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ENIGMAS DE LA HISTORIA

3. ¿Quiso Stalin atacar a Alemania en 1941?

Durante décadas, el ataque que en junio de 1941 desencadenó Hitler contra la URSS ha sido interpretado como una ofensiva dirigida contra un aliado leal que no alentaba en absoluto intenciones agresivas contra el III Reich. Sin embargo, ¿realmente Stalin pretendía respetar el pacto de no agresión suscrito con Hitler en agosto de 1939 o tuvo la intención de atacar a Alemania en 1941?

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Maestro en la manipulación de la opinión pública, el Gobierno soviético dio inicio ya en mayo de 1941 a una campaña de propaganda con el fin de adaptar todos los recursos humanos del Ejército Rojo a la idea de una guerra concebida en términos de ofensiva. De hecho, el Departamento de propaganda política del V Ejército, en consulta con el jefe del séptimo departamento de la GUPPKA, comenzó a trabajar en un “Plan para asegurar políticamente las operaciones militares durante la Ofensiva”. Este documento sería capturado precisamente por el ejército alemán en el edificio del cuartel general del V Ejército del distrito militar especial de Kiev en Luck. En esta fuente se indica con claridad que “los combates tendrían lugar en territorio enemigo, naturalmente, bajo condiciones favorables al Ejército Rojo”. Precisamente para facilitar esa tarea se cursaron instrucciones para la impresión de periódicos y octavillas en alemán que invitaran a los soldados y a la población enemiga a rendirse.
 
¿Cuál iba a ser la fecha del ataque de la URSS sobre el III Reich? Al parecer el general Zhukov era partidario de esperar hasta 1942 para descargar el golpe pero Stalin prefirió a adelantarlo y se mostró favorable a una fecha entre julio y septiembre de 1941. Algunos episodios, como la decisión del Politburó del Comité central, el 4 de junio de 1941, de fijar el 1 de julio como la fecha para “el establecimiento de una división de infantería que consistiera de personal de nacionalidad polaca y de lengua polaca en las unidades del ejército rojo” parecen apuntar a los primeros días del mes de julio. Sin embargo, otros testimonios indican una fecha ligeramente posterior. Por ejemplo, el 11 de septiembre de 1945, el mayor general Malyshkin, a la sazón jefe del alto estado mayor del Ejército XIX, señaló que “Rusia habría atacado a Alemania a mediados de agosto con aproximadamente 350-360 divisiones”.
 
El ataque no se llevó a cabo porque el 22 de junio de 1941 Hitler invadió la URSS. Inicialmente, la ofensiva alemana no preocupó a Stalin. Era tan consciente de su superioridad numérica y material que confió en que el Ejército Rojo podría contener a los nazis con facilidad y, a continuación, emprender una contraofensiva que consumaría sus planes de ataque contra Alemania. De hecho, la inquietud sólo comenzó a producirse al cabo de unos días, cuando quedó de manifiesto que no sólo la Werhmacht no era derrotada por las unidades soviéticas sino que además éstas experimentaban pérdidas espectaculares.
 
El coronel Petrov, en un artículo publicado en Pravda el 8 de mayo de 1991, reconocería las realidades que hemos descrito en las líneas siguientes de esta manera: “Como resultado de la sobreestimación de nuestras propias posibilidades y de la subestimación de las posibilidades del enemigo, trazamos planes carentes de realismo de naturaleza ofensiva antes de la guerra. Al mantener estos planes, comenzamos el despliegue de las fuerzas armadas soviéticas en la frontera occidental. Pero el enemigo nos atacó preventivamente”. Como indicaría el historiador soviético M. Nikitin, “se pensaba que los dirigentes soviéticos contaban con una oportunidad única para aplastar a Alemania mediante un ataque sorpresa, y “liberar Europa” del “capitalismo putrefacto”. Según el mismo Nikitin, esa ofensiva de Stalin tendría que haberse producido “en el verano de 1941”.
 
Los acontecimientos fueron, es sabido, muy diferentes. Durante los siguientes años —prácticamente hasta muy avanzado 1942— los alemanes contarían con la iniciativa en el frente oriental a pesar de la superioridad soviética (una superioridad que Hitler y su alto estado mayor no habían imaginado ni de lejos) y, de hecho, sólo tras la derrota de Kursk en el verano de 1943 podrían dar por perdida la guerra. Sus éxitos se debieron, sin duda, a una combinación extraordinaria de audacia y competencia militares pero a ello contribuyeron no poco los propósitos de Stalin de invadir el III Reich que obligó a desplegar sus fuerzas cerca de la frontera y a su exceso de confianza. En no escasa medida, la muerte de millones de soldados y civiles soviéticos a manos de los alemanes se debió a las acciones previas tomadas por el camarada Stalin. El dictador tampoco lograría dominar Europa pero, gracias a la intervención de Gran Bretaña y, especialmente de Estados Unidos, derrotaría a Hitler. Al fin y a la postre, durante el período que se extiende de 1945 a 1946 iría implantando dictaduras comunistas en el Este de Europa en clara violación de los acuerdos suscritos con Churchill y Roosevelt, y siguiendo el modelo ya utilizado en España desde 1936 a 1939. Si no logró sus propósitos completos de reducir todo el continente al comunismo se debió, en 1941, al ataque alemán y desde 1945 a la permanencia de las tropas norteamericanas en Europa occidental.
 

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