron, a espaldas del gobierno, tanto con los nazis o con los fascistas italianos como con Londres y París. Parte de esas maniobras, en extremo ilustrativas, las he reseñado en Una historia chocante. Esquerra y PNV obraron a veces por separado, y otras concertados, procurando una paz por separado que les permitiera imponer a vascos y catalanes la secesión del resto de España. Alcanzaron el nivel máximo de traición al ofrecer a Inglaterra y a Francia la posibilidad de convertir en una especie de protectorado la región al norte del Ebro. Las tentaban con los innumerables beneficios que tal secesión les reportaría. Pero los supuestos beneficiarios, preocupados ante todo de que el conflicto de España no se generalizase a Europa, hicieron caso omiso de tales extravagancias.

La política de los nacionalistas vascos y catalanes durante la guerra civil es un tema realmente apasionante y no del todo explorado. Aunque cuenta con estudios parciales, falta la monografía conjunta y a fondo, una tarea que me permito sugerir a algún historiador joven, ambicioso y con criterio.

 

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