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PENSIONES

A propósito de la edad de jubilación

Es hora de actualizar la edad de jubilación, pasarla por el siglo XXI. Si los 40 son los nuevos 20, y los 50 los nuevos 30, ¿por qué no deberían los 70 ser los nuevos 65?

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La última vez que los políticos marearon la perdiz a cuenta de la edad de jubilación, el presidente era Ronald Reagan y la generación de los 70 llevaba pañales. Desde entonces, la esperanza de vida ha crecido un lustro... y sigue subiendo, mientras que la edad de jubilación tradicional, fijada hace ocho décadas, sólo en tiempos recientes ha empezado tímidamente a subir, hasta los 67 años, en tanto que la jubilación anticipada, fijada hace cuatro décadas, permanece anclada en los 62.

Simplemente, no hay motivo alguno para que el trabajador del siglo XXI trabaje en función de expectativas de los años 30 y reglamentos de los años 70. Vivimos más tiempo, estamos más tiempo en activo y, por lo general, desempeñamos trabajos mucho menos exigentes en términos físicos.

Las razones para la puesta al día son múltiples. Por ejemplo, porque así lo demandan las necesidades demográficas, fiscales y actuariales. Como vienen advirtiendo desde hace tanto los expertos, el número de trabajadores jóvenes que financian la Seguridad Social no deja de caer. Se trata de un fenómeno global. Así, según The Economist, y dado que cada vez es menor la tasa de fecundidad, para el año 2050 en EEUU habrá sólo 2,6 trabajadores por pensionista; las cifras para Francia, Alemania e Italia son aún peores: 1,9, 1,6 y 1,5, respectivamente.

Este sistema es absolutamente insostenible, a no ser que se acometan reformas estructurales. Tenemos que ponernos las pilas –funcionarios incluidos, por supuesto–. Los americanos ya no podemos sentirnos con derecho a disfrutar de entre 20 y 30 años de pensión subvencionada, pensión que a menudo cobramos durante muchos más años de los que estuvimos cotizando.

El aumento de la edad de jubilación –la general y la anticipada– hará que se amplíen los años de cotización, lo que alimentará el crecimiento económico y aliviará nuestra crisis de deuda implícita. Ciertos grupos de presión de la tercera edad se inquietan porque, dicen, la población activa actual no será capaz de soportar vidas laborales más largas. Que pregunten a Betty White, a Joan Rivers o a Helen Mirren.


El experto Andrew Biggs, del American Enterprise Institute, ha escrito:

La mejor prueba de que los americanos del futuro podrán trabajar durante más tiempo es, quizá, que ya hicieron lo propio los americanos del pasado. Pese a que su salud era peor que la nuestra, que vivían menos y se desempeñaban en trabajos más exigentes en lo físico, el americano medio de 1950 no cobraba la pensión hasta los 68,5 años. En 1950, más del 20% de los americanos trabajaba en puestos físicamente exigentes; hoy sólo lo hace alrededor del 8%. Aunque la economía de servicios de esta hora, tan tecnificada, puede suponer un reto para los trabajadores mayores, es difícil imaginar que las cosas fueran más fáciles cuando la generalidad de los americanos trabajaba en fábricas o explotaciones agrícolas.

Como han destacado muchos partidarios de la reforma, el primer ciudadano americano en disfrutar de una pensión, Ida May Fuller, recibió casi 23.000 dólares tras pagar menos de... ¡25 dólares! Al paso que vamos, mis hijos y las hijas de Obama jamás verán un solo centavo de lo que van a cotizar –a la fuerza, no lo olvidemos–. Cuando perciban sus primeros sueldos ya estarán hasta arriba de deudas. Lo que estamos haciendo es condenar a las generaciones futuras a no tener la menor opción de invertir el dinero que se les detraerá de las nóminas de forma automática. Los holgazanes y demagogos de Washington no están "ganando el futuro": se lo están llevando crudo.

 

© Creators Syndicate Inc.

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