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CEROS Y UNOS

Nintendo y el empleado novato que inventó a Mario

Aunque ahora resulte difícil creerlo, Nintendo fue fundada allá por 1889 y se dedicaba a fabricar hanafuda, unas barajas de naipes japoneses. Hiroshi Yamauchi, bisnieto del fundador, se dio cuenta en 1963 de que, si no entraba en otros mercados, Nintendo sería siempre una compañía de chichinabo.

Así las cosas, Yamauchi abrió una filial de taxis, fabricó juguetes, montó una televisión y hasta fundó una cadena de hoteles del amor para que las parejas japonesas pudieran hacer sus cosas con cierta intimidad, sin abuelitas ni niños de por medio.

Sólo tuvo cierto éxito, relativo, con los juguetes. Uno de los empleados de mantenimiento, Gunpei Yokoi, creó en sus ratos libres un brazo mecánico que permitía a quien tuviera suficiente habilidad coger objetos a distancia: un gadgetobrazo, vamos, al que se llamó Ultra Hand... y del que se acabaron vendiendo 1,2 millones de unidades en Japón.

Yamauchi pronto comprendió la importancia que tendrían los videojuegos, y se aseguró de ser el distribuidor en su país de Magnavox Oddyssey, la primera consola doméstica. El mismo Yokoi creó el primer gran éxito de Nintendo en ese campo: las consolas portátiles Game & Watch, que tenían un solo juego cada una y causaron verdaderos estragos en los colegios españoles de los años 80.

Yamauchi conducía su empresa de forma completamente autocrática: lo que le gustaba se hacía y lo que no... pues no. Por suerte para Nintendo, demostró tener un instinto muy acertado, al menos en lo que se refiere al mercado japo. El estadounidense, en cambio, se resistía a sus encantos. Convenció a su yerno para que dirigiera su filial allí, pero pronto comenzaron los problemas. Minoru Arakawa, que así se llamaba el enchufado, pidió 3.000 máquinas recreativas de Radar Scope, un juego de marcianitos sólo superado en popularidad por el Comecocos en el país del Sol Naciente. Vendió 1.000. A punto de la ruina, pidió a la casa madre que diseñaran un nuevo juego que pudiera conjurar el espectro de la bancarrota.

Corría el año 1981.

Donkey Kong, el primer juego de Mario

Como en Nintendo no es que estuvieran sobrados de diseñadores profesionales de videojuegos, Yamauchi decidió darle la oportunidad a un empleado contratado hacía poco como una suerte de artista. El novato, Shigeru Miyamoto, había sido un niño imaginativo al que gustaba recorrer los bosques próximos a su pueblo e imaginarse caminos y trampillas que llevaban a mundos imaginarios... Cuando recibió el encargo, su principal tarea había sido decorar las máquinas recreativas de Nintendo, Radar Scope incluido. Por si acaso, Yamauchi puso a Yonkoi a supervisarle... y un equipo a sus órdenes, porque programar no era lo suyo.

El pobre Miyamoto, a quien lo que le gustaba en su tiempo libre era tocar la guitarra y el banjo, no tenía ni idea de cómo cumplir con la misión que le habían encomendado, así que se fue a los salones recreativos, jugó, observó a los demás jugadores y al final decidió que los videojuegos eran hasta cierto punto como las películas, y que debían tener su argumento. Así que creó uno para su primer juego, al que llamaría Donkey Kong. La historia era muy sencilla: un gorila escapaba de la jaula donde lo tenía su dueño, un carpintero, y de paso secuestraba a la novia del susodicho. El pobre susodicho le perseguía esquivando barriles, hasta que lo alcanzaba y el gorila caía por un agujero. Para evitarse problemas con los gráficos tan cutres de la época, decidió poner un sombrero al susodicho susodicho, porque no conseguían pintarle un pelo que se moviera correctamente cuando saltaba y caía. Como no podía ser menos, el propio Miyamoto compuso la música: sólo faltaría...

Cuando en Estados Unidos recibieron el juego, pensaron que en Nintendo se habían vuelto locos. Principalmente por el nombre. Miyamoto no sabía tampoco demasiado inglés y pensaba que quería decir "gorila estúpido". Pero ya era tarde para cambiar nada, y Arakawa y los pocos trabajadores que tenía a su cargo decidieron probarlo en un par de bares de la zona, a ver si tenía éxito, como hizo Atari casi una década antes con su Pong. La máquina estuvo funcionando sin parar mientras los locales estuvieron abiertos. Así que los escasísimos empleados de Nintendo of America se pusieron a convertir las máquinas que tenían sin vender de Radar Scope en flamantes Donkey Kongs. Y se forraron. Tanto que, tiempo después, quisieron demandarles, sin éxito, por haber copiado a King Kong.

La NES.Las consolas

Sin embargo, poco después los videojuegos pasaron de moda en Estados Unidos. Los locales cerraron, y ni las consolas ni los juegos para ellas lograban tener éxito. Atari, la empresa que había hecho arrancar la industria, empezó a tener pérdidas: acabó cambiando de manos y enfocándose a los ordenadores personales. En medio de esa decadencia, Nintendo decidió crear una consola nueva, que en Japón se llamaría Famicom y en el resto del mundo Nintendo Entertainment System (NES).

Salió al mercado en 1983... y fue un éxito fulgurante en su país de origen, lo que le daría a la entonces pequeña empresa la práctica totalidad del mercado local de videoconsolas. En EEUU, en cambio, la cosa estaba más chunga. Ninguna tienda quería vender videojuegos. Así que le añadieron una pistola y un robotito –que básicamente no hacía nada pero permitía que la consola pareciese más un juguete–, e hicieron varias pruebas hasta lograr un éxito moderado en Nueva York y Los Ángeles. Finalmente, en 1986 hicieron un lanzamiento a nivel nacional vendiendo la NES con un videojuego: Super Mario Bros.

Miyamoto había seguido haciendo juegos, y el carpintero original se había convertido en fontanero: su nombre era Mario y le había salido un hermano: Luigi. Su nuevo juego había sido un gran éxito en las recreativas, aunque con el mercado tan bajo de moral eso significaba unas ventas mucho menores que antaño, al menos fuera de Japón.

Super Mario Bros supuso una revolución: fue el primer juego de plataformas propiamente dicho, con un mundo inmenso por explorar a izquierda y derecha... del protagonista, y unos enemigos de lo más original: champiñones.

Miyamoto, para aquel entonces, ya estaba involucrado en crear otro juego, The Legend of Zelda (1987), donde volcaría sus fantasías de infancia y que crearía otra saga de gran éxito. Era más complicado que otros títulos, y Arakawa, preocupado, montó un centro de atención telefónica para resolver dudas de los compradores. Enseguida, los cuatro encargados de atender a los clientes pasaron a ser... 200.

De la Game Boy a la actualidad

Yonkoi, mientras tanto, estaba diseñando una consola portátil con juegos intercambiables. Lanzada en 1989, tenía la pantalla en blanco y negro y era, para qué engañarnos, un pelín cutre, pero cumplía con un objetivo de diseño que se comprobó extremadamente acertado: gastaba muy poca electricidad y podía funcionar a pilas, pilas que duraban bastante. La Game Boy se vendió acompañada de Tetris, quizá el juego más adictivo de la historia, y sumando sus distintas versiones se convirtió en la consola más vendida de todos los tiempos, superando los 200 millones de unidades.

Pocos años después, sin embargo, el creador de tantos éxitos de Nintendo caería en desgracia por el fracaso de su Virtual Boy, una consola que consistía en unas gafas enormes de realidad virtual... que te ponían la cabeza como un bombo a los dos minutos de ponértelas. Dimitió, y en 1997 murió atropellado, intentando ayudar a las demás víctimas de un accidente de tráfico en el que se vio involucrado.

Miyamoto tendría mejor suerte. Siguió creando juegos de gran éxito, como Super Mario 64, el primero en ser capaz de trasladar a las tres dimensiones la facilidad de juego de los juegos de plataformas. Sería el genio detrás de la consola portátil DS y de la Wii, que devolverían a su compañía la primacía perdida a manos de Sony. No está mal para alguien al que no le gustaba demasiado jugar...


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