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MUNDO CIENTíFICO

Adelgazar sin dañar la salud

Esta semana se ha reunido en Viena en el XI Congreso Europeo sobre Obesidad un grupo de expertos de más de 50 países para debatir las causas y las consecuencias de esta enfermedad que afecta a unos 1.200 millones de personas en el mundo. Según los especialistas, el sobrepeso y la obesidad, después del tabaco, constituyen el segundo factor asociado a enfermedades malignas.

Carmen Fernández Ruiz
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En el congreso internacional los farmacólogos han analizado el efecto de nuevos medicamentos relacionados con la obesidad, como aquellos que reducen la admisión de grasa por el intestino o que influyen en el cerebro para mitigar los ataques de hambre. Sin embargo, según ha señalado el médico holandés Jaap Seidell, los medicamentos no son la solución esencial al sobrepeso. Seidell, que preside el grupo de trabajo "International Obesity Task Force", insistió en que la prevención debe tener prioridad ante el tratamiento farmacológico de la obesidad.

Estas observaciones de Seidell son interesantes ya que el uso de fármacos nos aleja de las verdaderas causas de la obesidad en cada individuo. Si bien es cierto que hay diversos factores genéticos que inciden en la constitución física y el metabolismo de la persona obesa, también son importantes los factores ambientales que inciden en un individuo con cierta predisposición al aumento de peso descontrolado.

La “comida rápida” —hamburguesas, dulces— que suele carecer de suficientes nutrientes y tiene un alto contenido en grasa y carbohidratos que nos engordan es un factor que podemos controlar cambiando nuestros hábitos alimenticios. La poca o ninguna actividad física junto al aumento del tiempo que se pasa delante del televisor o el ordenador, puede provocar que consumamos más calorías y que las gastemos cada vez menos. Lo ideal para mantener un peso estable, según los expertos en nutrición, es que consumamos la misma cantidad de calorías que gastamos.

También tendríamos un desajuste calórico si consumimos menos calorías de las que gastamos por lo que se podría perder peso abruptamente. Con esta situación órganos como los riñones pueden descender de su sitio habitual al disminuir la grasa que los mantiene en el lugar de siempre. Adelgazar rápidamente sin una dieta equilibrada y sin el control de un especialista puede provocar que se aumente de peso nuevamente. Por esta opción se decantan muchas personas que a la llegada del verano quieren adelgazar en un par de meses y comienzan a hacer una rigurosa dieta. Por eso, al llegar el invierno se suele recuperar en parte o totalmente el peso perdido, incluso algunos individuos adquieren más peso del que tenían antes de comenzar su régimen alimenticio. Pero es que la obesidad no es sólo un problema estético, también viene acompañada de numerosas enfermedades. Como sostiene el médico austriaco Friedrich Hoppichler, el 80 por ciento de los diabéticos son obesos, al igual que el 50 por ciento de estos pacientes sufre hipertensión.

En muchos países occidentales la obesidad se considera una enfermedad crónica por lo difícil de curar y una epidemia por su alta incidencia entre la población. Los especialistas destacan el caso de Alemania, país donde el 20 por ciento de la población es obesa. Además en Gran Bretaña, el 20 por ciento de la población sufre de obesidad patológica y el 60 por ciento tiene sobrepeso.

Esto es tan preocupante como los datos manejados en el 43º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) que se celebró a finales de mayo. Según esta Sociedad, la aplicación de la cirugía como solución a la obesidad se ha incrementado en España en los últimos cinco años. Sin embargo, el doctor Miguel Ángel Rubio de la unidad de nutrición del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid ha explicado que aunque existen técnicas quirúrgicas no muy complicadas no son útiles en superobesos ni en comedores compulsivos.

Esta recomendación de Rubio confirma los planteamientos de psicólogos y psicoterapeutas en cuanto a las estrategias a seguir para bajar de peso de forma sana. Un estudio del Hospital St. Luke’s-Roosevelt, en New York, ha determinado la importancia de considerar en las terapias médicas, además de los factores físicos los psicológicos que conlleva la obesidad. La investigación indica que la preocupación por tener un cuerpo ideal incrementa el riesgo de padecer depresión y ansiedad, situaciones que pueden aumentar la incidencia de las conocidas anorexia—que se coma muy poco y cada vez menos y nos deterioremos la salud— y bulimia —que por la ansiedad de perder kilos paradójicamente se coma de manera exagerada y se aumente aún más de peso—.

Los niños representan un problema particular en muchos países, como en Francia, donde uno de cada siete es gordo, según los expertos. Por eso, los especialistas en nutrición aconsejan que las medidas de prevención de la obesidad se apliquen desde edades tempranas para educar los hábitos de vida y alimenticios.
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