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y 2. ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Cómo destruyó Israel el programa atómico de Sadam Husein?

La idea de destruir desde el aire la planta nuclear de Irak se tomó durante la primavera después de que el primer ministro israelí Menahem Beguin supiera por informes del Mossad que en julio comenzaría a funcionar el reactor.

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El ataque se fijó para finales de abril pero hubo que retrasarlo cuando Ezer Weizman, anterior ministro de Defensa, comentó que estaba preparando una operación de enorme riesgo que antecedería a las elecciones. Se trató tan sólo de un retraso temporal, ya que volvió a fijarse fecha para el 10 de mayo. Si esta vez no se llevó a cabo fue porque el dirigente laborista Simon Peres —el eterno aspirante y, a la vez, eterno perdedor en la carrera por ser primer ministro de Israel— envió una nota personal a Beguin manifestándole que debía abandonar el proyecto porque no podía tener éxito y además aislaría internacionalmente a Israel. De manera bastante sensata, Beguin desoyó el consejo de Peres.

El 7 de junio de 1981, a las cuatro de la tarde, dos docenas de aviones F-15 y F-16 de fabricación norteamericana despegaron de Beersheba, Israel. Su misión era destruir desde el aire la planta nuclear iraquí situada en Tuwaiza, a las afueras de Bagdad. Por debajo de la escuadrilla volaba un aparato que parecía un avión comercial de la Aer Lingus, una línea irlandesa que suele alquilar sus aviones a países árabes. En realidad, se trataba de un Boeing 707 israelí destinado al reabastecimiento. La especial agrupación de los aviones y el hecho de que no transmitieran mensajes permitía volar inadvertidos para la aviación iraquí.

A mitad de camino, ya en territorio de Irak, el Boeing 707 los abasteció de combustible y, acto seguido, se separó de la formación emprendiendo un vuelo que le llevaría a cruzar Siria y a aterrizar en Chipre como si se tratara de un aparato que siguiera una ruta comercial corriente. Hasta la frontera con Israel, el Boeing 707 contó con la escolta de dos cazas que se separaron entonces de él para dirigirse a Beersheba.

Los aviones israelíes sabían por informaciones obtenidas previamente que para causar el mayor daño posible debían acertar con sus proyectiles en la cúpula que constituía el núcleo de la planta nuclear. Para acertar en ese punto concreto, resultaba indispensable la colaboración de alguien que emitiera señales con un radiofaro, un aparato de dirección por radio que sirve para guiar. Los israelíes contaban con uno de sus hombres en el exterior emitiendo señales con un radiofaro pero, para mayor seguridad, lograron que el técnico francés Damien Chassepied llevara a cabo la misma tarea. Chassepied formaba parte del programa de colaboración suscrito por Chirac con Sadam Husein pero había sido reclutado por el Mossad.

Sobre las seis y media de la tarde, ya en Irak, los aviones israelíes que habían estado volando casi a nivel del suelo para eludir la acción del radar, se elevaron seiscientos metros. Se trató de un ascenso tan rápido que burló las defensas del radar a la vez que la puesta del sol —situada a sus espaldas— deslumbraba a los iraquíes. Entonces, uno tras otro, los cazas descendieron en picado sobre el objetivo. No puede negarse que obtuvieron un éxito completo. La cúpula que cubría el reactor fue derribada hasta sus cimientos mientras los muros se desplomaban. Asimismo se produjeron daños en otros dos edificios pero lo más importante es que el núcleo del reactor saltó por los aires. De manera que no ha sido suficientemente explicada Damien Chassepied pereció también en la operación al no abandonar a tiempo el lugar. De hecho, fue la única víctima humana.

La reacción de los iraquíes ante el ataque fue ciertamente paupérrima. Totalmente cogidos por sorpresa, acertaron a disparar alguna salva pero ni dispararon los misiles SAM ni tampoco enviaron a su aviación en persecución de los atacantes. Es más que probable que durante un tiempo ignoraran incluso su procedencia dada la situación de guerra con Irán. Por su parte, los aparatos israelíes se dieron a la fuga con enorme rapidez. Así, atravesaron el espacio aéreo de Jordania y llegaron sanos y salvos a Israel tres horas después de su despegue. Concluía así la denominada Operación Babilonia.

Poco antes de las siete de la tarde, el general Rafel Eitan informó del éxito de la misión a Beguin, que esperaba, reunido con todo su gabinete, las noticias. Al parecer, al saber cómo se había desarrollado la expedición, Beguin exclamó “Baruj Ha-Shem!” (Bendito sea Dios). Con todo, es dudoso que supiera hasta qué punto aquel acto había tenido relevancia. No sólo evitó cualquier posible ataque nuclear contra Israel sino también que cuando unos años después Sadam Husein invadió Kuwait se desencadenara una guerra atómica.

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