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Abusos

La campaña contra el catolicismo

El 25 de marzo de este año el New York Times publicaba en portada la noticia de que Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, habría ignorado en 1996 las repetidas demandas de que se sancionara a un párroco de Milwaukee sobre el que recaía la acusación de haber abusado entre 1950 y 1974 de hasta 200 niños sordos que se encontraban a su cuidado. Un desinterés rayano en la negligencia, una negligencia equivalente a un crimen. Solo que no es así. Claro.

La noticia ha sido con posterioridad enteramente desacreditada: sus fuentes eran, por un lado, el abogado que promueve una enormemente lucrativa demanda por este asunto, por otro el otrora obispo de Milwaukee, un obispo progre, doctrinalmente opuesto a Ratzinger y notorio por haber tenido que retirarse tras dedicar 450.000 dólares del dinero de la Diócesis para pagar el chantaje al que le sometía su amante homosexual. Edificante. El NYT no consideró relevante advertir a sus lectores de estos datos. Minucia. Tampoco consideró oportuno conocer la opinión del canonista que llevó el proceso y que ha negado convincentemente todas las insinuaciones que el NYT hace contra Ratzinger.

Sólo que la falsedad de la noticia no impide que desencadene una campaña contra la Iglesia. Claro.

La campaña es global y, desenterrando si es preciso asuntos de hace treinta años, se ha extendido desde EEUU hasta Alemania pasando por Irlanda y Chile, volviéndose tonta en Inglaterra con Hitchens y Dawkins, superhéroes de ocasión que han anunciado que intentarán arrestar al Papa en su próxima visita al Reino Unido. Tengo para mí que sólo las vicisitudes judiciales por las que atraviesa han podido impedir que "Garzón el Supremo" se uniera al rigodón y sólo lo atareados que andan los cejateros habituales tratando de salvar a Garzón el Supremo de esas vicisitudes judiciales ha provocado que en España sólo segundones como Maruja Torres o Álvaro Cuesta estuvieran disponibles para sumarse a la causa.

¿Y cuál es la causa?

La causa es demostrar que Benedicto XVI por acción o por omisión es responsable de los abusos. Que estos abusos son inherentes a la Iglesia debido a la institución del celibato y que por ello mismo a efectos prácticos media Iglesia abusa de menores y la otra media tapa sus desmanes. Muchos sienten que la esperanza volteriana de "aplastar a La Infame" nunca había estado tan próxima.

Solo que esto es patente y demostrablemente mentira. Claro.

Dejemos algo claro: los terribles crímenes de una ínfima minoría de sacerdotes, aumentados en ocasiones por la miopía e idiocia de algunos obispos, son una fuente de tremendo oprobio e inmenso dolor para cualquier católico. Justamente además.

Dicho esto: nadie ha hecho más por acabar con lo que él mismo ha denominado la "inmundicia" de los abusos a menores dentro de la Iglesia que Benedicto XVI. Nadie, no desde luego los cabecillas de la campaña, ha mostrado tan honda preocupación y cercanía a las víctimas de abusos como Benedicto XVI. Las palabras que dirigió a los sacerdotes irlandeses dejan poco lugar a dudas:

Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes.

La propia Iglesia ha hecho más que ninguna otra institución por erradicar de su seno la pederastia, y ello precisamente bajo el impulso expreso de Joseph Ratzinger. Todas las alegaciones desenterradas por la prensa son antiguas. Desde un punto de vista simplemente estadístico, en ningún sitio está tan a salvo de predaciones hoy un niño como al amparo de la Iglesia. No en la escuela, donde se calcula que entre un 6% y un 10% de los niños de las escuelas estatales americanas han sufrido algún tipo de abuso a manos de sus profesores. No en la familia, donde se producen el 60% de los abusos a menores. Sólo en los Estados Unidos se calcula que hay 39 millones de víctimas de abusos sexuales a menores.

Entonces, ¿qué sentido tiene esta campaña? Si no hay en sus promotores preocupación por las víctimas ni ánimo de veracidad, ¿qué es lo que buscan?

Estamos ante una campaña que tiene como principal objetivo a Benedicto XVI pero que busca minar, acaso definitivamente, la autoridad moral de la Iglesia para opinar en cuestiones temporales. Generar el ambiente en el que cada pronunciamiento de la Iglesia pueda ser no ya rechazado sino simplemente ignorado con un ademán apresurado.

Desde hace varias décadas la ideología verdaderamente dominante es el relativismo moral. Y la Iglesia Católica es uno de los pocos pilares que se oponen a la extensión universal del relativismo.

Y si no me siento especialmente cristiano y, para decir la verdad no me caen muy bien los curas ¿Por qué ha de importarme todo esto?

Pues, dejando tranquilo a Niemoller, simplemente porque en esta Danza de la Muerte que placenteramente baila Europa desde hace ya cuatro décadas, el relativismo es el veneno lento que está acabando con nuestra sociedad y la Iglesia Católica uno de los pocos refugios que todavía pueden encontrarse frente a su omnipresente dictadura. Porque el hombre sin categorías morales trascendentes es el sueño húmedo de los socialistas de todos los partidos. Porque el relativismo moral concede al Estado poder absoluto.

Liberales. He aquí la Iglesia Católica. Voila l’amie.


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