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CEROS Y UNOS

Una red para atraerlos a todos y atarlos al ordenador

Arpanet había sido todo un éxito gracias al correo electrónico, y pronto aparecerían más redes para competir con ella. IBM crearía su Bitnet en 1984. Los estudiantes de las universidades norteamericanas crearon una red propia, llamada Usenet. Incluso Microsoft intentó implantar la suya, a mediados de los 90. Todas desaparecieron.

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En 1972 se hicieron varios experimentos con redes inalámbricas y por satélite. Uno de los principales responsables del desarrollo de Arpanet, Bob Kahn, recabó la ayuda de su colega Vinton Cerf para intentar encontrar un modo de conectar esas redes con la suya. Todas usaban paquetes, pero eran de distinto formato y tamaño, y no tenían la misma fiabilidad. Dado que les parecía imposible proponer un sistema común a todas ellas, decidieron que deberían mantenerse cada una como era y comunicarse con las demás a través de unas pasarelas, que funcionaran como un nodo normal de red, pongamos, inalámbrica y también de Arpanet, y pasara los mensajes de una a otra. Si al funcionamiento normal de una red se le llamaba networking, a esto se le denominó internetworking. ¿Les da una pista de cómo acabaría todo?

Era algo más que un esfuerzo teórico. Pese a que aquellas redes eran experimentales, había otras que estaban funcionando a pleno rendimiento, similares a Arpanet pero en Reino Unido y Francia. Sin duda habría más por venir. Cerf y Kahn trabajaron juntos durante meses para dar a luz un nuevo protocolo, llamado TCP, que permitiría el milagro. Al contrario que el NCP de Arpanet, este esquema de comunicación no confiaría en la fiabilidad de las conexiones. Establecía que todo circulase por las distintas redes en datagramas, o mensajes TCP, del mismo modo que los bienes viajan por el mundo en barco, tren o camiones en contenedores estándar, todos del mismo tamaño. Y del mismo modo que los contenedores permitieron la globalización económica, los datagramas trajeron la globalización de la información.

Una primera versión del esquema fue presentado en la primavera de 1974, y no fue hasta cuatro años después que Cerf, junto a otros dos pioneros llamados, Jon Postel y Danny Cohen, decidieron romper el protocolo en dos. TCP (Transfer Control Protocol) sería responsable de dividir los mensajes en datagramas, enviarlos, volver a ensamblarlos en el destino y reenviar los que no hubieran llegado correctamente. IP (Internet Protocol) sería el responsable de coger cada datagrama individualmente y llevarlo de nodo en nodo hasta su destino final. De este modo, las pasarelas que interconectaban las redes sólo necesitarían entender el protocolo IP, así que serían más baratas. Una red TCP/IP sería una red tonta, en la que los extremos, los ordenadores, serían realmente los encargados de que todo funcionara correctamente. Igualico que Ethernet.

Debido a la facilidad con que se podían interconectar gracias a TCP/IP, a mediados de los 80 se había establecido un buen número de redes distintas a Arpanet. Todas se comunicaban entre sí en lo que empezó a llamarse Internet. Ya en 1983, la red original había abandonado su protocolo original a favor de TCP/IP. La NSF, una agencia federal dedicada a impulsar la ciencia, puso en marcha la gran columna vertebral de la red, una suerte de oleoducto de información, llamada NSFNET, a la que se conectaron las redes regionales. Todo parecía claro: la idea de Kahn y Cerf había triunfado.

Pero había nubarrones en el horizonte. En 1978 se había establecido un comité ISO para crear un protocolo estándar de comunicación entre redes. Es decir, repetir lo que ya estaba inventado pero de forma oficial y pomposa. Lo tuvieron listo diez años después, nada más y nada menos, y los gobiernos de medio mundo apostaron por él. OSI, que así se llamó el invento, era mucho más refinado, más lógico, más depurado... y fracasó miserablemente. Las organizaciones ya tenían sus propias redes Ethernet comunicadas con el exterior mediante TCP/IP y no tenían intención alguna de cambiar una tecnología que funcionaba por otra que parecía muy bonita sobre el papel, pero nada más.

Así que OSI fracasó. El estándar de facto venció al estándar de iure. Arpanet desapareció finalmente a finales del 89. Se había convertido en una de tantas redes conectadas a internet mediante NSFNET. Así que un ingeniero llamado Mark Pullen recibió el encargo de ir desconectando los nodos de la red uno a uno y enchufándolos directamente a la red de redes.

En cualquier caso, fuera de las instituciones académicas, la mayor parte del universo seguía sin acceder a internet. Su papel lo tomaron los BBS, o Bulletin-Board Systems, máquinas a los que los usuarios se conectaban vía módem desde su ordenador personal marcando el número correspondiente para enviar sus mensajes y recibir los nuevos. Incluso se formó una suerte de internet alternativa, llamada Fidonet. Sin embargo, en 1995 se produjo el gran cambio. Ese año la NSF decidió abandonar su papel en la red, permitiendo que todos los nodos se conectaran entre sí como prefirieran, sin pedirle permiso para conectarse a su red central. Esto es, la privatizó. Sin ese paso, internet hubiera seguido siendo confinada al gueto universitario, y sólo una pequeña parte del mundo hubiera tenido acceso.

A finales de aquel 1995 había 14 millones de internautas. En 2009 eran ya 1.669 millones, casi un cuarto de la población mundial. Todas las demás redes desaparecieron o quedaron reducidas a algo testimonial. La cesión de internet a la sociedad civil y la creciente popularidad de los ordenadores personales permitieron la creación del primer medio de comunicación de masas que, al mismo tiempo, ponía a sus miembros en un estatus de igualdad: cada internauta puede poner lo que quiera en la red, y ese algo puede ser leído, visto u oído por todos los demás. Pero para convertir ese enorme potencial en algo fácil de entender y utilizar por esos centenares de millones de personas hacía falta aún algo más.

 

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